En mi letargo, una taza de café es un oasis.
No estoy sola. Junto a ellas buscamos una cafetería.
Entre árboles, se esconden unas escaleras y al atravesar una puerta comienzan a figurarse mesas con largos manteles, velas y comensales. Escucho la música de fondo y suaves conversaciones.
Mis acompañantes quedan fascinadas.
Yo no creo que sea lo que busco; sin embargo, después de las aniñadas travesuras nocturnas,
una tacita de café parece ser el mundo entero y este lugar de seguro la tenga.
Camino buscando una mesa libre cuando, de pronto,
las palabras comienzan a dictarse, unas tras otras,
en ese himno que quisiera grabar en tinta y piel,
en oído y caracol,
en juego y beso
pero se me escapa.
Solo recuerdo que existen las semejanzas y que tal vez las pueda conocer y reconocer.
sábado, 29 de julio de 2023
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