jueves, 14 de noviembre de 2019

Amanezco confundida
¿dormí o jamás desperté?
Tengo frío y eso me confunde aún más.
Doy vueltas e intento dormir, pero la blancura del día atraviesa por las velas del barco y, encegueciéndome, me da la pauta de que hoy no correré la suerte del buen dormir.
Recuerdo la luna llena y le traslado toda la responsabilidad.
Me molesto, cubro mis ojos, y sin tanta intención, revoleo una amatista.
Al escuchar el contacto con el suelo, espero que no se haya partido en pedacitos, aunque al inmediato deja de importarme, porque no puedo dormir... y eso, me quita el sueño.
En esta vorágine, busco un demonio pasado en una canción,
cómo si fuera adicta a todo lo que desvela.
Al escucharla, pienso: "es muy temprano para este rock melanco".
Intento focalizar en las aves, pero en este amanecer parecen estar lejanas. Tal vez ellas también estén confundidas.
No puedo dormir, ya lo he entendido, entonces me decido a levantarme porque quedarme pachorreando se torna incómodo.
Salgo de mi cueva.
Afuera aún no ha salido el sol a calentar las aguas y la tierra, entonces entiendo el frío. Y aunque el norte está despejado celeste motivado, el sur se densifica copando el escenario.
Pongo la pava y ya disfruto por adelantado. En el mientras tanto, divago entre las infinitas posibilidades de dónde tomarme unos mates: afuera, camuflada entre las plantas. Adentro en esa cueva tan mía, o en su entrada que puede jugar de equilibrio entre ambas, porque pues ante todo, opciones varias.
Termino por elegir la cueva, ya que el sol viene y va, y esa inconstancia me enerva. (Al toque pienso que esa inconstancia está sarpada, porque al igual que los días de sol y lluvia, en un momento podemos disfrutar de todas las posibilidades juntas).
Primer mate amargo y el vértigo comienza.
Tomar mate en comunión conmigo misma es como fumar María... Presencia.
Y estando en presencia, justamente, no podemos escapar de nosotrxs mismxs. Y qué rico es escaparse, perderse y olvidarse, y volver para encontrarse y así, así, así. Con mate o sin mate, todxs hacemos lo mismo.
"Las plantas me retornan a mi presencia"...
En mi cueva veo un paisaje típico de  Bolivia. En el teléfono veo el presente de Bolivia. Las imágenes me angustian. Entonces veo mis propias angustias, mis nostalgias y mis dolores. Les doy su espacio pero sin dejar que me carcoman la cabeza. Pero el pecho se oprime, y duele, y siento, siento, siento. Una banda.
"Es muy temprano para este rock melanco", me repito. Casi lloro, pero no quiero robarme mi propia energía. Sí, siento, siento, siento y ya.
Pongo otra pava, parece que la mañana está intensa... y con el agua renovada, esta vez me acerco a la ventana. Ahora sí se escuchan los pájaros.
Se cruza por mi mente la idea de que, tal vez, no hayamos evolucionado de los primates, sino de las aves. Porque somos bastante parecidas... las personas y las aves.
Es el único animal que hace tantos ruidos, y nosotrxs también.
Vuelan, y nosotrxs también.
Estas dos cuestiones me son suficientes para confirmar mi propia teoría evolutiva.
No sé los demáses, pero corazonmente hablando, creo que desciendo de los pájaros.
¿Dormí o jamás desperté?

jueves, 11 de julio de 2019

Siempre siendo joven
hasta para jugar.
Me tomé una exagerada dosis de realidad.
Volví a la descarada edad del sintiempo,
viajé.
Fuí, y me quedé.
Fuí, y me volví.
Ví el pasado
el futuro
y su espíritu espiral.
Me volví vieja
ermitaña
y cascarrabias.
Volví
Tomé otra dosis.
Me hice chiquitita
tanto que cabía perfectamente en el hueco entre mis dedos meñique y anular de mi mano izquierda.
Cuando me encontré, ahí en mi piel,
me arrastre hasta el centro de mi palma.
Me perdí entre las líneas y las leí.
Cerré la mano
y me comí
   otra dosis de mí.
Volví
me reí de la realidad
y volví a jugar.

miércoles, 26 de junio de 2019

Fardo, avena y maíz



La copa de un plátano en forma de canasta, me acuna en el revuelo que me genera haber vuelto.
Con mi cabeza apoyada en la húmeda ventana, cierro mis ojos y huelo Cusco. Despierto asustada, ¿Cómo es, cómo puede ser que huela Cusco? Una extraña mezcla entre aire sagrado y vos.
Voy a dedicarte toda la tinta necesaria para sacarte de mí.
Eterno caminar, querías amor.
La pacha nunca muere y siempre renace.
Y de pronto, el inconfundible perfume de mi bisabuela me invade y pienso... Cuántas rutas perdidas.

Mi insensatez maquinea los míos deseos,
arremolina la energía de mis chakras,
me sopla la oreja,
me enreda el pelo.
Noto entonces cómo me laten los dedos buscando la tuya piel.
Sus marcas y dibujos... 
Tu árbol.
Aparece un recuerdo que creía olvidado, dibujandote tu tierra y tus dedos.
Tus dedos magos y tu brujo árbol.

¿Cómo será ver tus ojos otra vez?
Imagino encuentros casuales: en el subte, en el centro, en el monte y en mi pecho. En una ruta haciendo dedo.
Cómo si el destino tuviera la obligación de rendirse a la insensatez de mis deseos y reencontrarnos sin que hiciéramos demasiado esfuerzo.
De pasada, destinados.

Vagamente te busco y no te hallo.
Demonio Azul, ¿Qué suelo te comió por entero?

El cielo más estrellado, jamás visitado.
Mi única cuenta pendiente es besar tus manos.

martes, 25 de junio de 2019

Atardecer de colores nuevos, dándome paz. 
Nostalgia de amor de antaño, dándome soledad. 

Y así, se le pasa el tiempo

Otra terminal vacía absoluta me cuenta escenas típicas, reencuentros y despedidas. Un amor en particular, triste y pasional, me conmueve hasta mis vidas pasadas, y realizo en cuán difícil es el amor a distancias.

Sumergida en las aves de la ilusión, en las aves que vuelan en contra al viento y tiempo natural, memorizo mi sorpresa ante la conformación de las ciudades.
Tanto suelo y tan pocas miradas sanas.
Van tan rápido.
Van tan lento...

Desenfocadas torcazas copulan irónicamente.
Me despido de mí misma en el ansioso azul oceánico de la noche.
Me beso, me abrazo, me bendigo el retorno.
Me descreo de mi antigua piel, me abrigo del frío invernal.
Me fumo y me lloro con tranquilidad, entonces, me agradezco.
Y de pronto, el oído izquierdo reconoce
el caminar de un lobo viejo.
Despacio pero confiado, me huele.
Se acerca y entrega su cabeza a mis incondicionales caricias.
"Todos somos amor", nos susurro.
En una pitada, el lobo viejo se va.
Yo le veo irse mientras recuerdo lo hermoso que fue verte partir.

domingo, 31 de marzo de 2019

Cuidar tus sueños
proteger tus rutas
Y susurrarle a tus oídos
vos podés

Acariciando tu pelo
ver los brillos de una pollera
y desear vertela puesta.

El barrio entra por una ventana ajena
sosteniendo una copa de vino,
intento que el humo de mi tabaco
no se impregne en tus sábanas.

El fuego no me deja apagarme
Aunque una gota de agua me toque
sin permiso
Miro el cielo buscando lluvia
pero solo encuentro a Marte y al
Imparable
Amanecer.

Me pregunto si seguiré durmiendo hasta el mediodía
agradeciendo verte como lo primero de mi día.

Boto el tabaco hacia el abismo
esperando no generar un incendio.

Un poco ebria
le confío a esta hora en que conviven  pájaros madrugadores
y murciélagos
cuánto es que te admiro.

miércoles, 27 de marzo de 2019

o amor em paz


Comencé por respirar
el puente de su cuello.
Con los ojos cerrados podíamos rendirnos al mareo,
pero mis labios eran guía en este virgen terreno.

Rocé suavemente su hombro derecho 
con mi boca,
a la vez que mis manos acariciaban 
su vientre,
y casi sin tocarnos demasiado,
bailamos el etéreo ritmo 
que solo los esclavos se animan a desarmar
desvalijándose de sus cadenas,
para librarse a la meditación que surge,
sola y únicamente,
de la electricidad conducida por un mar calmo.

Mi mano izquierda alcanzó,
hipnotizada,
su pecho izquierdo…
hasta resignarse en su garganta,
a la vez que mi mano derecha rodeó siempre su vientre
hasta alcanzar su cadera baja.

no se escuchaba más
que el silencio
del incipiente deseo
por socavar
ese portal 
tan vacío de miedos.

entendí que no me alcanzaba con mojarme
con el agua tibia del cielo
hasta que sentí la ofrenda de su saliva en 
mis dedos, mientras sostenía su mandíbula.
y entregándome a sus disimuladas exigencias
acabé
por acariciar sutilmente
su punto de inflexión,
para claudicar en unas últimas palabras:
“no creo que resista amarte aún más como en este momento”

Afuera llovía
y adentro también.

miércoles, 20 de marzo de 2019

Siento como vuelve a aparecer el sol
aún con los ojos cerrados
como si mi cuerpo se abriera
lentamente.
Miro entonces al cielo
y compruebo que el calor no es sólo interno.

En el patio de mi casa
siempre cuando salgo
veo una torcaza, como si nos pusiéramos de acuerdo para vernos.
Nos reconocía hembras a ambas,
y hoy, me regaló fertilidad en abundancia.

Poco a poco
se va reconformando el hogar eterno,
aunque a veces lo estuve perdiendo siempre termino volviendo.

En el silencio, entendí que
quien quiere, aparece
se perdona,
y elige.
Siempre elige.

Dicen que en las horas impares nacen los más infames delirios. 

Una estela
demuestra
trazos pasajeros

A vos
te voy a amar
toda la vida
Pero el día
que no haya mar
vendrá Dios
para aclarar
Que la caída
anida
no más que fallidas rimas
y que el amor
nada tiene que ver
con la falta de voz.

lunes, 18 de marzo de 2019

6

/Estoy tan cansada de escribirte cartas y quemarlas para sentirme libre de vos. ¿A cuántas cartas hechas llamas se deja de sentir?
/No doy una pregunta clara.
Cada vez que te veo me pierdo a la vez que me encuentro.
/Si pudieras leer estas palabras ¿Qué sentirías? Porque al escribirlas puedo sentir como por entera me convierto en un obscuro océano agitado por una tormenta eléctrica.
/Al despedirte, me despedí de ciertas posiblidades. Y este amor tan egoísta que te tengo te hace reaparecer como un embrujo conjurado por un ser demasiado maligno.
/No suelo ser del tipo que ve bendiciones en los respirares.
/Tuve una parálisis. A mi izquierda, una sombra demasiado negra estaba acercándose, no tuve el valor de mirarla. Una voz me dijo que si lo hacía, desaparecería, cómo todos los miedos...
La dureza de mi cuerpo,
el fuego en mis manos,
el latir de mis párpados
y la presión en mi pecho.
/Camino tres cuadras
y me tiemblan las piernas ante la posibilidad de cruzarte.
¿A qué rincón de la tierra debería exiliarme?
/Tengo tus memorias tan presentes como el correr de la tinta en esta carta.
/El miedo inexplicable de tenerte en mi vida.
/Ya no puedo pensar si todo esto es karmático, no soy un ser pragmático y menos simplista. Le ando dando vueltas al aire solo porque puedo.
No sé si es una guerra de egos, o si estoy tan desquiciada como para seguir queriendote.
Ninguna situación fue el límite. Ninguno estableció un límite.
Y ahora que acá estamos, se me hace todo
un torbellino demasiado veloz como para tomar consciencia del siguiente paso.
/Veo a la gente pasar y me pregunto si soy la única, simplemente, porque la intensidad se me hace carne.
/Las 18.36 (9) son las horas de mi muerte. Dejo de ser y aclamo en mis adentros con fervor, que por favor, el tiempo se consuma y así, también mi condena.
/Desde que te amé, cambié tanto.
Cómo si desde esa mirada que me traicionó y te coronó, algo se hubiese activado.
Tengo la certeza de, que quién enamorado, no vuelve a ver la vida de la misma manera, ni nada vuelve a ser lo que era.
Estoy segura porque sino me paso en la primer media hora, no me sucederá aunque dure media hora y un minuto más.
/Miles de kilómetros literales, y aún así, cuando te sentía, indudablemente aparecías.
/Te extraño demasiado...
Quedé devastada.
/Si él es el diablo, yo cometo pecado.
/Estoy tan cansada de estar.
No me sale.
No siento mi poder y mi fuerza.
Soy frágil a tus manos y se rompen todas mis venas.
/Deseé tanto que fueran otras manos la que tú piel acariciaran, y sin embargo, acá estamos... Otra vez, otra carta, y vuelvo a ser la adicta a la morfina de tus abrazos.
/Es tan dulce volver a saborearte.
/Creo que fue la última vez,
no sé
si herí demasiado a tu ego por exigencias que demuestran la persona intolerante y ambiciosa que soy.
Lo quiero todo y ya con vos, y vos
sos lento como el paso del tiempo
durante el sufrimiento.
/Un par de cuerdas cuentan:
Fumar y hacernos el amor con paciencia.
Viajar, embarcarnos en todas las maneras habidas, por haber y las que inventemos.
Acaraciarte en la próxima lunación.
Que me veas entera y brillante.
Sentir la plenitud del espacio...
Una nueva tierra.
De tu mano, una flor selvática en mi pelo.
El amor bailando.
Tengo tantas ganas de reconocerte.
Ver tus ojos al contarte mis sueños.
Y si no, si no sé o si nada...
me gustaría saberlo, para entonces así dejes de invadir mis sueños.
/Te amo tanto que el tiempo no me alcanza para contarlo,
/sin embargo,
el viento de poco se lo va llevando
en otra carta en llamas.

(1).
Podría despedirte mil veces más,
pero no podría darte otra bienvenida,
nos dije.
Y una vez más,
por boca larga e impulsiva,
me salio el tiro por la culata
y te mandé al muere
con una sola palabra.

Pasado. 

miércoles, 27 de febrero de 2019

the lost collective


No escribe quién no quiere.

Tengo una vida, y aparte, mil más.
En una de ellas, soy quien escribo.

En retrospectiva comienzo a dar cuenta sensaciones que, disfrazadas de terrenalidades, me hacían llegar a un orgasmo distinto al conocido, naciendo por el vientre bajo para elegir expandirse hacia todo lo que es llamado universo.

Y pienso…
cuántas camas,
cuántas camas grandes …
y qué tan difícil es llenar esos rincones vacíos,
y más en un colchón eternamente King,
que no conquista más que soledades.

Cuántas camas,
y cuánta gente dividida en diferentes camas.
Cuántas camas demasiado gastadas
por tanto sexo carenciado de espacios propios.

Cuántas camas que no son de colchón,
y cuántos orgasmos susurrados al alba,
permaneciendo, por una fracción de segundo, constantes
convirtiéndose en despertador.

Cuántos asientos de autos
y buses,
cuántos sillones,
mesas,
árboles,
carpas,
duchas y ríos.

Cuántos cuartos usurpados,
y cuántas camas de parado.

Cuántos baños de antro,
teléfonos públicos,
y suaves arenas de verano.

Cuántas camas compartidas y cuánta gente haciendo cama un pedacito de tierra virgen…

y  de repente

Vuelvo a la virtual hoja
y pienso…
cuánta cama hecha de desierto.

martes, 26 de febrero de 2019

EVA

Energías de diciembre,
dulces tardes de verano.
Tu cuerpo
como Paraíso de ordeñe con control,
que te conecta, sobre dos ruedas, con la aventura.

Dejé el corpiño
a tu estilo,
el más avanzado de Latinoamérica.
Lista, igual que vos.

Es hora de dar lo mejor para vos.
De elegir dónde dormir.
De proteger tu piel,
tu boca roja.
Si te va bien, nos va bien...

Cuidando nuestras orquídeas, estamos revolucionando los limites para aprender.
Estamos de fiesta.

¿Qué esperar cuando esperamos?

Un viaje al corazón de Brasil devela una revolución.
Uniendo a los amantes, fusionamos nuestro rosa furor, sin límites.

¿Realmente lo querés?
¿Va con tus ganas?
Apagá la fábrica de malestar.
Calmá el dolor todos los días conmigo, a un precio secreto, algo íntimo...
Por un año de luz, una taza de placer.

No pares de moverte libre, rápida y profunda.
Soltá tu costado más vulnerable y salvaje.
Creá hogar y sentite al volante.
Armá tu viaje como quieras.
¿Necesitás mar y palmeras?
Disfrutalo con la misma intensidad todos los dias.

Y me meto en mi mundo:
"Ojalá que llueva cápsulas de secreción rubí.
Lo natural... Listo para tomar".

Se termina el flash en movimiento espasmódico que te hacía falta,
y siento que te alegra el corazón,
en la dosis justa.

Vos, brillás.
La pureza del aire en tu piel,
la fiesta perfecta,
el buen descanso.
- ¿Por qué vas a brindar?
- ¡Salven las mujeres!.

Pasé una navidad más fuerte que el sol.
Un abrazo da más calor que cualquier vestido azul.

alegria não tem fim.

La evolución en zona verde



Paraíso
en profundidad natural,
en la tierra de Nunca Jamás:
placer de buena madera,
cumbre en las arenas más agrestes. ⠀

Todo el tiempo del mundo,
esperando en la hierba, la más rica tradición: un festejo bajo el sol de otro tiempo. ⠀

Iguales a nadie,
de punta en blanco,
bajamos aún más.
Límites amplios...,
pesadillas. ⠀

...¿A la fuerza?
De golpe, soy mucha mujer.

[Neurosis
madrugadoras con vencimiento]

Ven hombre sensible,
hacelo fácil,
ahorra energía,
da más amor... ⠀⠀
/Amor animal/
Tener sexo, vida
24/7.

Quiero ganar, lo que no le contás a nadie. ⠀

martes, 19 de febrero de 2019


Si escribo lo que siento…
¿Dejaré de sentir lo que escribo?

Creo que un poco se va yendo
a medida que avanza este verso.

jueves, 14 de febrero de 2019

poder


 Me desperté, suave y repentinamente, en esa madrugada a punto del claro de amanecer con una sensación de angustia en mi pecho que aún me oprime al respirar y genera confusión en las sinuosas vías de mis sesos.

 La oscuridad del cuarto era considerable (por las cortinas cerradas) y a la vez que mis ojos súbitamente abrieron, sonó un trueno exorbitantemente terrenal que puso en jaque mi espina dorsal, y mi equilibrio por entero se perdió.
 En el mareo, con mí mirada, solo pude enfocar un pequeño punto lumínico de color naranja en la pared que aumentó de tamaño conforme la dilatación de mi pupila derecha, y en el desconcierto del momento, creí que en llamas estaba el cuarto ardiendo.
De nuevo me hallo en los infiernos y, aún no sé bien por qué, pero sé que le temo a esta lluvia y estoy sola.
Una alarmante llamada entró en mi teléfono, viajando kilómetros en el tiempo, para advertirme que en otra dimensión esta misma tormenta había inundado quintas y huertas.  Como cuando repentinamente te despertas a vos mismo, después de haberte quedado dormido, y el día comienza a suceder demasiado alterado, me levanté en un rayo para no dejar que el agua entrase (en la casa) y conforme caminaba con la torpeza de no sentir mis piernas, decidí por mantener mi ritmo y avanzar por el espacio levitando.
Durante todo ese lapso todavía no sabía si acá ya llovía, así que con teléfono y voz del otro lado, abrí una puerta e instantáneamente mis pies se mojaron. El agua comenzaba por bajar de los cielos y la intensidad estaba dentro mío, y yo era, como ese tope con el que cada gota, por más ínfima que parezca, puede ser la siguiente que colme el vaso generando un tsunami tan abrasador como la sensación del cuarto en llamas. “La destrucción es relativa” dije, y corté la llamada.
Luego de unas vueltas, volví a una cama que parecía ser demasiado grande para mi cuerpo, y la sensación de la soledad se volvió aún más infinitamente extensa que el colchón al que me había rendido.

Comencé por abrir una nueva hoja en blanco, con lo que ello subjetivamente en mí conlleva, y el siguiente trueno sonó, dejándome totalmente absorta y paralizada.
No fue un trueno normal, nada de lo que sucedía lo era o al menos así se sintió. En ese momento, creo haber podido sentir como retumbaban las raíces de la tierra, en tres lapsos de tiempo trueno, dónde terminé por viajar hacia atrás, en la noche anterior, donde al caminar por el pasto cristalizado de pesticidas, también sentí cómo retumbaba la tierra, y cómo por todo mi cuerpo esa sensación se extendió.
Entonces, mi corazón se detuvo y el tiempo también,
yo misma giré mi escenario como un cubo.
Y solamente presentí que algo, ajeno a lo actual, iba a suceder.
Esto era el verdadero ojo de la tormenta, y yo no podría negarlo nunca más.
No me gustan las lluvias mañaneras y menos cuando me siento tan pequeña e indefensa. Tampoco me gusta sentir la falta del abrazo que me calmaba aunque afuera lloviera.
En mi soledad, otra vez me entrego al llanto por cansancio.
Afuera llueve y adentro también, y no sé bien dónde se inundará primero.
Gusanos salen de mí y hacia la derecha me sigo inclinando, perdiendo la percepción del suelo.
Entonces,
entre náuseas,
comprendo que ahora no es soledad,
sino intimidad.
Y yo soy poderosamente íntima. 


miércoles, 6 de febrero de 2019

lunes, 4 de febrero de 2019

Nocturnas II

Suelo cerrar los ojos
para imaginarme danzando
de la forma que nunca dance
mientras suena alguna melodía
que en el piano alguna vez toqué,
pero que hoy, olvidé.

Miles de mundos apartes se presentan a la vez conforme mi mirada se mueve por el espacio, y solo quisiera rendirme a mis sueños, donde no existe la preocupación y mi acción, es notablemente más rápida que cuando despierta me encuentro.

Cuánto quisiera rendirme...

Y sin embargo, aborrezco el dejar abandonarse.
Una y otra vez, decido
subirme a esta montaña rusa que me revuelve el estómago a la vez que hace cosquillear mi vientre bajo.
Cuánto quisiera que nada de esto fuera tan convincente como para permitirme caer en lo más bajo aunque sepa que de nada sirve.

La presión se hace de espasmos en mi ojo izquierdo para continuar con una sensación que hasta hoy día no puedo explicar y
aún intento: en la base de mi cabeza
en la cima de mi cuello
surge un choque electromagnético
que me paraliza
completamente
por el lapso de tiempo más ínfimo que pude experimentar desde que existo.
No me sucede seguido, solo cuando no doy más.

Mi cuerpo se anda rindiendo a mis emociones, como si de una guerra se tratase, y mi mente queda atrapada en el medio, en boca de todos... y ambos bandos, mi cuerpo y mis emociones, continuamente se andan atacando.

Y yo sólo quiero sanar y no me sale.

Solo parezco empeorar.
Mientras padezco
de la mas exquisita soltura ante la vida.
Todo pasa y nada se queda, y ya no viéndolo como embrujo, me queda
solo verlo como mi bendición.

Veo irse la vida
y cómo quisiera que se quede
pero cómo le agradezco que se vaya
porque ya no puedo aguantar tibiezas.

¿Cuándo se irá de mí el parásito en mi clavícula?
Me va devorando hasta hacerme sentir que me quedo sin dedos.
¿Cuándo dejará de dolerme la navaja en mi omóplato?
Me va desangrando hasta hacerme sentir que me quedo sin aire.

¿Cuándo dejará de escupir aguas saladas este cuerpo?

lunes, 28 de enero de 2019

Dicen

Me han dicho que
fui concebida con intención
de apego y retención,
así que hoy
empiezo a darme cuenta de mi naturaleza.

Soy el nombre duplicado y la vida perdida.
Soy a quien llaman para ganar un concurso que les da vergüenza.

Soy la que en los primeros años de vida
se convirtió en nostalgia
para dejar de ser y hacer,
para convertirse
en observadora y nada más.

Soy esas ganas enfermizas de que te quedes un rato más, aunque yo no te quiera a mi lado ni vos te quieras quedar.

Soy una de las tantas posibilidades
que no tenía que haber sido.
Soy esa mala suerte que maldigo cuando digo: "eso que nunca pasa, me pasa a mí".

Soy como este pasto que ahora tengo enfrente,
que parece brillar,
pero en realidad es decoloración producto de la acidez
del meo de una perra menstruante.

Soy lo picante de un budín
que se suponía debía de ser dulce.
Soy la falta de las ganas por vivir
y el desinterés por morir.

Soy la enfermedad de mis progenitores
y la frustración de mis antecesores.
La piel reseca y la marca en la tierra
ante la desaparición de un limonero.

Soy los secretos más turbios y mejor guardados y lo inconstante por el cambio climático.

Soy el desorden continuo y los continuos revoques de pared
de una casa que se cae a pedazos.

Soy un desastre
caminante
y silencioso,
que oscila entre perderse de vista
o ser el calor más abombante
resultado de un sol demasiado brillante.

Soy un animal abandonado
que nunca jamas debía de haber sido adoptado.

El arrepentimiento ante mi presencia...
El lujo de los ricos que se sienten bien regalando limosna.

Soy el perdón del cura
ante las vergüenzas que absorbe un confesionario,
al que nunca volví
ni volveré.
Soy este motor de mierda que no deja de sonar pero es necesario.

Y aun así, sin poder dejar de ser
dejo de ser
y muero en este atardecer,
sabiendo que no moriré más que en este instante,
no hoy ni mañana,
Aunque lo desee desde mis entrañas.
Porque a pesar de todo mi sangre sigue siendo objeto de deseo de todos, hasta para aquellos que todos consideran "malditos",
porque tengo una fuerza inmensa
que hasta a veces me pesa más de lo que me libera,
porque mi capacidad de observar la realidad tiene más magia que los sueños que me invaden en esta habitación del recuerdo.


Nocturnas

(I)

Un mundo
(a)parte
(a)fuera
de mí.

Yo soy como
ese borde frágil
de una hoja
de papel que,
ante un brutal descuido,
te corta, fríamente, la piel
y te desangra al instante.


El viento me dijo que
este es
el ojo de la tormenta.
Y yo soy como un pájaro que nunca vio
la luz.
Nunca salí de la jaula porque no me sabía prisionera.
(No sé entonces por qué
creo conocer las tormentas y sus ojos).

...

Yo soy esa estrella
que al dibujarla
se convierte en telaraña
y te atrapa con su luz incandescente
hasta que te percates
de lo pegajoso
de tu encierro.

Porque en realidad
soy más de lo mismo.
Todo es igual (o fractal)
depende de cómo quieras decirlo.

...

No es fácil ser nostalgia
pero alguien debe de ser.

No es tan fácil ser creación.
Las gentes extrañas
te clavan la mirada queriéndote
penetrar profundamente.
¿Hacia dónde?
¿¿¿Hasta dónde queres llegar???

...

A tus pies
yo planto
cactus.
Delimito de la manera más engañosa
mis propios límites, porque en realidad sucede, que no me gusta limitarme.

Intento no dejar de ser
en el intento del amarse.
Vuelvo a mí cuando puedo volver
a escuchar
lo que dice el viento.

Vuelvo a mí cuando sudo
porque este fuego interno me ebullece.

...

Una noche
vi cómo la luna
fue un pequeño lunar
de indicio,
de inicios de ceguera,
en una gran pupila dilatada que es el cielo.
Y en la madrugada, lloró,
y los mares fueron de sangre.

Ahora me encuentro espejandome
en quién deseo.
Que el disfrute se olvide de los miedos.
¿Y a quién deseo?
Porque les veo y me derrito,
ahora la marea está dentro mío.

Pero no puedo dejar de hablar mal
de mí,
Y no quiero entregarme a la facilidad
de la esclavitud, porque es solo una ilusión de felicidad
Ni perderme por contentar a los demás.
Pero que fácil es hacerlo...

viernes, 28 de diciembre de 2018

Magia


La creación, en sí misma, comienza aún mucho antes de lo que podemos concebir como el comienzo.  No existe desde la primera palabra que da inicio a la historia, ni siquiera desde la primera letra. Tampoco de la visualización de la idea, previa, a la acción de crear.
La creación, en sí misma, comienza en el instante en que los ojos se cierran para abstraerse de este mundo y una emoción en particular invade el cuerpo del creador. Es la implosión divina que moviliza absolutamente todo lo que creemos, como dar vuelta la rueda de la fortuna o la regeneración de las células, y muy probablemente, no demos cuenta de la relación entre ese instante y la acción, hasta que surge la primera letra de la primera palabra que da inicio a la historia. Y es atemporal, la creación y la emoción del escritor y del lector, porque no termina, aunque hayas llegado al punto final.
O al menos, es lo que me sucedió a mí con ella.

martes, 18 de diciembre de 2018

Solía pensarme alejada al mundo hasta que decidí comenzar a caminarlo.
Ahora tengo ansias de un volcán.
Verá, es que tengo muy buen apetito.
Me veo, a pie de él, en espera de ese subidón de energía para avanzar.
Creo que yo soy un volcán.
y cuando encuentre mi voz,
cantaré plegarias en tu nombre.
Te demando que me escribas,
ahora, que estas leyendo.
Porque yo soy débil,
y como siempre, no me atrevo.

Conjuros



Durante las madrugadas dónde los silencios son música, nacen los seres que no aguantan el ritmo de vida de los días. Podes reconocerlos como aquellos que a la luz del sol vagan hipnotizados observando una realidad que, tal vez, mucho no entienden, pero en la oscuridad de la noche son.
Difícil que los conozcas, en cambio, si no los ves en esas horas.
Son los verdaderos vampiros, robots, zombies que encarnan vida.
Jamás conocí a uno de ellos, que durante el día, sean. Supongo que es una cuestión de energía.
Yo, particularmente, admiro las horas en que los demáses descansan. Han de ser para mí, mis horas de cumplimiento.
Puedo verlos en pinturas o escritos, en música o delirios. En teorías o en angustias, en epifanías o en versos sencillos. Contienen en lo que crean, la lucidez de haber vivido y muerto, sin haber nunca desaparecido.

Me di cuenta que era parte de esa tribu cuando siendo adolescente solo podía estudiar en esas horas. Encontraba allí, el resguardo de que el tiempo no exista. Creo que siempre busqué esa sensación de la atemporalidad.
El tiempo lineal me asusta, me cuesta entenderlo y vivirlo. Supongo que será porque jamás lo realmente vívido lo he vislumbrado en la linealidad. Creo que soy más del tipo espiral. El mareo de las vueltas me hace sentir el desequilibrio y eso, demasiado me gusta. Digo demasiado, porque ante el voltereo surgen las náuseas.
Un poco que lo que me desestabiliza me atrae. Será que siempre fue todo así alrededor y no puedo salir, del todo, de esa vorágine.

Usualmente, suelo imaginarme en otras épocas. Qué sería de mí en estas circunstancias pero en otra época, me mueve de eje, es como un pensamiento que viene, lo veo, y se va.
En algún momento, deseaba haber nacido en otro tiempo. Comencé a creer que en realidad, si tanto resonaba con eso es porque ya lo había vivido y luego de esos pensamientos, creí fervientemente en la reencarnación. Habiendo leído tanto sobre ellos, comencé a buscar memorias de otras vidas, o de esta vida que haya seleccionado olvidar. Buscaba en eso alguna pista, alguna respuesta. Habiéndolas encontrado, me aburrieron. Deje de encontrarle el sentido. Aunque, aún, usualmente, suelo imaginarme en otras épocas.

Ahora, solo me percato que a mi corta edad, fumo demasiado.
Escribo demasiado.
Y es lo que me invita a vivir.
En los últimos meses he pensado que podría morir. No porque desee hacerlo, sino porque podría.
Mirar hacia adelante, hacer planes, imaginar lo que deseo e ir por ello... tampoco le encuentro sentido. Quizá podría verse como depresión o apología al suicidio, pero no, no es la cuestión. Es solo aburrimiento. No podría suicidarme porque me excita vivir. Me excita sentir el cuerpo. Me gusta conocer lo que no había conocido, y me gusta adentrarme en lo poco que he conocido. No podría cometer tal crimen hacia mí misma. Además considero haber muerto en varias ocasiones y, en verdad, no le he encontrado mucho gusto. Es placentero sí… pero no como para, conscientemente, de alguna manera, elegirlo.

A veces me miro en el espejo para ver mis ojos. Para ver cómo se ven mis ojos desde afuera.
A veces he practicado miradas de engaño, para que quién me vea no me encuentre.
Me pregunto qué verán de mí desde afuera. Qué imagen les regalo, qué personalidad guardan en su archivo de conocimiento.
Me pregunto si alguien, en este mundo, considera conocerme.
Me pregunto si yo puedo hacerlo, cuando siento que hay tanto en lo que no soy. Cuando hay tanto en lo que no me atrevo a ser.

Sin embargo, le agradezco con mi alma a los que son.


De la grandeza hacia la sutileza.


A quién en esta fría madrugada me ande leyendo, le dedico la próxima pieza.


No sé cómo he logrado llegar a este punto de intensidad en mi vida.
Intento recordar en qué momento hubo un click, un desbloqueo, un trauma o un beso, que me haya arrastrado hacia este valle de desconcierto.

Siento que no puedo dejar de sentir...

... y cuánto antojo de ello tengo.



Existen tantas angustias que ya ni sé como debo llorarlas. 
A veces creo que de pronto despareceré 
simplemente me esfumaré
y reapareceré siendo una pequeña gota de agua
en el más vasto y oscuro océano
seré desde la superficie
para luego sumergirme a ese fondo inconcebible
dónde ningún ser humano se ha atrevido a adentrarse
dónde ningún ser humano sabe qué hay allá
y entonces,
no deberé de llorar, 
porque ya seré el llanto de la tierra. 

Otra hoja en blanco delante de mí,
aún más tinta emana de la yema de mis dedos,
otra oportunidad para expresar,
tanto qué decir...
pero
no saber cómo hacerlo.

Hemos convertido del mundo
un lugar demasiado hostil para las palabras
tanto es así
que a veces no me animo a escribirlas, 
mucho menos decirlas.

Me he convertido en la propia cobardía,
disfrazada de ironía,
escondiendo miedos en la garganta.

Escribir por escribir,
crear por crear.
Hacer por hacer no tiene sentido,
a menos que hagas arte.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Hacer poesía de la depresión
es como aguantar suicidarse.
Puedo hacer una obra maestra
entre hojas recicladas
lo único que necesito es un poco de protesta
y muchas ganas de que las máscaras se caigan.

Con mentiras, a otro lado
la poesía no tiene tiempo para halagos ni engaños.

Cuando quieras te presto mi lapicera
a ver si de tanta mierda podes rescatar un poco de belleza.

sábado, 15 de diciembre de 2018

Los rinocerontes me persiguen
me arrastran a su locura
y yo me dejo arrastrar
no a sus engaños y mentiras
eso no lo acepto aunque me obliguen.

yo no se que hacer
su cuernos son mas fuertes que mis huesos
y su piel también.

la estampida me acelera el corazón
y yo estoy entre
entregarme a la muerte siendo aplastada
o a oponerme con firmeza
ante el ultimo segundo
en que sus cuernos me atraviesan.

despertar será mi única salida,
pero es que los veo hasta despierta...

un sol y un barco
el horizonte cortado
lo incompleto e innecesario
un cerrojo extraño
y una llave perdida

Un desbloqueo más

Sabía que tenía que volver, de algún modo sin saber sabiendo.
Han pasado lo que creo que fueron unas tres semanas y aún no lo tengo claro, de hecho me siento más confundida que nunca.
En el micro de vuelta a la ciudad describí esa misma sensación y también que la claridad llegaría en algún momento, y luego de su siempre aguardada llegada, miraría hacia el comienzo de la confusión y lo entendería, así sin más. Pero ahora, estoy en esa etapa que me quita el sueño, en la que ni siquiera mi letra es clara, sino todo lo contrario.
Estoy a punto de dar un manotazo de ahogado como excusa a mi falta de valentía, escondiéndome una vez más en habladurías que suenan a encantos, y no sé si quiera hacerlo de esa manera pero tampoco sé si si me animo a tanto.
Creo que todavía no procesé una parte de mi vida que significó demasiado.
Ahora solo concibo vivir a flor de piel y eso, acá, me está ahogando.
Me siento como hace algunos años atrás dónde todos (hasta yo misma) buscaban que elija cómo, dónde y cuándo.

Estando sola, alejada de los allegados, me refugiaba en la libertad que me producía la escasez del tiempo lineal pero ahora, cada minuto significa un presagio de suerte mala.
He intentado preguntarle a mi mente cuál sería su próximo paso, como me aconsejaron, pero solo he logrado su silencio por un mísero rato.
Cuando me quedo sin recursos del tipo humanos acudo a la escritura, implorando que los versos se acaben cuando esté realmente lista para terminarlos. Busco aliados entre asquerosos intentos de  sonetos y palabras desconocidas, entre el tabaco y el llanto, pero a veces la angustia y la desesperación me oprimen demasiado y acabo por quedarme a mitad del recorrido, como otras tantas veces me ha pasado.

Acá las voces no se callan, parece que todos tuvieran la respuesta adecuada, pero ninguno de ellos estuvo ni cerca de lo que viví al elegir el camino extraño que elegí. No pueden imaginarse qué se siente aunque con fuerza lo intenten, y yo no se los pido ni los culpo, solo quisiera que asimilaran el valor de la intriga y el desencanto a la firmeza del cómo, dónde y cuándo.

En mis mil soledades solía entonces entregarme al placer de la incertidumbre, pero ahora rodeada de emociones conocidas, la incertidumbre me parece una inevitable condena a muerte, donde el tribunal del mundo de abajo no permitió la merecida defensa de todo ser que se aferra a la experiencia de la vida con esa adrenalínica energía que produce la esperanza ante la posibilidad de ser lanzada a las garras de los muertos que hambrientos aguardan. Y ante la impresión de conocer al tribunal, que hasta acá se había mantenido entre las sombras salvo por sus insoportables silencios, se develan sus rostros y mis ojos se queman, desgraciadamente, sin incinerarse. Y ahí me veo en el centro de un círculo donde me rodean quienes me sentencian sin carecer de juicios nefastos, y todos, son una representación de mí misma, en diferentes edades de esa vida a la que, en un principio, me quería aferrar y ahora, como siempre pero más que nunca, dudo.

Desde que he llegado no he podido mirar a los ojos a nadie.
Me han dicho que he creado un muro tan alto que ni volando lograré traspasarlo. Por necesidad o miedo, supongo que la existencia de ese muro ha de ser verdadera, pero no sé si realmente deseo derribarlo.
Soy un desastre.
Quisiera exiliarme al gustoso silencio que regala la paz de los instantes perfectos.
Desde que he llegado he escapado de las miradas, temo que si me atrevo a verlos rompa en llanto, y en este punto, me siento exhausta.
Quisiera descansar hasta que elija volver a despertar.
Tantos mambos no resueltos y no cantados...

Me desespera una vez más mi elección de esta travesía del desgarro de las burdas fantasías que nos han presentado como realidad. Y ya no puedo abstraerme del mundo de los extraños aunque con firmeza lo proyecte.
Me enferma aún más no verte que mirarte, y con todos mi esfuerzos anhelo que este nudo en mi pecho, se disuelva.



14-12-2018
Pilar, Bs.As.
Argentina. 

jueves, 6 de diciembre de 2018

A mi yo sin tiempo

Te veo
escaparte de mí una vez más,
por eso te lo recuerdo en cada esquina aunque aún no lo escriba.

Vuelo y salto en mis sueños, y me masturbo para luego despertar ansiando acabar... Y hacerlo.

Soy de odiarte en mis adentros
y amarte en mis infiernos.

De quererte
arrancar de mí
aunque se desgarre mi piel y nunca jamás vuelva a sanar.
Quererte
fuera de mí
aunque me queden cicatrices, pero
¡Fuera de mí!

Si tan solo fuera posible borrarte y que dejaras de existir en todas mis memorias...
Dejar de ser tan intensamente pasional que al recordarme contigo, me prenda fuego y
ceniza se vuelva mi cuerpo.
Si tan solo fuera posible poder congelar mi alma y mis recuerdos...

Nadie nos advierte que el precio a sentir es equivalente a nunca dejar de hacerlo. 

Muero en cada maldito instante en que te veo
sonriendo.

Quisiera rebobinar o viajar en el tiempo, decirle a mi yo del pasado que no hace falta desprenderse de lo eterno y
que no se aferre a la finitura de unos besos.
Que las sensaciones quedan para siempre para luego convertirse en mutantes de lo que alguna vez fueron.
Que aunque me hunda en los vicios seguiré siendo esclava de tus lamentos.
Que de nada servía amarte si no me ponía primero...
Que los finales nunca acaban, porque después de ellos, viene el verdadero y frío encierro.
Que el dolor no es pasajero sino placentero.
Que después de todo no veré otros ojos.
Que tendré tanta ira y tanto enojo que el dolor de cabeza será crónico.
Que no podría deshacerme de la poesía y la depresión, ni separarlas, ni elegir entre ellas.
Que moriré en cada verso solo por deleite.

Me diría tantas verdades a mi yo del pasado que me quedaría sin habla...
Pero si de todas, tuviera que elegir una sola para decirme (decirte)
advertiría que en verdad,
el tiempo no existe.

Terrenalidades 1

El poder de mis ojos de ver mas allá
aunque te quieras ocultar
aunque digan que el futuro no se puede adivinar.

El placer de una birome que se mueva y descargue con fluidez sobre una pulcra hoja de algún anotador de turno.

Sentir una canción, como dice mi abuela.

Conocer una nueva palabra.
Aprender otra forma de decir las cosas.

Ser consciente de la velocidad a la que me muevo en el tiempo y espacio cuando viajo en bondi por la autopista.

Escaparme y seducir miradas extrañas.

Decirte en silencio lo que siento.

Chasquear los dedos tres veces luego de estornudar, para que no vuelva a entrar.

Tener un ritual fijo.
La sangre probar y a la luna admirar,
a la distancia y en casa, a la vez.

Derrochar el espacio pero nunca el tiempo aunque nada esté haciendo.

Entregarme a los procesos creativos con gusto a pucho y madrugada.

En mi letargo, una taza de café es un oasis. No estoy sola. Junto a ellas buscamos una cafetería. Entre árboles, se esconden unas escaleras ...