En mi letargo, una taza de café es un oasis.
No estoy sola. Junto a ellas buscamos una cafetería.
Entre árboles, se esconden unas escaleras y al atravesar una puerta comienzan a figurarse mesas con largos manteles, velas y comensales. Escucho la música de fondo y suaves conversaciones.
Mis acompañantes quedan fascinadas.
Yo no creo que sea lo que busco; sin embargo, después de las aniñadas travesuras nocturnas,
una tacita de café parece ser el mundo entero y este lugar de seguro la tenga.
Camino buscando una mesa libre cuando, de pronto,
las palabras comienzan a dictarse, unas tras otras,
en ese himno que quisiera grabar en tinta y piel,
en oído y caracol,
en juego y beso
pero se me escapa.
Solo recuerdo que existen las semejanzas y que tal vez las pueda conocer y reconocer.
sábado, 29 de julio de 2023
sábado, 8 de julio de 2023
miércoles, 6 de julio de 2022
viernes, 1 de julio de 2022
Romance
Tómame,
arráncame, cruel e implacable,
de mis sueños;
y al hacerlo,
que sea el trino de las aves espantadas,
la última resistencia que entregue mi inconsciente.
viernes, 17 de junio de 2022
Mi árbol y sus mil albores
Mis pies son pequeños, tal vez unos 7cm menos. Están vestidos, sin patrón aparente, con cintas suaves y brillantes de color celeste.
Aunque se mueve, mis pies no tocan el suelo. En primer plano, bambolean como adormecidos en el aire donde están suspendidos. En segundo plano, el pasto está crecido.
Busco mi mano derecha, también pequeña. La encuentro apoyada en una rama donde ahora comprendo estar sentada. Al tacto, la corteza se siente áspera pero no violenta. Entierro mis dedos, también pequeños, en las sinuosidades y recovecos que marcan el crecimiento de la gran rama. Estiro mi mano hasta sentir el vértigo primero de la pérdida de equilibrio. No es tanto el camino recorrido. Levanto la mirada y veo que, a unos pasos, la gran rama comienza a abrirse en ramas más pequeñas. No veo hojas, pero sí frutos.
Los frutos, los albores, ni grandes ni pequeños, son de color rojo albor y se mueven despacito a un inaudible viento… ¿o con el bamboleo de mis pies pequeños? Los busco… continúan moviéndose como si no fueran parte de mi cuerpo.
Sin pensarlo, miro al frente. En lo lejano, hay un sol naciendo o muriendo al filo del horizonte. Lo rodean algunas nubes livianas. El cielo se ve azul, blanco, dorado… Y entre el sol y mi árbol, se extiende una extraordinaria planicie, un abundante pastizal. Hacia el final, otros árboles.
Busco la copa de mi árbol y lo veo grandioso, aunque con poquitas hojas y muchos frutos. Mi árbol y sus mil albores.
Quisiera probarlos, susurra y recuerdo los albores más cercanos.
Giro ligeramente la mitad de mi cuerpo y acomodo ambas manos en la gran rama. Trasladando mi peso hacia ellas, logro posicionar mis rodillas en la rama con un ligero desplazamiento. Soy ágil. Mis empeines encintados descansan en lo rugoso. Respiro y comienzo a gatear hacia los albores. Hago uno, dos y tres gateos hasta que siento que la rama se dobla un poco. Miro el suelo pero no siento miedo. Estoy tan cerca de ellos… Gateo una vez más y, hacia abajo, extiendo mi mano hasta alcanzar un albor que se desprende con sutileza. Lo atraigo hacia mi otra mano y, de igual manera, gateo en sentido contrario, volviendo a quedar sentada frente al sol.
Sobre mis piernas, reposa el albor en una sintonía perfecta al cuenco formado por mis manos. Parece que éste sí fuera parte de mi cuerpo.
Lo siento suave y fresco. Seguro por el bamboleo.
Lo acerco a mi nariz para olerlo. Huelo a fin de verano.
Lo apoyo en mis labios y lo muerdo. ¡Es suave, sí! Y fresco, dulce y ácido. Qué delicia es el albor.
Sonriente, busco el sol… ahora también es rojo y no sé si estoy saboreando un sol o un albor madurado por bamboleo.
Y mis pies… son pequeños.
martes, 14 de junio de 2022
Hambre
Pienso en comerte y te juro por dios,
con la importancia infantil que le doy a dios,
que voy a saborearte.
I.
Vals.
El violín se compadece de mis oídos y me entrega, sublime, la melodía que tanto adoro.
Te figuras humeante como si no hubiera duda de que te estoy imaginando.
Solo te rodea la oscuridad, sin embargo, tu cuerpo está iluminado.
Busco la fuente de luz y no la encuentro, quizá sean mis ojos, pienso. Te estoy videando, tal vez, con esa misma violencia.
En la lejanía, parecieras estar en un trance. Creo que con la respiración en calma y entrega, como durante un apacible sueño.
Desde las sombras, me acerco lentamente hasta lograr cercanía. A la altura de tu pecho vivo descubro tu piel, deseo tocarte.
No me atrevo, aún, a mirarte a los ojos. Cierro los míos y respiro.
Me concentro en olerte.
Tu aroma es tan profundamente dulce que comienzo a salivar de inmediato.
Aunque mi primer instinto sea abalanzarme con la desesperación de saciar una necesidad elemental o con el hambre de ayer y lo imposible del mañana...
pienso en comerte y te juro por dios,
con la importancia infantil que le doy a dios,
que voy a saborearte.
El violín se enmudece para darle paso al trino del diablo y de pronto, quiero darle sentido a mis sentidos.
Abro mis ojos y noto que tu respiración ha cambiado. Aunque tu semblante es el mismo, tu pecho late con fuerza. Temo de que tu corazón te descarne.
Busco, angustiada, tu mirada. Subo por tu cuello, el que hace unos instantes pensé atacar, hacia tu mandíbula hasta tus ojos.
Tus dulces ojos despiertos... me aterran.
La rebelión se entremezcla tan exquisitamente con la obediencia que me siento morir.
II.
Voy a arrodillarme y no voy a clamar tu perdón.
Desde la ultratumba voy a regocijarme.
El coro de los despreciados me da la bienvenida. Retumba, como si fuera el último mensaje que me será dado: formaré parte.
Dentre los alaridos me reconozco.
Frente al abismo no hay vacilación en mi cuerpo de arrojarme para unirme a las voces.
Una sonrisa siniestra se cuela en mi rostro.
Abro mis brazos para inmolarme en caída libre, no temo que mi corazón me descarne.
Cierro mis ojos, otra vez, y respiro para homenajear a lo efímero. Me concentro en oler.
El olor del amor, o alor te evoca y regreso a tus ojos.
El terror me ataca.
El saberme condescendiente me confunde y en tu cercanía...
um pássaro passageiro
¿Es real porque lo veo o porque escucho sus sueños? Sus sueños inmediatos, al recién despertar... como así también los lejanos.
O quizá por sus frustraciones, sus enojos o sus miedos.
Por lo que dice y lo que calla.
Por su respiración, por sus palabras o por la música.
¿Por las veces que se introduce, sigiloso, en mis pensamientos? ¿Se realza porque lo pienso?
¿Por el lugar que le doy o el que le quiero dar?.
Por intérprete. (¿Qué tan ególatra y egoísta es esta posibilidad?).
¿Es real por precursor?
¿Es real porque lo he sentido o por lo que imagino? ¿Es real porque me lo imagino?
Si tuviera en mi mano un ojo, como alguna vez supe ver,
¿podría verlo al acariciarlo?
Pero verle realmente, aunque la visión se entrometa, indecente, a sus obstáculos (que considero en él y en los demases absolutamente necesarios para la supervivencia).
¿Sería este ojo en mi mano, mayor desilusión que ilusión? (o viceversa; o un vicioso viceverso).
¿Daría igual cualquier pensamiento, cualquier entonación de su nombre y de su credo?.
Al leerme, porque me leeré... ¿lo recordaré al instante o tendré que releerme para encontrarlo?
¿Será más real de lo que -ahora- parece ser?.
Aunque le escriba, le llore, le sueñe (o no).
Aunque le ame o le desprecie, o entrambos.
¿Su vida, si la hay, es mi sueño o solo lo sueño?
¿Es real porque me desvelo o porque me empuja a desvelarme? o quizá por lo que leo...
¡Es real por las aves que quiero regalarle!
lunes, 16 de mayo de 2022
20 minutos en el limbo
La memoria humana-productiva me susurra que debo levantarme aunque no recuerde cómo, aunque solo sienta espasmos en mis piernas. Entonces las busco con la mirada para encontrar la razón, el por qué no puedo pararme.
No me atemoriza lo que veo, mas bien me maravilla la monstruosidad de este cuerpo: mis extremidades son dos extensos cuerpos de serpiente que se enroscan en sí mismos para caber en esta habitación que aún no logro encuadrar.
Las cuerpos reptiles laten y buscan amoldarse en el terreno. Puedo sentir como ciertas partes están adormecidas por el peso que otras partes les producen al aplastarlas, (pienso que esta sensación debe ser de la parte humana).
Me pierdo en mi mente tratando de determinar el color de mis reptimidades. El más cercano podría ser a uno de esos colores imposibles como el verde-rojizo. Noto un gran contraste entre su color y la habitación que se ve puramente blanca.
Subo la mirada para establecer la unión entre la animalidad y la humanidad. Es en la zona del vientre donde sucede la exquisita fusión de mi piel y mis escamas. La primer franja se mimetiza con el color de mi piel. Formando un semicírculo a mi obligo, se desliza un patrón de anillos que se convierte en un laberinto a medida que bajo hacia las colas. Busco el final de alguna de ellas pero no lo encuentro.
La parte superior de mi cuerpo continúa siendo la que conozco. Me recuerdo a Melusina aunque sin sus desgracias.
En este momento me pregunto si formaré parte de alguna exposición dentro de esta habitación blanca. Si habrá alguien, además de mi consciente, observando mi nueva naturaleza.
Giro mi cuerpo quedando de boca al suelo y serpeo cual suerte de híbrida perdida en el tiempo. Me ayudo con mis manos hasta llegar al borde de una pared y, apoyándome en ella, logro elevarme un poco del suelo. Aunque casi gigantes, mis reptimidades están bastante entumecidas y todo este desplazamiento me agota. Rindo mi frente a la pared y la rasguño, tratando de hacer de este acto algo simbólico o revolucionario o revolucionarlo. Y lo logro porque en cuanto mis uñas se entierran en una primer capa de pintura, la pared empieza a desarmarse como si fuera un rompecabezas. Y no solo ésta pared sino todas, lo veo por el rabillo de mi ojo derecho. Es aquí, en este momento, que sé que estoy por despertarme. Pareciera que el escenario que me he inventado está a punto de desaparecer como si algo conspirara para que no me quede en él. Decido dejar de rasguñar la pared y entonces todo se vuelve estático.
La habitación se siente fría y ampliamente vacía. Reina el silencio y la conocida blancura.
Registro la parte inferior de mi cuerpo y ya no tiene reptimidades, sino piernas.
Lo estático se vuelve un repentino y violento movimiento: ahora estoy corriendo, haciendo cuentas y abriendo encomiendas. Todo a la vez y a un ritmo tan acelerado que no se me permite pensar en otra cosa más que en tocar los botones correctos para no perder la cuenta y abrir la caja con cuidado porque "luego me puede servir".
Y de pronto, en esta vorágine hamsteriana, noto una presencia a mis espaldas.
Fantasmagórica pero cálida. Incómoda pero por lejana, no por presente. Confundida, giro dejando una humareda que consume las cuentas y la calculadora, como así también las encomiendas.
Se torna real la presencia.
Frente a mí estás vos, con tu gran semblante, ocupando las cuatro esquinas. Me inquieto ante tu aparición y vuelvo a darte la espalda.
Escucho tus preguntas triviales y me sorprendo porque no suele ser tu forma. Te las contesto de la misma manera a la vez que busco las desaparecidas cuentas.
Te vas alejando, también doy cuenta de esto por el rabillo de mi ojo derecho. Negándome a hacerme consciente de tu escape (escape por sensación onírica) noto la habitación vacía y me urgen unas ganas desesperadas de bailar y así, reacomodarme en este espacio cambiante y pasajero.
Salto, bailo y giro con la fuerza de una quimera. Me mareo y entre los giros, te veo irte despacio, como aguardando... pensando. Cambiando la dirección de tu andar. También espiando. Finalmente, sin dejar de girar, te veo irte por el paso contrario al primer paso pero no volviendo.
Ahora me detengo ante un cambio.
Hay una vieja ventana y por fuera puedo ver que aparece agua. Calma, densa y de un verdoso oscuro pero no turbio, sube y parececiera estar determinada a inundarlo todo. No me inmuto porque sé la emoción que significa esta agua, solo me sorprende el saber su procedencia: es la primer masa de agua artificial que sueño. Lagos, lagunas, embalses, todos me producen una sensación desagradable. Sin embargo ahora, solo me sorprendo, no dejo que la incomodidad me atormente.
Recuerdo tu lejanía y vuelvo a bailar desenfrenadamente. Pienso y siento lo mucho que me hubiera gustado gritarte "Chau!, hasta siempre, buen viaje" o quizás "No te vayas aún, esperame", pero nada logro vociferar, creo que por desconocer qué decir realmente. En este caso, el silencio parece la mejor palabra.
El agua se detiene.
Ahora no tengo garganta, solo piernas embriagadas de movimiento y la cegadora blancura del inminente despertar.
Me aferro, literalmente, a las palabras.
Mientras me invade la necedad de haberte abrazado, las memorizo una por una.
Las repito porque ya salí del limbo y sino, se irán para siempre... y esta vez, quisiera acariciarlas.
sábado, 26 de marzo de 2022
Partirse
En un gastado amanecer, los ojos contrastan, frágiles, con el reino de la arena.
Está expuesta la piadosa lágrima pero nadie se atreve a mirarla aunque ésta se escape, indecorosa y maldita...
Ante el atemorizante desafío, una de las miradas remueve la parasitaria enredadera de Chronos para alcanzar cada oportunidad de mimetizarse. Sutilmente, como si fuese rutina al despertar, las bocas se funden con la piel en un delicioso y suave registro de los niveles de rocío.
¿Cuán poderoso y vital es el deseo?
"La lluvia borrará las promesas y los sueños inútiles", busca interrumpir la paciente sombra.
Más allá del reír y llorar,
del efímero "Había una vez",
del orden y caos,
y las cientos de preguntas...
En el encuentro de los labios, un "Gracias por esta antología" se escapa susurrante.
jueves, 24 de marzo de 2022
El reinado de los muros
Para escucharlos, no le tenían miedo a la oscuridad.
martes, 22 de marzo de 2022
En mi letargo, una taza de café es un oasis. No estoy sola. Junto a ellas buscamos una cafetería. Entre árboles, se esconden unas escaleras ...
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Ví a mi hija, a través de los ojos de la hija de una mujer con ojos de niña. Vi a una madre con ojos de niña, mirar a su...
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De vez en cuando me pongo a cantar y de un salto me animo a sondear Un mar de palabras que solo dan sed, en la madrugada mi canto será un...
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Quiero escabullirme al silencio de la tierra. Donde no hay hambre, engaños ni guerras. Donde no hay canibalismo del espíritu ni corre inoc...