Descompongo, frente al agua rancia,
la dureza de mi piel,
la crudeza de mi mirada.
Recompongo, entre la basura acumulada,
la proeza de mis pies,
la prosa de mi alma.
Reconforto, dentre los edificios de papel,
la pureza de mis palabras,
la rudeza de lo que se calla.
Y, aunque el veneno siga consumiéndome por dentro, la belleza continúa figurándose ante mis plegarias.
martes, 22 de marzo de 2022
Camalote
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