lunes, 21 de septiembre de 2020

Oniria al Demonio Azul

 Despierto inundada de esa sensación tan particularmente incómoda y familiar: 
la nostalgia de tu cuerpo, 
el anhelo del reencuentro, 
la utopía realizada en mis sueños. 

 Detrás de mis ojos se esconden:
un océano furioso,
un recuerdo borroso,
y en mi pecho, un incontrolable incendio.

 Me desespero ante tanta brutalidad de mis sentimientos:
el deseo desdichado, a la penitencia del inconsciente.
Mi humanidad me asquea, 
mi piloto automático, me aterra.

¿Dónde habíanse filtrado estas aguas,
que han producido en el cuerpo,
una considerable pérdida en las reservas? 
¿Cuál es el desvergonzado plan del ángel que mezcla las aguas?

¡Qué bronca y qué pereza!
Hay personas que se te clavan en la mirada, 
otras en el alma,
y otras en las letras.

Se intoxican mis venas
ante la penumbra de tu abrazo
y el fulgor de mi acercamiento.


 

sábado, 5 de septiembre de 2020

Lluvia Primera

 Han pasado seis meses.

Seis meses de verano, otoño e invierno. 

Seis meses de silencio. 

...

Regalarse tiempo y espacio, 
cómo la más primitiva muestra de amor incondicional.
Cómo el más esencial secreto, de esos que se guardan, no en una cajita de cristal, 
sino en la carne, 
en los pies,
en las entrañas y en los recuerdos. 

Regalarse intimidad y silencio, para poder vivir,
atravesar,
crecer,
crear y jugar, 
en la hostil humanidad que nos habita desde el llanto primero, que nos da el respirar. 

Regalarse calma y cuidado, porque sin caricias no hay verdad, y sin verdad no hay real sentimiento. 

Regalarse dulces aguas saladas que recorran todo el cuerpo, que se escurran entre la tierra reseca, haciendo rebrotar semillas abandonadas por el miedo. 

Regalarse el alimento más nutritivo 
que ha de ser la lluvia primera, 
después de los meses de sequía... 
La tan ansiada lluvia primera, 
pero sin neurosis, 
sino naciente de la paciencia, 
del gestar paciencia...

Regalarse vida entre tanta muerte. 
Regalarse amor entre tanto miedo. 
Regalarse tiempo entre tan frenética existencia. 

Regalarse, a una misma, un pedacito de nuestra propia alma.

En mi letargo, una taza de café es un oasis. No estoy sola. Junto a ellas buscamos una cafetería. Entre árboles, se esconden unas escaleras ...