domingo, 28 de junio de 2020

36:00 / 39:29

Blanco y Negro

De las barricadas al ánima,
de las engorrosas búsquedas internas por un gramo de inspiración,
implora vida.
Alumbra, a medias, un platillo de incómodas luces hospitalarias.
Los sesos tiemblan, la mirada se desvela como perdida en un lenguaje tan extraño...
implora vida.
Resuena en el aire invernal, las cuerdas de cientos de guitarras en una sola. De cientos de personas, en una sola.
Implora vida.
Sombras circulares se espejan en la madera curtida y brillante. ¿Dé que árbol, se ha hecho esta casa?
Se lo imagina, a tientas, entre las informaciones codificadas por saberes mundanos.
Implora vida.
¿Será ésta, la soledad madrugadora, la única verdad? La magnificente verdad...
¿Cuál es la incesante necedad de ser reconocida, vista, realmente vista, aunque sea solo por un pequeño escape de la realidad?
Música del sin tiempo, ¿Por cuántos rincones se te ha buscado?
¿Dónde se esconde, cobarde, tu descendencia? Aquella capaz de reescribir la historia pisoteada por los aún más cobardes...
Implora vida.

La carne danza sola, si se le permite. De sí, se origina un destello de luz entre la densa oscuridad, cómo un cúmulo de lejanas estrellas, suaves, cálidas, vivas en sí mismas.
No existe cultura, aún, que pinte colores, que delimite técnica, a esa independiente danza.

Fríos humanos han buscado insaciable mente al ánima.
¿Cómo es su forma?
¿Dónde se aloja?
¿Cómo se ve?
Ella danza
e implora nada más que vida.

La danza de la tierra,
del mundo,
es el ánima viva.

"Manténgase secreta", susurra un cobarde.
"Que solo los benévolos puedan encontrarla", adhiere otro...
Hablan desde el miedo, con razón, con recelo...

El ánima carece de miedo.
Confía en la vida.

lunes, 15 de junio de 2020

Regeneración de un ave dormida

¿Cómo son tus alas ahora? 
¿Quizá aún aguardan, latentes, bajo tu piel?
¿O acaso son frescas, esplendorosas y cuidadas? 
¿Han brotado, una por una, las plumas que, en conjunto, te permitirán el grandioso vuelo?.

Yo me las he arrancado...
como lo hacen las aves grandes.

En lo alto de la montaña,
me aislé en la cueva más inóspita y oscura que encontré.
Lloré por adelantado mi muerte desolada, pues sabía que vendría.
No hubo ángeles, ni demonios, ni juicio. Tampoco redención, siquiera esperanza.

Una noche, el cielo que hasta entonces había sido calmo y silencioso, comenzó a condensarse.
Gigantes nubarrones contenían en su interior, la furia de las estrellas.
Vibraba entonces la tierra al recibir la electricidad, y retumbaba en la piedra de la cueva como si la tormenta hubiera nacido ahí mismo. Tal vez así lo era...

Cayó la primer gota de agua y entonces lo supe: La Muerte se estaba anunciando.
No hubo trompetas, ni carruajes, no llegó cual reina.
Cerré los ojos, entregada al encuentro, respiré, y los abrí.

El terror me paralizó y el universo desapareció.
Lo único que podía percibir era lo gélido de la cueva, y el vacío infinito de sus ojos.
La Muerte no era un esqueleto, ni tenía hoz, ni túnica. Tampoco era una sombra amorfa, sino todo lo contrario.
Frente a mis ojos, estaba yo misma. Con la carne viva pero con la mirada muerta. No tenía boca, ni orejas. Tampoco sueños ni sentimientos.
Solo la condenante certeza de saberme muerta, en ella y eventualmente, ante ella.
Pues el tiempo es una construcción extraña... porque al verla, pude reconocerme en el pasado, pude entender que sería el futuro y que, con claridad, estaba siendo esa reunión, el presente.
¿Qué es entonces la vida, sino más que un conjunto de ciclos, del que buscamos ordenarlo linealmente? Por más absurdo que suene ese orden...
¿Cuántas veces había muerto antes de este fatal encuentro?
La Muerte se encargó de mostrarme cada una de ellas.

El terror se transformó en la nada misma, pues al verme como La Muerte, al reconocerme como tal, no existía nada más en este mundo que pudiera ser tan horripilante y conocido como esa imagen. Y tampoco podía escaparme...

Nos miramos, ella y yo, durante algún tiempo.
Una parte desesperada, aferrada a la vida.
La otra parte inmutable, desconcertantemente tranquila.
No era esto una guerra, sino el desafío del espejo.

El silencio se transformó en el lenguaje. En mi interior fuí recibiendo las consignas. Primero, golpearía contra las piedras mi pico, hasta que se caiga por completo. Luego, arrancaría mis uñas y mis plumas. Y al finalizar todo el proceso, se develaria mi supervivencia.
No pataleé ni lloré. Siquiera pregunté por qué debía de cumplir con esas tareas tan salvajes.

Comencé por mi pico. A cada golpe, retumbaba en mi mente cada palabra asesina que había vociferado. A cada golpe, un grito de mi corazón herido por las palabras de mis hermanxs. Me golpeé contra la milenaria piedra hasta que hube por completo perdido mi pico.
En el tiempo que tardó en regenerarse, pude meditar sobre la comunicación entre todos los seres que habitan los océanos, los cielos y la tierra.

Con mi pico nuevo, continúe por arrancarme las uñas. La curvatura y fragilidad que habían adquirido me habían vuelto inútil. Todas las presas que había conseguido, me habían alimentado, pero ahora no tenía nada.
En el tiempo que tardaron en salirme las uñas, pude meditar sobre las ilusorias conquistas y el apego parasitário que se retroalimenta.

Lo próximo sería arrancarme las plumas, y hasta entonces, no había puesto oposición al proceso. No quería limpiarme de mis plumas. Me habían llevado por tan magníficos lugares, me habían dado calma en los aires...
Entonces La Muerte, que me había acompañado con su invariable comportamiento, desapareció.
Y ahí quedé yo, mitad muerta, mitad viva.
Mis plumas, viejas y pesadas, aún seguían dándome abrigo. Y tenía mis recuerdos, mis más bonitos recuerdos de libertad. Ya no me importaba morir, mucho menos vivir, pues ya había vivido... mis memorias lo demostraban. Desde lo alto, aún podía seguir viendo el hermoso valle que era mi hogar.
Aferrada a mis alas, cada vez más débil, comencé a delirar. Me estaba dejando morir, y entonces me percaté de que estaba sola, absolutamente sola. Ni siquiera La Muerte se había quedado, yo misma me había abandonado...
Con mis últimos alientos, estiré mis brazos y observé mis enormes plumas. Aún no había muerto, y ya me había desligado de mis palabras y mis garras, no podía morir así, cobarde, ante el engaño de los residuos de libertad. Entonces arranque mis plumas, hasta que mi piel quedó llena de agujeros.
Creí  que moriría de frío, que nunca volvería a volar, ni a sentir la frescura del agua, ni el calor del sol.
En sueños, rememoraba mi vuelo, mis danzas con el viento.

Un día, al despertar, noté las incipientes plumas nuevas. Esparcí sobre mi piel palabras de aliento. Reí suave, con la gratitud de recibir el nuevo día. Entonces, en el fondo de mi mente, se coló una sensación conocida.

La Muerte decía: "Bienvenida".



A las aves grandes, el proceso completo les lleva unos cinco meses. Yo voy por el décimo. Aún no he vuelto a volar.
Aún...

lunes, 8 de junio de 2020

Quiero escabullirme al silencio de la tierra.
Donde no hay hambre, engaños ni guerras.
Donde no hay canibalismo del espíritu ni corre inocente sangre por ordenanzas siniestras.
Donde ningún ser vale por encima de otro, donde el conjunto equilibra la existencia.
Donde el bien y el mal no lo decreta nadie.
Donde la ética y la moral nunca hayan surgido,
que de lo que llaman salvajismo, aprenda que es naturaleza.
Donde los que no tienen depredadores, no se abusan, porque vivir en lo alto implica alimentarse de carroña. O ser grande, rápido y fuerte, implica soledad, caminatas largas y cazar con exito solo una vez por semana, con suerte.
Donde sobrevivir y perpetuar la especie, sea por mandato divino pero sobre todo terrenal, porque cada una de las semillas tienen una misión especial.
Donde, desde los más pequeños hasta los gigantes, desde los casi imperceptibles hasta los conocidos, tienen un objetivo en común, y solo uno: ser.
Y ser no conlleva establecer la supremacía del propio ser. Sino simplemente ser, aunque unos se coman a otros, aunque unos parasiten a otros, que al final se respira el mismo aire y se bebe el mismo río, que eventualmente se unirá al océano.
Que el orden (y la cadena) no es más que un ciclo, que un círculo, que una espiral.
Ningún animal se nutre de los de su misma especie, y si en algún caso lo hacen, es por la causa mayor. Todos los espíritus reconocen su chispa en el fuego universal...

La humanidad me duele, por eso quisiera transformarme en el crujir de las ramas o en una semilla esparcida por la brisa. Pero no me ha tocado, y percibo mi chispa, la siento en lo profundo de mi corazón.
No puedo, consciente o inconscientemente, separarme de la especie. (Al menos no por un largo rato).
Entonces observo. Me confundo, me enojo, me pierdo.
Entonces observo, y creo creer, que la naturaleza del ser humana es el asombro.
La capacidad mental, la razón, es como sostener el cuchillo del lado del filo. Quizás aquello que las grandes mentes han establecido como la evolución ante las otras especies, solo sea nuestra propia fosa. ¿Quién no se ha acribillado a si mismo con sus pensamientos?. Quizás solo sea nuestra propia condena y por ende, nuestro más fatal desafío, por el que como animales no animales hemos de luchar por sobrevivir...
La oportunidad de observar, y solo observar, nos ha comenzado a asfixiar por dentro.
El observar y entender, nos ha dado ideas. Y las ideas, acciones.
¿De dónde nace la idea de que, realmente, podemos conquistar?
Dudo de que una hormiga no tenga consciencia de si misma y del todo que la rodea, es más creo que lo comprende aún mejor que yo misma... Pero la hormiga, supongo, no debe estar queriendo transformarse en humana o en piedra.
Detrás del ser está el ansiado saber que solo aparece cuando no existe el deseo de saber, porque es el deseo el que nubla el corazón.
Mi corazón late, mi útero late. La tierra también.

Asombrarse no es de ilusos. Las experiencias más maravillosas que he vivido han sido gracias a la naturaleza. Amo infinitamente comprender mi tamaño y mi tiempo ante la observación de toda manifestación de la tierra.
La experiencia más cercana a ésta ha sido ver a los ojos a otrx ser humanx.
El asombro es como el silencio de la tierra, siempre estará sonando algo, un aleteo, un viento, una vibración... el único silencio entonces, es el de la mente, que encuentra su verdadero espacio. Y del asombro, nacerá la creación en sí misma. Que la humanidad deje su huella tranquila: Es el arte quien perpetuará, no la especie, sino la vida.
El asombro no significa para mí griterío, ni sustos. Sino ese repentino aire que infla el pecho y que se expande ante lo observado, haciéndose uno.
El asombro es esa chispa del fuego universal, que nos libera de la incandescencia de las llamas conjuntas, a través del aire, hacia la negrura de la noche. Es salirse de las sombras que, apabullantes, nos rodean pero no nos encierran.
Es vital reconectar con la tierra. Observar ya no para sobrevivir, siquiera para vivir (y mucho menos dominar) sino para ser con el ciclo evolutivo natural.

viernes, 5 de junio de 2020

Nací en luna llena

Bajo mi luna, el mundo se divide en siete trenzas.
Cae el pelo,
las lágrimas
y las penas de una, y solo una, de todas las experiencias humanas sobre esta tierra.
Fluyen los ríos, y fluye la sangre mientras que las semillas se entierran aguardando su lugar, sus nutrientes y su recompensa.

Ay... ¿qué serán de estos tiempos tan absurdos?
¿Qué serán de todos los sueños?
¿Tú ya has abandonado los tuyos?

Yo les he puesto en pausa, se los regalo al futuro, como sea que tenga que venir...
Porque eventualmente, ha de venir.
Y mientras tanto, sangro.
Limpio.
Y respiro
este sol de otoño, esta luna casi llena.

°°°

Tres días después,
ahora eclipsando,
sueño con las espinas clavadas.
La piel se muestra limpia, cicatrizada
pero aún sé los puntos exactos dónde se clavaron, una memoria extraña.
Y sé cuánto dolió, cuánto sangró.
Aún sigo sangrando, gracias a la Diosa.

Tres días de sangre.
Una loba bella rodea mi casa,
un gato negro duerme en mi techo.
Mis sábanas son rojas, no temo traspasarlas. Al contrario, me enrosco en ellas.
Dejando de buscar un abrazo protector en medio del frío,
me abrazo,
me beso,
me hago el amor.

Le susurro a mi dedo índice un conjuro.
Recorro mi cuerpa entera con mi dedo, y en aquellos puntos dónde las espinas se han clavado por siempre
freno,
acaricio,
dibujando una espiral me protejo
y continúo.

Al eclipse me suelto con confianza,
con alegría.
Mis guerras son solo mías y mi paz también.
Cuán poco sabemos de las guerras ajenas. ¡Cuán poco!
Ojalá me recuerde esa premisa constantemente...
Por mí y por todxs.

Gracias.

domingo, 10 de mayo de 2020

Yo quiero a mi lado una persona que quiera salir de viaje de vez en cuando,
más de vez que de en cuando...
que disfrute de amaneceres lentos, largos, en silencio
de atardeceres vibrantes y mágicos, de esos que a cada segundo van cambiando.

Una persona que le regale poesías al instante, al viento, al beso
de esas que no hace falta escribirlas
por qué así son
únicas, sinceras, vivas.

Que por telepatía
se ponga una pava
con solo percibir el momento del día.
Que al aprontarle un mate
amargo y con espumita
No se me ría cuando le que cuente que mi abuela decía
que cuando la yerba así se ponía, es porque iba a llover...
que no me lo discuta, ni busque fuentes, que entienda la dulzura
del boca en boca.

Que no se asuste cuando chasquee los dedos,
cuando le pida permiso al fuego
y cuando le susurre rezos a un yuyo.
Cuando le cante humos a la casita o desaparezca al segundo día de mi lunita.
Que haga sus propios rituales y sus magias cotidianas. Que tenga secretitos de cocina y no me los diga, para que sigan siendo suyos y de los suyos...
que desvelemos a la luna llena con nuestras charlas, recuerdos y deseos.

Que cuando me ponga a bailar, baile conmigo
si así lo quiere...
O que baile consigo, y nos podamos sonreír con los ojos
y reír a carcajadas
de inventar un nuevo mundo solo con nuestras danzas.

Que cuando se meta en lo profundo de su ser
se abrace
se mime
y se ame.
Y cuando no pueda
que llore y patalee si hace falta,
que se vacíe por completo, que no sienta nada
para volver a sentir la esencia, la calma del alma, el sabor a casa.
Que sepa que aquí le espero con el corazón latiendo y los brazos abiertos.

Una persona que me cuente cuentos que su propia mente creó
y que no me hable de libros
y mucho menos de Don Juan
a menos que me haga un paralelismo con una vivencia, una emoción, un sueño o una visión.

Que me pueda hablar, cara a cara
corazón a corazón
ego a ego
alma a alma.
Que no se nos entremezclen...
pero que pueda hablarme.
Que me hable con amor, así le puedo entender...
y cuando no, que se banque mi ego dolido, mi niña interna pinchada, o la erupción volcánica de mis palabras. Que me conozca tanto, que sepa que no soy solo eso.
Que soy también el abrazo,
las caricias.
Que soy el perdón y el error, que estamos aprendiendo, que nadie nos enseñó a amar...
Que nadie nos enseñó a amarnos, y aún así, acá estamos
desbordandonos de todo
y qué abundancia más sagrada...
de silencios y respiraciones,
de escalofríos calientes
de imantaciones inexplicables
de besos conocidos, reencontrados
de lenguajes propios, inaudibles e inentendibles para quien se atreva a espiar
de cuerpos siendo cuerpos, cuerpas, canales
a un plano desconocido, a un universo infinito, inexplorado.
de amor haciéndose amor.

Yo quiero a mi lado una persona que quiera caminar conmigo, que no me lleve por delante, ni me tire para atrás.
Que si es necesario frenar, frenemos.
Que si es preciso abrir caminos, abrirlos.
Que si tenemos miedo, tengamos aún más amor.

Una persona que quiera, pero no del poseer, sino de afilar la voluntad, y de entender que el camino, como dicen por ahí, solo se hace al andar.

martes, 18 de febrero de 2020

Los misterios del fuego



¿Será este camino, el principal karma?
¿Levantar la antorcha para iluminar el fuego de sus cuerpos anímicos?

Cualquier reto es, de inmediato, resistir.
Es eliminar Las Tres Montañas: hábitos mecánicos, preconceptos y prejuicios.
Nada menos...

A cada edad corresponde una revolución, pues en el fondo, cuando uno trabaja por convertirse en un templo, la lucha sexual juega un gran papel.

Aquel que nos mira,
descubre que la libertad se integra, se fusiona con la guerra.
El sentimiento rancio y torpe reacciona violentamente, apropiándose de sus principios.

Debemos empezar por, sencillamente, estudiarnos en el pensar.
Muy hondo, muy profundo...
Debemos llegar a sentir, de verdad.
Adquirir un poquito de deleite al ponernos en contacto con el aire.
A crear, a dar nobleza sobre la faz de la tierra.
(Vale la magia)

Mimarte... desenvuelta, despierta
es desembotellar una fracción del alma humana.

Y si nos abrimos, estamos vivos.

miércoles, 12 de febrero de 2020

Ciempiés

Ya no tengo mis pies de ciudad. Los dejé en alguna plataforma de la estación de ómnibus de Retiro, entre la 21 y la 52, si no flasheo. De esto ya han pasado, sorpresivamente, dos años, dos meses y siete días. Aunque me parecen más, como toda una vida.
Los dejé en buen estado, caminados por mucho terreno de la gran city. Mucho cemento y en toda mí gran posibilidad, mucho pasto. Pues mucho también busqué esos espacios.
En parte, han caminado bastante por inercia y por mandato, pero se bicicletearon bastante más por amor y libertad.
Los nuevos pies que en ese momento tuve el placer de estrenar, se viajaron hasta las sierras que desde los 11 años sentí como hogar, aunque no lo hubiera recordado por destino o casualidad hasta los 17 años. Entonces, con mis 21 recién cumplidos fue el mejor regalo que me pude dar. Duraderos y curtidos, se caminaron éstas sierras y muchas más.
Montes frondosos con apariencia de secos, más latentes de tanta vida. Tierras rojas de arcillas madres e hijas.
Absorbieron las memorias de cementerios indígenas. Nieves inesperadas entre rosales a la vera de un enorme lago oceánico. Ciudades colonizadoras de territorios sagrados y ancestrales. Bosques de eucaliptos. Rutas de maíz y ríos verdes cristalinos. Malecones fríos, grises y con un sol inverso. Villas calentitas con aroma a comida casera con el alma de mí abuela. Selvas calurosas, densas y bendecidas con árboles de coca silvestres. Barros, muchísimos barros.
Se han lavado en ríos alucinantes y en mares hasta entonces desconocidos.
Y han hecho el mismo camino, de vuelta hacia la ciudad. Han intentado caminar por esos lares pero de alguna u otra manera, los recuerdos del movimiento continuo hacían demasiada presencia. No eran los mismos pies citadinos, no podía pedirles que se acostumbraran a otra naturaleza. Y aunque doy fé que así lo hice, no pude contenerlos y aquí estamos nuevamente en las mismas sierras.
Ahora mis pies, mis pies... Tienen marcas. Se lastiman solo cuando me debo poner zapatos, literalmente. Tienen otra piel que asegura que si una espina intrusa tiene ganas de hacerse parte de mí cuero, no podrá entrar lo suficiente.
Tengo garras y pelos, solo para hacer de mí camino más sincero.
Andan desnudos la mayoría del tiempo, (salvo cuando mí luna baja, para que mí útero no sé enfríe) sintiendo el suelo. La humedad, el pasto o el yuyo, el camino de las hormigas, las piedras calientes, el agua cristalina, las danzas y sus epifanías. La tierra fresquita después de lo llovido. Las vibraciones...

No sé que hubiera pasado de mí sino hubiera dejado mis viejos pies en la terminal y tampoco es importante. Mis pies de ahora me pueden llevar a dónde sea que lo sienta, mientras lo sienta. Gracias.

Locamente me imagino una terminal de pieses. 
De ciempiéses. 
De sí, de que empieces
De siempreses.
De siembreses.
Ja! 

miércoles, 29 de enero de 2020

Tai Pichin

"Es impagable", pensé esta mañana mientras desayunaba.
Despertarme con la tormenta vibrando la tierra  y volverme a dormir mientras escuchaba cómo caía cada vez más agua.
Entre la vigilia y el sueño, le pedí a los cielos que se lloviera la vida, que a la pacha le viene bien.
Qué en el monte de enfrente hubo un incendio, que le haga un mimo.
Que le dé tiempo a la tierra para absorber, que ayer las higueras estaban pachuchas.
Que se quede, que acá el agua es siempre bienvenida. Que pase, se ponga cómoda. El mate estará más que contento con su llegada.
Hubiera podido quedarme todo el día en ese estado de consciencia intermedio, pero agradecí haberme levantado en el segundo en que salí y respiré monte llovido. Aire puro. Aguas claras.
Mate, lluvia y monte. Viento, silencio, un relinche.
Al sureste, trueno. Al noroeste, clareo.
Tengo la imagen grabada de cómo acá, el cielo gira... Las lluvias pasan, pero a veces no entran.
Y luego dudo si es sureste y noroeste... Porque acá, para mí, las direcciones siempre se dieron vuelta. Todo lo que no era, es. Todo lo que era, ya no lo es tanto. Pasa también que acá la tierra es muy fértil. Las gentes se sienten libres, se vayan o queden, estén un día o toda su vida. Acá se siente que se puede, y si no se puede, se suelta y suceden inmediatamente giros direccionales.
Acá siempre vuelvo. A veces más, a veces menos. Como las lluvias.

jueves, 16 de enero de 2020

Run Run

Vieja alma paga los platos rotos,
letargo inhóspito, enmudecido.
Los soles carcomen mentalidades enroscadas.
Las lunas se adueñan de sueños vacíos.
Robótica carne en movimiento, sonrisas de contrariedad.
Los ojos nunca (nunca) mienten. Se escapan, se velan, pero no engañan. (no pueden).
Esfuerzo en pos del merecimiento,
esperanzas en súplicas al
entardecer oceánico, cansado, mezclado y confundido. Calmo, rendido, suave, presente.
Ideales burdos, bruscos, brutos, brunos.
Parasitosis nostálgica.
Sororidad inexistente, detestada. Falsa.
Desconocimiento de causa, de efecto.
Incertidumbre. (La de la vela en el entierro).
Miedos jueces, iracundos y fecundos.
Fáciles de escuchar. Pues gritan, aconsejan, analizan, adormecen, adornan, debaten, deciden, convencen, proyectan, exteriorizan, murmuran, se infiltran.
Parasitosis nerviosa.
Las horas, esclavizan.
Los compromisos, mantienen y valoran las palabras pero también encierran impulsos.
Las imágenes, asquean.
Las energías, se mezclan.
Las letras, saquean... Minutos.
El cansancio se empodera, se apodera, y la fortaleza (la fuerza de la sutileza) preponderante, prohíbe penas.
Las machaca, las machuca, las chamusca. Las exprime hasta la última gota de flujo blanquecino cayendo sobre las flores del amor, de la relajación, del aroma corazón, del cogollo naciente en la frente.
La Sábila, merma, alivia. La piel enrojecida le suspira, le susurra: "bruja divina". Se entrega entonces (la piel) al cuidado primero, único, verdadero.
El corazón nomás sigue latiendo.
La mente, agotada, se libera.
El espíritu le muestra que ya no es necesario hacer. Pues se es. A la ligera, en quinta o en primera se avanza. Se abalanza la careta, "por el bien común"... el ego se bufa, se burla, se prende. Entra en erupción por dos larguísimos segundos. Se pincha como un globo. ¿Y la careta? ¿Qué es la careta? ¿O es la careta esa, la cara de la tolerancia, de la paciencia?. Del amor. ¿Y los límites? ¿Lo incondicional, existe?.
El ventilador bosteza. Se aburre pero entiende. Es un tipo considerado.
La consideración flaquea.
Aquí todos saben, pero nadie habla. En lo común, en lo social, en el día a día, ninguno se anima. Todos simulan paz. Y está todo mal, está podrido, con resaca. Las palabras ebrias sacan de quicio a las limitaciones del tiempo, del espacio, de los medios. De los segundos previos al abrazo, enroscado, de gusano, de adn, de más allá de todo.
Lo "real"... molesta. Pero se acepta. Se mira cara a cara, o mejor... Ojo a ojo. Y después de mirar, se ve. Y después de ver...

jueves, 26 de diciembre de 2019

Ser extractivista

He concluido que no existen reparaciones para los impactos ambientales. Solo nos queda apostar a un cambio radical de paradigma social. Esto implica la más grande revolución nunca antes vivida. La re-evolución del ser extractivista.
Habiendo nacido en tierras abonadas con penas de exiliados, condenados y tiranos, el surgimiento de una voz por generaciones sectorizada a los estratos más acallados y la fatigada inocencia de la tolerancia, comienzan por inundar el universo fuera de un vaso hace años ya colmado.
Gotas gordas de sangre se filtran desde el húmedo y pantanal suelo hasta el reverdecido monte, expandiéndose a través de los pasos felinos, interrumpidos, obstinados de quién se entrega a un camino donde el futuro, presente y pasado son lo mismo... a menos que surja en cada conciencia una incómoda pregunta: "¿Esto es un sueño?".



lunes, 9 de diciembre de 2019

7


Ahora soy
la melodía proveniente de un sitar
entremezclándose con inentendibles letras de un alfabeto extraño.
Se fue de mi cuerpo la abducción de la masa corporal,
soy todo lo que tengo en este mundo de caminantes...
ciempiés humanos acelerados,
extravagantes y disonantes insectos.
Respeto hacia los mayores androides
que han sido construidos con el mero fin de dejarnos aquí buscando,
nada mas que buscando la misericordia de algún dios inexistente.
¿Qué nos ha pasado que de pronto, tan de repente, nos alejamos del líquido principal que es nuestro propio alimento? ¿Qué hemos estado haciendo?
Después de tantas guerras, hemos vuelto hacia el inicio de la era
y ahora
solo queda dejarse llevar por lo que algunos llaman sensorialidad.
Quizás, después de tantos agigantados pasos errados,
nos regalemos un deseo:
sentir imparcialidad.

Desgaste emocional,
tantos dichos no dichos,
tantas verdades ocultas a la mayoría.
Solo es una espina en la espina dorsal del planeta.
Dame un poco de agua, un respiro de la existencia.
¿Dónde están las letras? ¿¿¿Dónde???

Se mira por dentro para encontrar un poco de paz,
se mira por fuera para hallar verdad.
Reconocer los encuentros,
ver a través de los miedos.
Perdonar es divino ante toda humanidad, perdonar es divino.
Kilómetros aislados, cuando en realidad
estaba todo acá, en mis manos.

Vuelvo a mi humanidad,
a mis palabras con pensamiento,
y entre tanto, tanto, tanto desvelo,
paz.
Para sobrevivir.
Fue durante el atravesar un período interminable de nerviosismo y ansiedad, un sismo en soledad, donde la experiencia humana se encontró con las letras. Se torna entendible, entonces, su necesaria creación.
Vivimos en un mundo de locos porque todas las personas lo están. La locura, nuestra leprosa presencia eterna, se encuentra apartada y desdichada en algún rincón inhóspito de nuestra realidad. O así la quieren encontrar, o así la quieren disipar. Con sutiles, casi imperceptibles engaños, todos los días nos quieren convencer que la locura es sólo de unos pocos miserables humanos de los que hay que apartarse o experimentar, cuando en verdad, habita en todo aquel que respira su propio aire contaminado.

Sentí en mi pecho un golpe tan seco como mis labios suelen estar, resquebrajado, ahogado por la carencia de agua, y en un acto paradójico comencé a llorar . Olvidé respirar y me fui quedando ciega ante todo lo supuestamente tangible a mi alrededor. Lo primero que hice fue escribir algún contenido que vagamente recuerdo. El episodio prosiguió en los siguientes accionares: me teletransporté al piso superior. Sumergí mis manos bajo el perseverante correr del agua de grifo hasta rendirme al sostén de mis rodillas, mojé mis labios, cara, cuello, hombros y coronilla. Armé un tabaco. Me teletransporté al piso inferior mientras recitaba, primero colores y luego animales. Salí a la galería, intenté sentir el aire y no pude. Prendí el tabaco y lo apagué. Sentí la necesidad de tierra, me acosté en el pasto frescamente cortado mientras miraba la creciente luna. Acaricié mi panza y sentí como la tierra me sostenía, me dije mentalmente que la tierra siempre me sostendría, me imaginé siendo absorbida por ella. Me levanté aún más inquieta ante la confirmación de que nada de todo esto servía para atraer calma al alma. Me senté, cerré los ojos y me recordé respirar. Inhalo profundo, retengo 1 segundo, exhalo profundo. Y así, hasta 5, hasta sentir los latidos del corazón. Usualmente comienzo a notarlo en el segundo número 3. Abrí los ojos, y con mi voz me dije: "No sos tu ansiedad". Y poco a poco, la calma al alma fue surgiendo. 

Las secuelas continúan haciéndose cuerpo y mente hasta esta y las siguientes palabras. Por eso son creadas, para sobrevivir. Soy totalmente consciente de cuál disparo fue el causante de la locura: la vacilación sobre qué fue real. "¿Esto es un sueño?"... ¿Lo que mi corazón sintió fue real? ¿Mis experiencias, mis viajes, mis compartires? ¿Las personas? ¿Esa columna es real? Está ahí, la puedo tocar, ¿pero es real?. Ninguna de estas preguntas hallaron respuestas.

En base a mis vivencias, puedo creer (así como también dudar) que toda locura nace de la sensibilidad.
Todo desquiciado es un revolucionario, porque pone en jaque toda la estructura que lo sostiene. Todo aquel que no acepta su propia realidad, primero ideologicamente y luego a través de sus elecciones y movimientos, es un ser revolucionario. Aquel que acepta, aquel que se resigna, se convierte paulatinamente en un pequeño engranaje de esta máquina del tiempo lineal que es nuestra propia destrucción.
Solo el arte es real, y es el lenguaje de los locos. Son las horas madrugadoras, las líneas serpenteantes, las armas cargadas de óleos. Las palabras censuradas y las obras no valoradas.
La música es entonces, el canal más perfecto para toda creación. Todo loco artista tiene en su interior, corazonmente hablando, una melodía que hace de médium... tan única y personal como su obra finalizada. Y aquel ser musical, es quién nos llevará hacia el paraíso terrenal. El corazón habla de ritmos, las manos tienen memoria, los pies son los liberadores del movimiento. Por eso bailar es sumamente importante. Para sobrevivir.
Por eso el arte es tan importante: para sobrevivir a este mundo de locos.

martes, 26 de noviembre de 2019

414

Dame agua, tierra
dame aire, fuego
Dame silencio, ruta
dame calor, frío

Dame todo lo que no quieres darme, que solo quiero lo que no puedes dar, y entonces
solo así
nos podemos amar.

Incoherente reflexión
dame, dame, dame todo.
Quiero siempre más.

Quiero que me des todo lo que no me estés dispuesto a dar. Justo eso, y nada más.

Carente pesar,
vibra la lluvia,
y titilan (cómo estrellas) los grillos.

Empapame de sacrificios,
lameme la resequedad.

Bebe de mi sangre,
atragantate con mi piel.

Ríndete a mis cantos,
implora por más.
Sumérgete en los rincones de mi existir.

Ódiame mucho, tanto como es posible solo por amarme mucho más.

Respirame cerca, con aliento de deseo.
Llorame con fuerza de resignación.

Pídele a Lucifer nunca haberme conocido, y agradecele a Dios por haberte desterrado del Paraíso.

Cuéntame la historia real,
vuelve el tiempo hacia adelante.

Defiendete cuando aparezca en tus sueños,
despabilate bajo la lluvia.

¿Sientes la vibración de los rayos?
¿O le estoy pidiendo magia a un ser humano?

jueves, 14 de noviembre de 2019

• Camino para fundirme en el alba
y a la luna entregarme en calma
Suelo adentrarme sin complejos
en esa transición de astros viajeros.
Miro hacia arriba buscando rimas,
aparece un águila que derriba
todos los inventos de este ego viejo,
y con su volar me invita a volar de nuevo.

A volar, vamos a volar de nuevo
A volar, vamos a volar de nuevo

• Somos el resultado del equilibrio
que nos da el sentirnos vivos,
esos instantes de peligro
que nos anima a gritar: 'yo sigo'
caminando en esta tierra,
nunca dejaré de dejar mis huellas
en cada paso dejo mi vida,
y en cada letra (mueren) mis expectativas.

• En un mundo de caligrafías
solo quiero hacer mi letra chueca,
sólo intento que mi estadía,
sea un poco menos perfecta.
Como los senderos en el monte,
la posibilidades son infinitas
Lo único que te debilita
es creer que solo existe entrada y salida.

• Hacia adentro
quiero escabullirme cuando me pierdo,
y cara a cara ver al reflejo
que me devuelve el afuera incompleto.
Incesante
es la necesidad de volverme errante
al estereotipo de humano amante
que se entrega sin primero amarse.

• El aprendizaje no es lineal,
y para aprender mucho tuve que fallar
Y perder para poder ganar
Lo que te aseguro que es de verdad
Libertad! Para ser,
sea lo que sea que quieras ser,
pero te advierto que para ser
primero deberás dejar de hacer...

• lo que te dijeron que era correcto,
no existe bueno o malo solo supuestos
según la ilusion de los maestros
que admiramos y son solo espectros.
vete con lo puesto a viajar
dejando lo conocido atrás
La sabiduría te va a encontrar
en dónde nunca te atreviste a mirar te

• En esta rola de inspiración
me enrosco sin un gramo de razón,
el movimiento es mi pasión
y el arte encuentro mi corazón.
Voy a cantarte un secreto y si podés escucharlo podés comprenderlo:
la única y real razón
Es que la energía es creación,

• dónde focalices será tu decisión
Y to lo que se presente tu elección
como las águilas sobrevolando
todo en esa vida hacia arriba va girando
Vamos a volar, a volar de nuevo,
Si te fijas bien todo esto es un juego
Yo me voy a ir volando a la vez que elijo seguir caminando


A volar, vamos a volar de nuevo
A volar, vamos a volar de nuevo.
En los retazos de una lluvia fina
se revela una nívea ninfa
Y en los retardos de sus pasos
me encanta con sus mudos cantos.

El aire del suelo se levanta
y con él un aroma a santa
madre tierra pacha mama
Negra y blanca es la plegaria

De los humanos infectados
por el veneno de un sueño malo
Acumular sin saber hasta cuándo me llenaré...

de vacío.
Un par de mimos se escabulleron entre tanta piel
y en ese nuevo terreno poco sabían qué hacer

El respirar se convirtió en su guía espiritual
y el latido del corazón les regaló su voz:

Sube y baja, más rápido y más lento
baja y sube, más despacito te siento

Con sus caritas negras y blancas dibujaron el encuentro
Y luego de un par de intentos conocieron el color

El calor les advirtió: "no se pierdan en la ilusión,
en el contacto está Dios
y en los extremos el adiós".

Sube y baja, más rápido y más lento
baja y sube, más despacito te siento

Tan suceptibles al misterio
estos mimos se atrevieron
a perderse en sí mismos
y olvidarse del tiempo.

"Envolveme en tu mano
acariciame lento",
Le dijo uno a el otro
y en un abrazo se fundieron

Sube y baja, más rápido y más lento
baja y sube, más despacito te siento
Amanezco confundida
¿dormí o jamás desperté?
Tengo frío y eso me confunde aún más.
Doy vueltas e intento dormir, pero la blancura del día atraviesa por las velas del barco y, encegueciéndome, me da la pauta de que hoy no correré la suerte del buen dormir.
Recuerdo la luna llena y le traslado toda la responsabilidad.
Me molesto, cubro mis ojos, y sin tanta intención, revoleo una amatista.
Al escuchar el contacto con el suelo, espero que no se haya partido en pedacitos, aunque al inmediato deja de importarme, porque no puedo dormir... y eso, me quita el sueño.
En esta vorágine, busco un demonio pasado en una canción,
cómo si fuera adicta a todo lo que desvela.
Al escucharla, pienso: "es muy temprano para este rock melanco".
Intento focalizar en las aves, pero en este amanecer parecen estar lejanas. Tal vez ellas también estén confundidas.
No puedo dormir, ya lo he entendido, entonces me decido a levantarme porque quedarme pachorreando se torna incómodo.
Salgo de mi cueva.
Afuera aún no ha salido el sol a calentar las aguas y la tierra, entonces entiendo el frío. Y aunque el norte está despejado celeste motivado, el sur se densifica copando el escenario.
Pongo la pava y ya disfruto por adelantado. En el mientras tanto, divago entre las infinitas posibilidades de dónde tomarme unos mates: afuera, camuflada entre las plantas. Adentro en esa cueva tan mía, o en su entrada que puede jugar de equilibrio entre ambas, porque pues ante todo, opciones varias.
Termino por elegir la cueva, ya que el sol viene y va, y esa inconstancia me enerva. (Al toque pienso que esa inconstancia está sarpada, porque al igual que los días de sol y lluvia, en un momento podemos disfrutar de todas las posibilidades juntas).
Primer mate amargo y el vértigo comienza.
Tomar mate en comunión conmigo misma es como fumar María... Presencia.
Y estando en presencia, justamente, no podemos escapar de nosotrxs mismxs. Y qué rico es escaparse, perderse y olvidarse, y volver para encontrarse y así, así, así. Con mate o sin mate, todxs hacemos lo mismo.
"Las plantas me retornan a mi presencia"...
En mi cueva veo un paisaje típico de  Bolivia. En el teléfono veo el presente de Bolivia. Las imágenes me angustian. Entonces veo mis propias angustias, mis nostalgias y mis dolores. Les doy su espacio pero sin dejar que me carcoman la cabeza. Pero el pecho se oprime, y duele, y siento, siento, siento. Una banda.
"Es muy temprano para este rock melanco", me repito. Casi lloro, pero no quiero robarme mi propia energía. Sí, siento, siento, siento y ya.
Pongo otra pava, parece que la mañana está intensa... y con el agua renovada, esta vez me acerco a la ventana. Ahora sí se escuchan los pájaros.
Se cruza por mi mente la idea de que, tal vez, no hayamos evolucionado de los primates, sino de las aves. Porque somos bastante parecidas... las personas y las aves.
Es el único animal que hace tantos ruidos, y nosotrxs también.
Vuelan, y nosotrxs también.
Estas dos cuestiones me son suficientes para confirmar mi propia teoría evolutiva.
No sé los demáses, pero corazonmente hablando, creo que desciendo de los pájaros.
¿Dormí o jamás desperté?

jueves, 11 de julio de 2019

Siempre siendo joven
hasta para jugar.
Me tomé una exagerada dosis de realidad.
Volví a la descarada edad del sintiempo,
viajé.
Fuí, y me quedé.
Fuí, y me volví.
Ví el pasado
el futuro
y su espíritu espiral.
Me volví vieja
ermitaña
y cascarrabias.
Volví
Tomé otra dosis.
Me hice chiquitita
tanto que cabía perfectamente en el hueco entre mis dedos meñique y anular de mi mano izquierda.
Cuando me encontré, ahí en mi piel,
me arrastre hasta el centro de mi palma.
Me perdí entre las líneas y las leí.
Cerré la mano
y me comí
   otra dosis de mí.
Volví
me reí de la realidad
y volví a jugar.

miércoles, 26 de junio de 2019

Fardo, avena y maíz



La copa de un plátano en forma de canasta, me acuna en el revuelo que me genera haber vuelto.
Con mi cabeza apoyada en la húmeda ventana, cierro mis ojos y huelo Cusco. Despierto asustada, ¿Cómo es, cómo puede ser que huela Cusco? Una extraña mezcla entre aire sagrado y vos.
Voy a dedicarte toda la tinta necesaria para sacarte de mí.
Eterno caminar, querías amor.
La pacha nunca muere y siempre renace.
Y de pronto, el inconfundible perfume de mi bisabuela me invade y pienso... Cuántas rutas perdidas.

Mi insensatez maquinea los míos deseos,
arremolina la energía de mis chakras,
me sopla la oreja,
me enreda el pelo.
Noto entonces cómo me laten los dedos buscando la tuya piel.
Sus marcas y dibujos... 
Tu árbol.
Aparece un recuerdo que creía olvidado, dibujandote tu tierra y tus dedos.
Tus dedos magos y tu brujo árbol.

¿Cómo será ver tus ojos otra vez?
Imagino encuentros casuales: en el subte, en el centro, en el monte y en mi pecho. En una ruta haciendo dedo.
Cómo si el destino tuviera la obligación de rendirse a la insensatez de mis deseos y reencontrarnos sin que hiciéramos demasiado esfuerzo.
De pasada, destinados.

Vagamente te busco y no te hallo.
Demonio Azul, ¿Qué suelo te comió por entero?

El cielo más estrellado, jamás visitado.
Mi única cuenta pendiente es besar tus manos.

martes, 25 de junio de 2019

Atardecer de colores nuevos, dándome paz. 
Nostalgia de amor de antaño, dándome soledad. 

Y así, se le pasa el tiempo

Otra terminal vacía absoluta me cuenta escenas típicas, reencuentros y despedidas. Un amor en particular, triste y pasional, me conmueve hasta mis vidas pasadas, y realizo en cuán difícil es el amor a distancias.

Sumergida en las aves de la ilusión, en las aves que vuelan en contra al viento y tiempo natural, memorizo mi sorpresa ante la conformación de las ciudades.
Tanto suelo y tan pocas miradas sanas.
Van tan rápido.
Van tan lento...

Desenfocadas torcazas copulan irónicamente.
Me despido de mí misma en el ansioso azul oceánico de la noche.
Me beso, me abrazo, me bendigo el retorno.
Me descreo de mi antigua piel, me abrigo del frío invernal.
Me fumo y me lloro con tranquilidad, entonces, me agradezco.
Y de pronto, el oído izquierdo reconoce
el caminar de un lobo viejo.
Despacio pero confiado, me huele.
Se acerca y entrega su cabeza a mis incondicionales caricias.
"Todos somos amor", nos susurro.
En una pitada, el lobo viejo se va.
Yo le veo irse mientras recuerdo lo hermoso que fue verte partir.

domingo, 31 de marzo de 2019

Cuidar tus sueños
proteger tus rutas
Y susurrarle a tus oídos
vos podés

Acariciando tu pelo
ver los brillos de una pollera
y desear vertela puesta.

El barrio entra por una ventana ajena
sosteniendo una copa de vino,
intento que el humo de mi tabaco
no se impregne en tus sábanas.

El fuego no me deja apagarme
Aunque una gota de agua me toque
sin permiso
Miro el cielo buscando lluvia
pero solo encuentro a Marte y al
Imparable
Amanecer.

Me pregunto si seguiré durmiendo hasta el mediodía
agradeciendo verte como lo primero de mi día.

Boto el tabaco hacia el abismo
esperando no generar un incendio.

Un poco ebria
le confío a esta hora en que conviven  pájaros madrugadores
y murciélagos
cuánto es que te admiro.

miércoles, 27 de marzo de 2019

o amor em paz


Comencé por respirar
el puente de su cuello.
Con los ojos cerrados podíamos rendirnos al mareo,
pero mis labios eran guía en este virgen terreno.

Rocé suavemente su hombro derecho 
con mi boca,
a la vez que mis manos acariciaban 
su vientre,
y casi sin tocarnos demasiado,
bailamos el etéreo ritmo 
que solo los esclavos se animan a desarmar
desvalijándose de sus cadenas,
para librarse a la meditación que surge,
sola y únicamente,
de la electricidad conducida por un mar calmo.

Mi mano izquierda alcanzó,
hipnotizada,
su pecho izquierdo…
hasta resignarse en su garganta,
a la vez que mi mano derecha rodeó siempre su vientre
hasta alcanzar su cadera baja.

no se escuchaba más
que el silencio
del incipiente deseo
por socavar
ese portal 
tan vacío de miedos.

entendí que no me alcanzaba con mojarme
con el agua tibia del cielo
hasta que sentí la ofrenda de su saliva en 
mis dedos, mientras sostenía su mandíbula.
y entregándome a sus disimuladas exigencias
acabé
por acariciar sutilmente
su punto de inflexión,
para claudicar en unas últimas palabras:
“no creo que resista amarte aún más como en este momento”

Afuera llovía
y adentro también.

miércoles, 20 de marzo de 2019

Siento como vuelve a aparecer el sol
aún con los ojos cerrados
como si mi cuerpo se abriera
lentamente.
Miro entonces al cielo
y compruebo que el calor no es sólo interno.

En el patio de mi casa
siempre cuando salgo
veo una torcaza, como si nos pusiéramos de acuerdo para vernos.
Nos reconocía hembras a ambas,
y hoy, me regaló fertilidad en abundancia.

Poco a poco
se va reconformando el hogar eterno,
aunque a veces lo estuve perdiendo siempre termino volviendo.

En el silencio, entendí que
quien quiere, aparece
se perdona,
y elige.
Siempre elige.

Dicen que en las horas impares nacen los más infames delirios. 

Una estela
demuestra
trazos pasajeros

A vos
te voy a amar
toda la vida
Pero el día
que no haya mar
vendrá Dios
para aclarar
Que la caída
anida
no más que fallidas rimas
y que el amor
nada tiene que ver
con la falta de voz.

lunes, 18 de marzo de 2019

6

/Estoy tan cansada de escribirte cartas y quemarlas para sentirme libre de vos. ¿A cuántas cartas hechas llamas se deja de sentir?
/No doy una pregunta clara.
Cada vez que te veo me pierdo a la vez que me encuentro.
/Si pudieras leer estas palabras ¿Qué sentirías? Porque al escribirlas puedo sentir como por entera me convierto en un obscuro océano agitado por una tormenta eléctrica.
/Al despedirte, me despedí de ciertas posiblidades. Y este amor tan egoísta que te tengo te hace reaparecer como un embrujo conjurado por un ser demasiado maligno.
/No suelo ser del tipo que ve bendiciones en los respirares.
/Tuve una parálisis. A mi izquierda, una sombra demasiado negra estaba acercándose, no tuve el valor de mirarla. Una voz me dijo que si lo hacía, desaparecería, cómo todos los miedos...
La dureza de mi cuerpo,
el fuego en mis manos,
el latir de mis párpados
y la presión en mi pecho.
/Camino tres cuadras
y me tiemblan las piernas ante la posibilidad de cruzarte.
¿A qué rincón de la tierra debería exiliarme?
/Tengo tus memorias tan presentes como el correr de la tinta en esta carta.
/El miedo inexplicable de tenerte en mi vida.
/Ya no puedo pensar si todo esto es karmático, no soy un ser pragmático y menos simplista. Le ando dando vueltas al aire solo porque puedo.
No sé si es una guerra de egos, o si estoy tan desquiciada como para seguir queriendote.
Ninguna situación fue el límite. Ninguno estableció un límite.
Y ahora que acá estamos, se me hace todo
un torbellino demasiado veloz como para tomar consciencia del siguiente paso.
/Veo a la gente pasar y me pregunto si soy la única, simplemente, porque la intensidad se me hace carne.
/Las 18.36 (9) son las horas de mi muerte. Dejo de ser y aclamo en mis adentros con fervor, que por favor, el tiempo se consuma y así, también mi condena.
/Desde que te amé, cambié tanto.
Cómo si desde esa mirada que me traicionó y te coronó, algo se hubiese activado.
Tengo la certeza de, que quién enamorado, no vuelve a ver la vida de la misma manera, ni nada vuelve a ser lo que era.
Estoy segura porque sino me paso en la primer media hora, no me sucederá aunque dure media hora y un minuto más.
/Miles de kilómetros literales, y aún así, cuando te sentía, indudablemente aparecías.
/Te extraño demasiado...
Quedé devastada.
/Si él es el diablo, yo cometo pecado.
/Estoy tan cansada de estar.
No me sale.
No siento mi poder y mi fuerza.
Soy frágil a tus manos y se rompen todas mis venas.
/Deseé tanto que fueran otras manos la que tú piel acariciaran, y sin embargo, acá estamos... Otra vez, otra carta, y vuelvo a ser la adicta a la morfina de tus abrazos.
/Es tan dulce volver a saborearte.
/Creo que fue la última vez,
no sé
si herí demasiado a tu ego por exigencias que demuestran la persona intolerante y ambiciosa que soy.
Lo quiero todo y ya con vos, y vos
sos lento como el paso del tiempo
durante el sufrimiento.
/Un par de cuerdas cuentan:
Fumar y hacernos el amor con paciencia.
Viajar, embarcarnos en todas las maneras habidas, por haber y las que inventemos.
Acaraciarte en la próxima lunación.
Que me veas entera y brillante.
Sentir la plenitud del espacio...
Una nueva tierra.
De tu mano, una flor selvática en mi pelo.
El amor bailando.
Tengo tantas ganas de reconocerte.
Ver tus ojos al contarte mis sueños.
Y si no, si no sé o si nada...
me gustaría saberlo, para entonces así dejes de invadir mis sueños.
/Te amo tanto que el tiempo no me alcanza para contarlo,
/sin embargo,
el viento de poco se lo va llevando
en otra carta en llamas.

(1).
Podría despedirte mil veces más,
pero no podría darte otra bienvenida,
nos dije.
Y una vez más,
por boca larga e impulsiva,
me salio el tiro por la culata
y te mandé al muere
con una sola palabra.

Pasado. 

miércoles, 27 de febrero de 2019

the lost collective


No escribe quién no quiere.

Tengo una vida, y aparte, mil más.
En una de ellas, soy quien escribo.

En retrospectiva comienzo a dar cuenta sensaciones que, disfrazadas de terrenalidades, me hacían llegar a un orgasmo distinto al conocido, naciendo por el vientre bajo para elegir expandirse hacia todo lo que es llamado universo.

Y pienso…
cuántas camas,
cuántas camas grandes …
y qué tan difícil es llenar esos rincones vacíos,
y más en un colchón eternamente King,
que no conquista más que soledades.

Cuántas camas,
y cuánta gente dividida en diferentes camas.
Cuántas camas demasiado gastadas
por tanto sexo carenciado de espacios propios.

Cuántas camas que no son de colchón,
y cuántos orgasmos susurrados al alba,
permaneciendo, por una fracción de segundo, constantes
convirtiéndose en despertador.

Cuántos asientos de autos
y buses,
cuántos sillones,
mesas,
árboles,
carpas,
duchas y ríos.

Cuántos cuartos usurpados,
y cuántas camas de parado.

Cuántos baños de antro,
teléfonos públicos,
y suaves arenas de verano.

Cuántas camas compartidas y cuánta gente haciendo cama un pedacito de tierra virgen…

y  de repente

Vuelvo a la virtual hoja
y pienso…
cuánta cama hecha de desierto.

martes, 26 de febrero de 2019

EVA

Energías de diciembre,
dulces tardes de verano.
Tu cuerpo
como Paraíso de ordeñe con control,
que te conecta, sobre dos ruedas, con la aventura.

Dejé el corpiño
a tu estilo,
el más avanzado de Latinoamérica.
Lista, igual que vos.

Es hora de dar lo mejor para vos.
De elegir dónde dormir.
De proteger tu piel,
tu boca roja.
Si te va bien, nos va bien...

Cuidando nuestras orquídeas, estamos revolucionando los limites para aprender.
Estamos de fiesta.

¿Qué esperar cuando esperamos?

Un viaje al corazón de Brasil devela una revolución.
Uniendo a los amantes, fusionamos nuestro rosa furor, sin límites.

¿Realmente lo querés?
¿Va con tus ganas?
Apagá la fábrica de malestar.
Calmá el dolor todos los días conmigo, a un precio secreto, algo íntimo...
Por un año de luz, una taza de placer.

No pares de moverte libre, rápida y profunda.
Soltá tu costado más vulnerable y salvaje.
Creá hogar y sentite al volante.
Armá tu viaje como quieras.
¿Necesitás mar y palmeras?
Disfrutalo con la misma intensidad todos los dias.

Y me meto en mi mundo:
"Ojalá que llueva cápsulas de secreción rubí.
Lo natural... Listo para tomar".

Se termina el flash en movimiento espasmódico que te hacía falta,
y siento que te alegra el corazón,
en la dosis justa.

Vos, brillás.
La pureza del aire en tu piel,
la fiesta perfecta,
el buen descanso.
- ¿Por qué vas a brindar?
- ¡Salven las mujeres!.

Pasé una navidad más fuerte que el sol.
Un abrazo da más calor que cualquier vestido azul.

alegria não tem fim.

La evolución en zona verde



Paraíso
en profundidad natural,
en la tierra de Nunca Jamás:
placer de buena madera,
cumbre en las arenas más agrestes. ⠀

Todo el tiempo del mundo,
esperando en la hierba, la más rica tradición: un festejo bajo el sol de otro tiempo. ⠀

Iguales a nadie,
de punta en blanco,
bajamos aún más.
Límites amplios...,
pesadillas. ⠀

...¿A la fuerza?
De golpe, soy mucha mujer.

[Neurosis
madrugadoras con vencimiento]

Ven hombre sensible,
hacelo fácil,
ahorra energía,
da más amor... ⠀⠀
/Amor animal/
Tener sexo, vida
24/7.

Quiero ganar, lo que no le contás a nadie. ⠀

martes, 19 de febrero de 2019


Si escribo lo que siento…
¿Dejaré de sentir lo que escribo?

Creo que un poco se va yendo
a medida que avanza este verso.

jueves, 14 de febrero de 2019

poder


 Me desperté, suave y repentinamente, en esa madrugada a punto del claro de amanecer con una sensación de angustia en mi pecho que aún me oprime al respirar y genera confusión en las sinuosas vías de mis sesos.

 La oscuridad del cuarto era considerable (por las cortinas cerradas) y a la vez que mis ojos súbitamente abrieron, sonó un trueno exorbitantemente terrenal que puso en jaque mi espina dorsal, y mi equilibrio por entero se perdió.
 En el mareo, con mí mirada, solo pude enfocar un pequeño punto lumínico de color naranja en la pared que aumentó de tamaño conforme la dilatación de mi pupila derecha, y en el desconcierto del momento, creí que en llamas estaba el cuarto ardiendo.
De nuevo me hallo en los infiernos y, aún no sé bien por qué, pero sé que le temo a esta lluvia y estoy sola.
Una alarmante llamada entró en mi teléfono, viajando kilómetros en el tiempo, para advertirme que en otra dimensión esta misma tormenta había inundado quintas y huertas.  Como cuando repentinamente te despertas a vos mismo, después de haberte quedado dormido, y el día comienza a suceder demasiado alterado, me levanté en un rayo para no dejar que el agua entrase (en la casa) y conforme caminaba con la torpeza de no sentir mis piernas, decidí por mantener mi ritmo y avanzar por el espacio levitando.
Durante todo ese lapso todavía no sabía si acá ya llovía, así que con teléfono y voz del otro lado, abrí una puerta e instantáneamente mis pies se mojaron. El agua comenzaba por bajar de los cielos y la intensidad estaba dentro mío, y yo era, como ese tope con el que cada gota, por más ínfima que parezca, puede ser la siguiente que colme el vaso generando un tsunami tan abrasador como la sensación del cuarto en llamas. “La destrucción es relativa” dije, y corté la llamada.
Luego de unas vueltas, volví a una cama que parecía ser demasiado grande para mi cuerpo, y la sensación de la soledad se volvió aún más infinitamente extensa que el colchón al que me había rendido.

Comencé por abrir una nueva hoja en blanco, con lo que ello subjetivamente en mí conlleva, y el siguiente trueno sonó, dejándome totalmente absorta y paralizada.
No fue un trueno normal, nada de lo que sucedía lo era o al menos así se sintió. En ese momento, creo haber podido sentir como retumbaban las raíces de la tierra, en tres lapsos de tiempo trueno, dónde terminé por viajar hacia atrás, en la noche anterior, donde al caminar por el pasto cristalizado de pesticidas, también sentí cómo retumbaba la tierra, y cómo por todo mi cuerpo esa sensación se extendió.
Entonces, mi corazón se detuvo y el tiempo también,
yo misma giré mi escenario como un cubo.
Y solamente presentí que algo, ajeno a lo actual, iba a suceder.
Esto era el verdadero ojo de la tormenta, y yo no podría negarlo nunca más.
No me gustan las lluvias mañaneras y menos cuando me siento tan pequeña e indefensa. Tampoco me gusta sentir la falta del abrazo que me calmaba aunque afuera lloviera.
En mi soledad, otra vez me entrego al llanto por cansancio.
Afuera llueve y adentro también, y no sé bien dónde se inundará primero.
Gusanos salen de mí y hacia la derecha me sigo inclinando, perdiendo la percepción del suelo.
Entonces,
entre náuseas,
comprendo que ahora no es soledad,
sino intimidad.
Y yo soy poderosamente íntima. 


miércoles, 6 de febrero de 2019

lunes, 4 de febrero de 2019

Nocturnas II

Suelo cerrar los ojos
para imaginarme danzando
de la forma que nunca dance
mientras suena alguna melodía
que en el piano alguna vez toqué,
pero que hoy, olvidé.

Miles de mundos apartes se presentan a la vez conforme mi mirada se mueve por el espacio, y solo quisiera rendirme a mis sueños, donde no existe la preocupación y mi acción, es notablemente más rápida que cuando despierta me encuentro.

Cuánto quisiera rendirme...

Y sin embargo, aborrezco el dejar abandonarse.
Una y otra vez, decido
subirme a esta montaña rusa que me revuelve el estómago a la vez que hace cosquillear mi vientre bajo.
Cuánto quisiera que nada de esto fuera tan convincente como para permitirme caer en lo más bajo aunque sepa que de nada sirve.

La presión se hace de espasmos en mi ojo izquierdo para continuar con una sensación que hasta hoy día no puedo explicar y
aún intento: en la base de mi cabeza
en la cima de mi cuello
surge un choque electromagnético
que me paraliza
completamente
por el lapso de tiempo más ínfimo que pude experimentar desde que existo.
No me sucede seguido, solo cuando no doy más.

Mi cuerpo se anda rindiendo a mis emociones, como si de una guerra se tratase, y mi mente queda atrapada en el medio, en boca de todos... y ambos bandos, mi cuerpo y mis emociones, continuamente se andan atacando.

Y yo sólo quiero sanar y no me sale.

Solo parezco empeorar.
Mientras padezco
de la mas exquisita soltura ante la vida.
Todo pasa y nada se queda, y ya no viéndolo como embrujo, me queda
solo verlo como mi bendición.

Veo irse la vida
y cómo quisiera que se quede
pero cómo le agradezco que se vaya
porque ya no puedo aguantar tibiezas.

¿Cuándo se irá de mí el parásito en mi clavícula?
Me va devorando hasta hacerme sentir que me quedo sin dedos.
¿Cuándo dejará de dolerme la navaja en mi omóplato?
Me va desangrando hasta hacerme sentir que me quedo sin aire.

¿Cuándo dejará de escupir aguas saladas este cuerpo?

lunes, 28 de enero de 2019

Dicen

Me han dicho que
fui concebida con intención
de apego y retención,
así que hoy
empiezo a darme cuenta de mi naturaleza.

Soy el nombre duplicado y la vida perdida.
Soy a quien llaman para ganar un concurso que les da vergüenza.

Soy la que en los primeros años de vida
se convirtió en nostalgia
para dejar de ser y hacer,
para convertirse
en observadora y nada más.

Soy esas ganas enfermizas de que te quedes un rato más, aunque yo no te quiera a mi lado ni vos te quieras quedar.

Soy una de las tantas posibilidades
que no tenía que haber sido.
Soy esa mala suerte que maldigo cuando digo: "eso que nunca pasa, me pasa a mí".

Soy como este pasto que ahora tengo enfrente,
que parece brillar,
pero en realidad es decoloración producto de la acidez
del meo de una perra menstruante.

Soy lo picante de un budín
que se suponía debía de ser dulce.
Soy la falta de las ganas por vivir
y el desinterés por morir.

Soy la enfermedad de mis progenitores
y la frustración de mis antecesores.
La piel reseca y la marca en la tierra
ante la desaparición de un limonero.

Soy los secretos más turbios y mejor guardados y lo inconstante por el cambio climático.

Soy el desorden continuo y los continuos revoques de pared
de una casa que se cae a pedazos.

Soy un desastre
caminante
y silencioso,
que oscila entre perderse de vista
o ser el calor más abombante
resultado de un sol demasiado brillante.

Soy un animal abandonado
que nunca jamas debía de haber sido adoptado.

El arrepentimiento ante mi presencia...
El lujo de los ricos que se sienten bien regalando limosna.

Soy el perdón del cura
ante las vergüenzas que absorbe un confesionario,
al que nunca volví
ni volveré.
Soy este motor de mierda que no deja de sonar pero es necesario.

Y aun así, sin poder dejar de ser
dejo de ser
y muero en este atardecer,
sabiendo que no moriré más que en este instante,
no hoy ni mañana,
Aunque lo desee desde mis entrañas.
Porque a pesar de todo mi sangre sigue siendo objeto de deseo de todos, hasta para aquellos que todos consideran "malditos",
porque tengo una fuerza inmensa
que hasta a veces me pesa más de lo que me libera,
porque mi capacidad de observar la realidad tiene más magia que los sueños que me invaden en esta habitación del recuerdo.


En mi letargo, una taza de café es un oasis. No estoy sola. Junto a ellas buscamos una cafetería. Entre árboles, se esconden unas escaleras ...