jueves, 24 de marzo de 2022

No te hubiera importado jugar, delirar, como si fuera ayer.  -
Así, como todo aquello que conservamos en el núcleo más íntimo e inconsciente: la revolución de nuestras ideas y emociones. 
Entre los cuatro árboles más curiosos del mundo, la presencia de un predador con una enorme interacción con su entorno natural. 

Memoria, 
la llave 
o embarrarnos. 

martes, 22 de marzo de 2022

 (...)

Y como si todo el discurso utópico y esperanzador que acababa de dar no significara nada, lo miró a los ojos y le preguntó: 
 "¿Alguna vez te pusiste a pensar en la posibilidad de que la existencia humana tenga como único objetivo experimentar su propio exterminio?".


La sensación que estaba buscando, llegó: 

Anonimato.
Anónima todo.
Ánimo de anonimatarse. 
Animarse al efecto anónima del ánima. 


Camalote

Descompongo, frente al agua rancia,
la dureza de mi piel,
la crudeza de mi mirada.

Recompongo, entre la basura acumulada,
la proeza de mis pies,
la prosa de mi alma. 

Reconforto, dentre los edificios de papel,
la pureza de mis palabras,
la rudeza de lo que se calla.

Y, aunque el veneno siga consumiéndome por dentro, la belleza continúa figurándose ante mis plegarias.

 Entre lo tradicional y lo bizarro, 
el peregrino encuentra refugio.
 Y como puede echarse a andar verborrágico y sin miedo,
antes de morir,
funda el diccionario emocional.

 Desde la noche,
se desplazan sensaciones odiosas.

Atravesar la singular intensidad
que alberga fragmentos 
de la prueba más fiel:
 
El valor de unx mismx.

El verbo se hizo nuestro mayor tesoro. 

domingo, 13 de marzo de 2022

¿Será posible 
por vez única
la descomposición de lo eterno? 


"¡Qué rápido se me escurre el tiempo en este lugar! Casi podría determinar que los minutos son días y los días, meses" confesó alarmada. 
Y es que no era cuestión de disfrute o desconexión sino, más bien, de acostumbramiento. 
En este lugar, 
no se podía ver la trayectoria del Sol y mucho menos la ubicación de La Vía Láctea.
Era entonces, de lo más lógico, perderse en el tiempo, perderse el tiempo o volverse perdedora en la carrera del tiempo. 
Había sido testigo de cómo su sombra se transformaba en un arlequín de sí misma. 
Dentre las multiplicidades convivientes, era la Sombra la que más se entristecía en este lugar, ya que... 
no tenía tiempo. 
Vivía adormecida en una vigilia constante y solo salía a relucirse ante las asquerosas conductas de las identidades más frías y extrañas del mundo. Sobre todo frías, ya que no había en sus ojos un ínfimo destello de vida. La sombra se aterrorizaba de la normalidad en la que ahora su naturaleza sucumbía. 
¿Dónde estoy yo? ¿Dónde está mí danza? ¿A quién podré expresarle mí Oda a la noche, si el día la acribilla?...


La mano (que me pertenece y le pertenezco).

 Afilar, pacientemente, dejando al alma estremecerse con los sutiles sonidos del ritual de preparación.

Una vez más, solo por el placer que produce la línea fina abriéndose, para darle paso a la obscura línea de la profundidad.

Abro los ojos. Ante mí, una ventana hacia la noche:
 Las ramas de los espinillos y algarrobos formando un techo.
Sus espinas, un gran nido.
Parezco estar en un submarino.
De fondo, el brillante cielo. Las estrellas y los bichos latiendo… Latentes, inertes e independientes a la concepción de mis sentidos. ¿Me observará el monte, como yo le observo?
Vuelvo a fijarme en la ventana del submarino y creo que, con mí mano, podría atravesar el vidrio.

Negra y densa,
hecha por completa de sombras,
se estira la mano que me pertenece y le pertenezco
para unirse, por fin, a la noche.

En el boceto, la mano traspasa el vidrio como si éste fuera inexistente.
Se vuelven una, la mano y la noche,
la mano y los árboles,
la mano, el cielo y los bichos.
La mano, el silencio y los sonidos.
Boceto de la mente.
Pero,

en lo plano,
la mano se hiela ante el cristal del submarino que la separa del monte y la noche 
y aunque busca salida
la palma palpa pero no la encuentra.
La mano se siente herida, vacía, engañada y dolida.
Encerrada.
La mano está encerrada en un níveo y andariego submarino que parece ser un paraíso pero solo es su cárcel.
Está encerrada en una cápsula del tiempo,
y afuera…
el monte nativo, negro, libre y vivo.

Ante la frustración, se visualiza la mano saliendo de su guarida como si la ventana estuviera ahora compuesta por agua.
Vuelve a lo llano y comprende que no hay salida. En verdad… no hay otra salida, más que entregarse a la muerte
. La muerte siempre tan dispuesta.

La mano afila su letal arma. Morirá y nunca nadie sabrá que vivió.
Afila, prueba, pincha. Marca.
Vuelve a afilar, pacientemente, dejando al alma estremecerse con los sutiles sonidos del ritual de preparación.
La dulce paradoja de darse muerte para liberarse, como la muda de piel o el picaje.

“Una vez más, solo por el placer”
implora la mano que me pertenece y le pertenezco.

El arma se deleita ante el descaro.
Se desnuda y en pigmento negro, como la noche y el monte, 
el lápiz y la mano,
escriben.

viernes, 4 de marzo de 2022

Es todo danza y abrazos

Es mío. 
En este momento, es mío.
Todo mío. 
Este momento es mío. 
No le quiero poseer pero, 
en este momento,
le poseo, le poesía, le paseo la piel con mi piel. 
Con mis dedos, trazo sinuosas rutas en la memoria.
Me posee, me poesía y me pasea. 
Me aplasta sin oprimirme. 
Me permite sentir el peso de su cuerpo y la fragilidad de su existencia. 
Me entrega su respirar y su pecho. 
Le rodeo y me rodea. 
Casi como si fuéramos un mismo cuerpo, nos enredamos.
De pies, de brazos, de dedos, de cuello. 
Y, en este abrazo,
quisiera protegerle del mundo entero. 
Entonces, le protejo. 
Acaricio suavemente su pelo 
y más de vez que de en cuando, 
le susurro un beso. 
En silencio le cuento cuentos y sueños. 
Ni míos ni suyos, 
sino de ese mundo que podría ser maravilloso, como este momento. 
Sin miedos, le protejo. 
Y no lo sabe, pero también me está protegiendo. 
Y no lo sabe, pero me abre la puerta
y su mundo es tan suave y tierno...
Entro despacito, no quisiera romper con algo tan bello. 
Mis pasos son calmos, casi que no tocan el suelo. 
Le cuido de mí y me cuida de sí. 
Somos como el monte que nos abriga. Me refiero a que
si bien tiene espinas capaces de enterrarse en la piel
haciéndola arder durante días,
son las mismas hojas que envuelven a las espinas,
las que poseen en sus nervaduras 
el remedio para las mismas. 
Y son sus frutos, y son sus flores tan dulces,
y sus aromas tan frescos. 
Y como el monte, tenemos espinas... Y flores, y besos. 
Tengo espinas, y también tiene espinas. 
Pero, sobre todo,
tenemos abrazos y caricias
y este momento. 
Y no lo sabe pero me inspira
a escribirle, 
a escribirme y a escribirnos. 
Por eso ya no le poseo, se lo entrego al mundo:
Nuestro momento-poesía. 

El hogar de La Garza Blanca (y otros pájaros)

 En un rincón (siempre en algún rincón)
nieva nieve que no hiela. 
Podrían ser retazos de una flor o de un fruto de algodón que viene viajando desde muy lejos. 
O bien, podrían ser miguitas de las nubes que, en este precioso momento, vuelan casi tan rápido como corre el río dorado. En algunos otros rincones de ve rojo o blanco (el río). 
Mientras que el monte comienza
casi imperceptiblemente 
a amarillarse,
las copas de los sauces bostezan amarillo del sol, de tanto tanto sol. 
Al igual que una Mora juvenil que, aferrada a una piedra deslizante, 
es embebida (podría asegurar, en todas las estaciones), por el río. 
"¿Serán blancas o moradas sus moras?", 
le pregunto al futuro. 
Y como al futuro le gustan las adivinanzas, 
en sus pistas,
me pregunta si de verdad quiero saberlo. 




martes, 4 de enero de 2022

La curiosidad que habita

 ¿Podría reordenar aquella carta que rompí entera?.
Unir letras, espacios, puntos
 hasta llegar a su forma original.

O tal vez, 
¿Podría viajar kilómetros solo para no olvidarme?.
Reunir manos, miradas, labios
hasta llegar al hogar que pudimos crear. 

¿Sería capaz de saltar, correr y girar todos los días?. 

¿Podría liberarme de las cadenas que yo misma me puse, con una visualización?.
Las manos danzan en el viento
a medida que se mueven
las cadenas se transforman en hilos
que 
simplemente
van cayendo. 

Algun día, 
¿Podré nadar sin vértigo?. 


O frenar
antes de convertirme en una caníbal de mi misma. 







sábado, 2 de octubre de 2021

Volátil

 Un mar de hojas secas,
un nidito de amor. 
 Un señuelo de lo que puede ser
un regalo,
animarse.
Un delirio, abandonarse. 
 
Detrás, siempre detrás de sí misma.
¿Qué pasaría si se situara a su lado? De su mano. 
 Mirar de lejos para poder enseñar sobre el tiempo y el caminar,
comprender la querencia de ser y reciclarse.
Engorroso transformarse con la mente de guía. 
Un mar de confusiones y ya no más de
simples
hojas
secas. 
 
La trivialidad del destino que nos anima a descubrir lo oculto, lo divino. 
Todo lo presente abarcando retazos, secretos, mundillos. 
 Regaliz y un té, 
te desconozco,
desconocido conocido. Coincido en el
volver. 

 Reunir la fuerza suficiente para no arrastrar los pies, aunque el sol brille demasiado,
aunque queme lo mundano,
le dé fuerza,
le dé forma y le dé poder. 
 
Perseguir el rastro de las letras como un náufrago a su retrato aguado,
sin olvidarse de que, en algún lugar hay tierra. Debería. 
 Que el plástico se convierta en un recuerdo de la falta de lucidez y de la carencia de amor hacia lo eterno. 
 Los gusanos que hoy me comen la piel están esperando, pacientemente, que yo llegue a su clímax y así deleitarse con su propia implosión,
la que generará mas vida vacía,
casi como una estrella sin observador. 

Que el ciclo siga dando vueltas,
mientras tanto yo,
le daré hojas y tinta. 

lunes, 13 de septiembre de 2021

Tender entrance

 Qué diminuta se me vuelve la vida cuando
me desaparezco en la palma de mi mano,
olvidándome de todas las otras partes de mi cuerpo. 
 Qué corta se me vuelve la vida cuando quiero empuñar el tiempo,
mientras éste se me escurre ágilmente casi sin poder reconocerlo.

¿Dónde estoy yo?
¿Dónde está mi danza?
Y, ¿Dónde está el escarabajo hecho de tinta?


 
Mientras tanto, 
el Mundo de las Ideas se disipa ante una brisa con aroma a Espinillo. 
¿Cómo podría pensarme capaz
de encapsular esta emanación de la naturaleza
solo por hacerla incluso más eterna?


Los vientos de Agosto hacen girar en reverso La Rueda de la Fortuna,
Quisiera poder tomar a la polilla
y liberarla dulcemente a la noche. 
retornándome a la niebla del ayer.  Cuánto frío. 
Y en un vistazo, podría dibujar el mapa de mi ruta recorrida
con la misma claridad que el patrón de las alas de la polilla que descansa en mi manto. 

Una multitud de plantas en agua,
de pianos y de semillas 
velan la puerta roja de mi chocita. 

Y un monte nativo.
Qué tierna entrada. 

 

sábado, 24 de julio de 2021

 Mais agora, neste isntante,
 onde a luz é responsável de fazer entender que 
não se leva mais do que eleva,
parece que a vida é um pouco menos sombria:

uma travessura de amor,

um triângulo de abacaxi,

um turbante colorido,

sete minutos para o entardecer,

o agua limpa

e o coração calmo.

 De vez en cuando me pongo a cantar
y de un salto me animo a sondear 

 Un mar de palabras que solo dan sed,
en la madrugada mi canto será un grito de fe. 

 En mi alfombra mágica me iré, sin destino ni rey,
Flor de Maracuyá, dónde estás que no te puedo ver (tu fruto probaré)

¡Ay de mí!, de mi latir. 
    Que alboroto en el corazón. 

¿Qué sería de mí sin la lluvia? 
Un vacío, un desierto. 
Un ánima petrificada. 
Un cuerpo del que nacen las sequías. 
.
.
.

 Ayer fue la segunda lluvia en lo que va del retorno de las aguas.
Ensimismada en mi savia me sorprende más que nunca
cómo el sujeto y el entorno se mimetizan
no por influencia
sino por resonancia. 
.
.
.

Un escrito, 
solo era necesario un escrito de los verdaderos para poderme tranquilizar la vida.
La vida como ciclos se descostilla ante la desesperación que trae la incertidumbre.
Pero la incertidumbre creativa... como me hizo penar.,
creí haber muerto por siempre y que así seria mi fatídico final: seguir viva sin poder crear.
Me ha salvado la franqueza. 



ensimismada

jueves, 22 de julio de 2021

 Borré nuestras fotos unos días antes de que te fueras.
Así mismo, los emails. 
Quizá me despedí de ante mano. 
Nunca nos despedimos. 

 Busqué retazos de tu vida 
en una vida que yo no conocía. 
Reconocí todos los lugares. 
Entendí que, esos lugares eran tuyos. 

 No me queda nada más que un sabor
entre insulso y amargo. 
"Lo que vivimos, se fue con vos", 
decreté prematuramente.

 No puedo asegurar haberte conocido.
Ideo que, tal vez, supe de tus aspiraciones,
alguna experiencia lejana, algún dolor presente...
Aunque conocí tus lugares.

 Aún sigo escribiendo, eso te lo agradezco. 
Aún sigo fumando, eso quisiera devolverlo.
A veces veo pedazos de tu carne, aunque no puedo asegurar su bienestar. 
Vi a tu, supongo, último amor... me corrió la mirada. Eso lo entiendo.

Lloré casi sin lágrimas. 
La desaparición humana parcial me genera tanta extrañeza. 
Me pregunto si se pueden olvidar a las personas. 
Ideo la ocasión en que reaparezcas sorpresivamente en el futuro, como si te escondieras en algún recoveco de mi mente, aguardando...

 Quizá también, podría callarte como un secreto.
Tus palabras aún me duelen. 
Intento rememorar si, en alguna charla, concebiste este giro de la vida como una posibilidad. 
Por certeza yo no lo hice.

 Ignoro completamente qué podrías haber pensado en tus últimas bocanadas de aire. 
Creo que te gustaría esta palabra: bocanada. 
Me pregunto si te arrepentiste de haberte alejado de lo que sentías tan esencial. 
Me pregunto en qué podría pensar yo en ese momento. 

 Antes de que te fueras, sentí tu intromisión en todos los planos. 
Una madrugada, te desterré de mis sueños.
No sé si quisiste decirme algo pero ya no era necesario. 
No recuerdo la última vez que hablamos pero sí la que te vi. No fue placentero. 

 Encontré una frase vieja que nació en uno de tus lugares:
Lograr ser
con el viento
y las nubes que aleja.

 
Buena retirada. 

domingo, 11 de julio de 2021

 ¿Podrías darme tu mano? 

Quisiera leerla, 
línea por línea, marca por marca. 
Quisiera ver 
los rastros que te ha dejado el monte y
las huellas de tu vida en tus huellas.

Quisiera que mi mano sea cuenco de tu mano,
para acercarme despacito y abrigar cada rincón desolado con caricias. 

 Se lo que dí
me detuve
a amarte

 Que la luna siga abriéndose camino por mis ventanas, 
cultivando visiones y protegiendo mis sueños. 
 Que mis expectativas no se conviertan en mercenarias de mi corazón, 
bajo las órdenes de mis carencias. 
 Que no se apague mi fuego y que siempre haya un plato de comida caliente y casera esperando por mi guata. 
Que los colores no se extingan y que nunca vuelva a creer que lo harán si solo bajan su saturación tras un par de días nublados.
 El llanto, que sea cuando sea que se sienta, 
que no me permita aplacarlo con la fortaleza como quimera. 

 Que la ternura es el vehículo, y no hay nada mas humano que la fortaleza de seguir, 
más que la fragilidad de ser. 

.

.

.


Comprendí que podría darme cátedra a mí misma de la adaptación del hogar. Mi madre habrá llegado a tantos lugares que parecían no serlo... sin embargo, logró con maestría enseñarme a crearlo, adornando esquinas viejas y quebrantadas con pañuelos de seda que contaban historias en sus dibujos. 
Lograr que cada espacio que se habita sea nuestro hogar, sana el alma. 

.

.

.


¿Qué tanto poder puede tener la carencia
 como para nublar la visión
ante la magia que existe en el movimiento?.

Nido

 Un pequeño cisne se abre paso y vuelo desde la copa de un quebracho juvenil. 
Todavía queda monte...
 Se respira un viento cálido que hace de este día, de los más inusuales. 
 La vida, como una colección de rincones calmos y, aunque otoñe, siempre verde. 
 El agua clara siendo hogar y su caudal, 
canción de cuna para la adultez. 
 El sol del lado contrario, un secreto: algunos humanos se andan eclipsando. 
Todavía queda monte y tantos, tantos pájaros. 
 La soledad como compañera 
y los miedos, siempre latentes, como alertas. Pero ante todo, la entrega al monte y la confianza en su protección. 
El silencio que habilita la escucha del sonido natural. 
La tranquilidad de estar... en este punto de la tierra que, hace años, me libera.  

viernes, 9 de julio de 2021

 

— Solo quiero estar en un minuto silencioso, en la imponencia que me presenta la ruta.
 Ese minuto, ¿a cambio de qué?.
 (Pienso qué es lo más valioso que podría ofrecer)
— A cambio de mi vida. — manifestó después de haber pensado en lo más valioso que podría ofrecer. 

Los imparables recuerdos invadieron mi meditación.
Me hundí en mi intimidad buscando una imagen nueva:
una ruta que no conociera.
  La inventé.
El día sucedió como en cámara rápida, rastreando qué momento quería vivenciar.
  Elegí amanecer.
A mis costados, planicie.
A mi norte, cordón montañoso.
En todos mis puntos, soledad y silencio.
Acudí entonces a mis recuerdos: La sensación.
 Ese vértigo primario: aventura, despedida, confianza, sentir que es el momento justo, la incertidumbre, apertura, fe. Tanta fe. Sentir como la adrenalina avanza sobre todo tu cuerpo sin moverte más que para respirar la inmensidad… debe de ser un don.
Estoy en un minuto silencioso.
Me digo: “voy a atesorar esta imagen siempre”.
Me digo: “no puedo vivir de añoranzas”. 

Entonces la lágrima más lenta y pesada del mundo comienza a caer desde mi lagrimal derecho. Lo que se dice, realmente densa. Recorro con ella mi cara. Próxima a mi boca, la junto con mi dedo índice derecho. La tengo… la veo. Es tan densa que su cuerpo parece hecho de óleo. Brilla. Carga mucho. La veo... y me la como. La saboreo pero no siento su sal. No es una lágrima cualquiera, es un elíxir de minuto silencioso.
Es, enteramente, mía.

martes, 22 de junio de 2021

 Elevar el vuelo.
Ser una extraña al paso del tiempo. 
¿Cuántos desnudos ya no habrá en el río?
¿Es esto, acaso, una despedida?

Irse dentro, hacia lo profundo, tan lejos que nadie te reconozca.
¿Cambiaría la dolencia de lo cierto por la felicidad que la ignorancia proveía en ese momento?

sábado, 5 de junio de 2021

Oniria al Demonio Azul II

 

¿Qué acaba de suceder?
 Un juego absurdo entre la menguante memoria y el desalmado e imparable olvido.
La sensación de pérdida que, entre sueños siempre me agota, dibuja bosquejos de tu forma que terminan por dejarme deambulando en un laberinto conocido: Lo real o mi visión de lo real.
 Confieso espiarte de vez en cuando, como un fantasma decidido a no abandonar su placer terrenal. El ya no conocerte, es el ultimátum.

 Ser jóvenes e ignorantes bajo el velo del viaje,
de sentir todo tan a flor de piel hasta que los pétalos se caigan y sean abono,
las eternas calles cargadas de historia, un mapa imposible de dibujar,
el vagar esperando encontrarte a la vuelta del callejón más turbio, en un sucucho de rock nacional donde el hogar se sintió más cercano…
las subidas, las bajadas, el amor y el miedo,
el halcón satisfecho y listo para bendecirnos bajo la luna llena
y mi consciencia apartando el deseo,
cuánto deseo…
tu voz se disipa en cada onírica imagen, aunque tus manos… tus manos permanecen imborrables.


 Este personaje, este arquetipo se ha convertido en mi demonio preferido, mi musa anónima, la adicción de mi inconsciente. Y aunque el día se convierta en condolencias, la penumbra de tu abrazo continúa siendo el deleite más descarado que tengo.

sábado, 22 de mayo de 2021

Balanza lunar

 La luna siempre me encontrará, 

aunque yo me crea 

que juego muy bien a las escondidas.

Aunque crea conocer su trayectoria, desarmará las direcciones 

para escurrirse a mi ventana. 

A mí nueva ventana...

y yo estaré ahí, obnubilada ante tanta lucidez,

y tanta pequeñez...

Me desvaneceré en mi cama sin intenciones de dormirme, y vagamente, intentaré describir una de las pocas sensaciones recurrentes: 


Ninguna sombra me asusta, 

si no que, por el contrario, las invito a pasar...

La mirada lunática se me transforma, y en su foco, desenfoco la oscuridad que va aumentando. 

Entonces, puedo percibir como van copando el escenario

y hasta llego a creer que se podrían comer la luna entera (las sombras), 

y en un momento, cuando parece que esto último podría suceder, 

la luz lo invade todo, como un relámpago... tan rápido que la oscuridad desaparece, 

y puedo ver el monte nuevamente, 

y escuchar el canto de ese pájaro que continúa siendo un misterio, 

y puedo verme viendo la luna, buscando los cráteres conocidos. 


Entonces, la sensación vuelve a comenzar, 

y así... 

Hasta que me despierte el día.

domingo, 25 de abril de 2021

 Un motor que no se apaga y una luz movida por el viento.
 La ciudad mojada, un otoño tardío. Una luna tardía... pero incipiente. 
 Sueños tan activos como los deseos. 
 
 Me propongo un desafío: ver tu mirada en todas las miradas, para que el dulce amor que te entrego, se expanda. 

 
 

martes, 9 de marzo de 2021

Hogar

 Me traigo matecitos a mi cama como un mimo, como un regalo. Como un despertar tranquilo en la intimidad de mí refugio. 

Mí refugio: la cama, la casa, el patio. No recuerdo haber adorado de tal manera un espacio. Afuera de todo lo demás, adentro de dentro mío. 

Y afuera, todo lo demás. La hostilidad humana y el tiempo veloz que se me escapa.

Lo pequeño del pueblo que me ahoga, confunde y encierra y lo grande del monte que me libera. Las personalidades que soy, que son... Y el sol, aún no sale.

Qué quiero, qué muestro, qué doy y qué estoy dispuesta a recibir. El silencio está cerca, después de tanto alboroto. Qué placer. 

Otoñar, menguar, el fuego y el hogar. ¿A dónde estaré yendo?. 





lunes, 25 de enero de 2021


Entre las ramas de un olivo, dejé mi sorpresa. Por eso ansío la temporada de cosecha... 

 Solía pensar que el crecimiento, que el camino hacia la adultez, tenía que ver con cuentas a pagar, trabajos que adviertan cierto estilo de vida (con el privilegio de condiciones que nos permitan elegir), con la formación de una pareja "estable" sin preguntar tanto que significa eso, con procrear, con mantener la salud física, con divertirse de vez en cuando pero justo lo que se debería... y sí, un poco tiene que ver con todo esto y aún más, pero no esencialmente. Hay tanto más, y tanto más profundo, que no nos haría mal a las generaciones que estuvimos entrando y entrarán en esta etapa, un poco más de información. Para así adentrarnos con un poco más de claridad... o eso me hubiera gustado que se me dijera, o es lo que me gustaría compartir. 

 Me he convertido en mi propia salvadora. Ningún dios, ningún ángel vino a salvarme cuando rogué por asistencia. Al final del asunto, dentro de los pozos más inhóspitos, sumergida en las aguas más turbias y densas, en los desiertos donde los rayos del sol encienden la tierra, estaba yo y nadie más que yo, y éste es el viaje más difícil que sigo atravesando. Creo que la parte más dura, la más incomprensible, sucede cuando nuestra vida se ve tan afectada y moldeada por las decisiones de otras personas. Que no se malentienda, en general, no suelo delegar mis decisiones a los demás... aunque sí escucho visiones ajenas. Me refiero a esas decisiones que personalmente han elegido terceros, que directamente nos afectan, sobre todo en la niñez o en momentos de confusión, estando tan sensibles al entorno. No quiero referirme desde un lugar de resentimiento y juzgamiento, aunque así pueda sonar. Sino más bien, desde un lugar de espectadora de mi propia vida, en relación con la vida de los demás. 
 La duda, ha conformado y delimitado más caminos de los que me gustaría haber tomado, y es parte de mi crecimiento, dejar de dudar. Pero qué difícil es dejar de dudar, cuando ciertas decisiones en el presente, tiene tantas posibilidades de generar universos en el futuro inmediato y lejano... y cuántas de esas posibilidades, por más que lo intentemos, no se nos ocurren o no son conscientes. Y aún más difícil cuando sabemos que es el dolor, quién guiará todos esos imaginados caminos.  
 En este momento, una grieta se ha abierto. Puedo imaginar realidades paralelas, puedo tratar de ver la red que forma el todo (aunque no sé si realmente me acerco), y sin embargo, este lugar tan cómodo que es la duda convertida en hogar, comienza por paralizar mis piernas. Entonces comprendo, la necesidad del tiempo dilatado, no para sobrepensar y dar vueltas, sino para tratar de decidir con cierta consciencia. 
 La ansiedad, como contraparte, me juega siempre una mala pasada. ¿Cómo se abandonan los viejos hábitos que en algún momento nos han permitido sobrevivir?. ¿Se puede confiar en la impulsividad de una acción contraria a la conocida?. En el camino de la adultez, ¿existen las treguas de la vida?. 

 Algunos temas de los que me hubiera gustado ser advertida son los siguientes:
- La certeza de que las certezas se posicionarán sobre la torre cayendo. 
- El movimiento es lo único constante. Aplica para los hogares, los gustos, pero sobre todo, para las personas. Y al ser ésta la constante, es imposible tratar de limitar el movimiento, además de ser un acto egoísta y carente. Aplica, sobre todo, a nosotrxs mismxs. 
- La sorpresa es el vehículo de la pasión.
- La pasión puede ser la perdición si se la idealiza. 
- Cuando se cree que no se puede, casi seguro se pueda más, pero el poder más queda en vos. 
- Está permitido abandonar el juego cuando éste duele. Y es menester, saber las reglas del juego antes de jugar.
- Nunca sabremos por entero, las victorias y las guerras de las demás personas. La única pista, son sus ojos y nuestra vibración, lo más despersonalizada posible. 
- Los cuidados no son cuidados si son mentiras. 
- La verdad es una percepción subjetiva, y aunque tengamos la múltiples verdades, será imposible acceder a esta, si no escuchamos con el corazón. 
- Más que suponer, como me dijo una amiga, no deberíamos accionar mediante la suposición de lo que deberíamos hacer. 
- Nuestro espíritu querrá expresarse en muchas oportunidades, casi en la mayoría de las veces, aunque el patova del ego esté en la puerta. Esto puede traer, en lo que conozco, dos eventos: rechazo, por el peso que nos da nuestra propia mirada ajena, y el alivio que encarna el disfrute de dejarse ser y ver. 
- Las verdades a veces duelen, pero siempre alivian. 
- Por cada velo que se cae, rebrota una semilla que parecía inexistente. 
- No hay ángeles, pero hay tesoros que son personas, y llegan sin la búsqueda de los mismos.
- La muerte es repentina. La vida también.  
- Cuando el deseo sucede desde el centro de poder, no llevarlo a cabo, puede enfermarnos muy seriamente. 
- El corazón puede doler, pero no durará por siempre, aunque parezca imposible de creer. Que no dure, no significa que desaparezca. 
- El ser humanx necesita aire clarito, agua pura y amplitud en la visión. 
- La zona de confort es la zona de incomodidad. El acostumbramiento es la mayor ilusión. 
- La danza expresa libertades encerradas. 
- Los miedos pueden ser puertas o ventanas o túneles o laberintos. 
- El decreto mental existe. 
- Las máscaras existen. 

Si yo hubiera sabido todo esto, ¿realmente hubiera crecido?. ¿O es este el camino que nos dijeron que íbamos a transitar?.

martes, 19 de enero de 2021

Burrito pal mate

    Tomá
me dice, mientras me entrega un paquetito con yuyos dentro, 
    burrito pal mate.  
 Recibo la bolsa, agradezco, y mientras huelo... pienso: "Y sí, burrito pal mate. Porque todo el mundo sabe que el burrito va pal mate". Pienso, en cuántas cosas sabemos que van de una manera o de otra, (aunque el burrito vaya mucho más que para el mate).
 A mí no me gusta el mate con yuyos. Osea, no me disgusta, lo acepto y disfruto muy de vez en cuando, y solo unos pares de mates, y depende la mano. Pero en realidad, no lo prefiero. Me gusta el mate amargo, de una yerba en particular, y sí estoy en otro universo, me gusta con un poco de café, y un poco de azúcar, porque me hace acordar a la primera vez que tomé un mate cafeinado, con mi abuela.
 "Como cambian los gustos", me digo, mientras recuerdo las épocas oscuras en que tomaba mate con yerba cbc de hierbas serranas, y la asqueada que me pegué. Quizá por eso ahora no me gusta tanto el mate con yuyos, aunque una cosa es muy distinta a la otra. Y entre los cambios de gustos, pienso en todos los gustos que cambié y en los que no, como el helado, que me gusta de chocolates bien intensos y dulce de leche granizado, y nada más. Trato de rememorarme que otras cosas en mí se mantienen igual con el correr de los años, y se me dificulta demasiado la tarea, entonces prosigo hacia los pequeños cambios que han acontecido:
 
 - Las telas me gustan viejas, ya  que son las más suaves y perdurables, con los mejores estampados, y los cortes más originales. 
- La casa me gusta limpia, lo más que se pueda. Con plantas de interior y yuyos colgando. 
- Los sueños me gustan cuando hay presencia de animales que, por suerte, son la mayoría. 
- La mañana me gusta en silencio y deshabitada, o sino, durmiendo. 
- La tarde me gusta. 
- El aire me gusta fresco y frío, en cualquier estación del año. 
- La tierra me gusta monteada, libre y mojada. seca y espinuda, alta e inalcanzable, con secretos y dibujos.
- La música me gusta nueva y sorprendente, y también con historia y reliquias. 
- Los poemas me gustan desconocidos, y los cuentos, fantásticos. 
- Las historias me gustan contadas en primera persona, y en lo posible, cara a cara. 
- La comida me gusta casera, siempre. Y con el ingrediente secreto de mi abuela, que es parte de todes aunque algunes no lo sepan. Casera y degustada por vez primera.
- Los abrazos me gustan íntimos. 
- Los animales libres. 
- Las personas me gustan transparentes y cuidadosas, y por sobretodo, conocedoras de sí mismas.
- Las noches me gustan despierta, con estrellas, y a veces, con tormenta. 
- Los besos me gustan lentos. 
- La mente me gusta descubridora y puesta en jaque. 
- El cuerpo me gusta bailando y haciendo el amor, en ese orden. 
- La piel me gusta suave, fresca por el río, y cálida por el sol. 
- El mate me gusta cebarlo con la pava. 
- El fuego me gusta lejos del monte nativo. 
- La ruta me gusta desierta por momentos, solo para admirarla. 
- Las montañas altas, para que me pongan en sintonía y medida real. 
- Las charlas me gustan sinceras.
- Las manos me gustan haciendo ideas. 
- Las canciones me gustan sentidas. 
- La vida me gusta sentida.
- Los sentidos me gustan a flor de piel. 
- Los sentimientos me gustan a flor de miel. 
- Los espacios me gustan amplios. 
- Los viajes me gustan a paso lento. 
- Las películas me gustan en la cama. 
- Las verduras me gustan de la huerta. 
- Los pensamientos me gustan volando y rizomáticos. 

y el burrito, me gusta floreciendo en el monte. 

sábado, 9 de enero de 2021

Secretos mal guardados I

 ¿Quién se ha creído dueño de mi vida para moldearme de tal manera que, al mirarme al espejo, no veo un reflejo? Desesperadamente busco en todas las formas, simbologías y significados que engloban la palabra espejo, una parte de mí. Aunque sea un retazo de mí... y nada veo. Tal vez mi existencia se ha perdido en algún recoveco de la psique de algún extraño. Tal vez estas manos no sean mías. Tampoco será mío todo lo que creo saber mío, saborear mío. ¿Quién se ha atrevido?
 Mi libertad fue vendida al peor postor. 

 Empiezo a dudar de mi mente. Como si estuviera atrapada en un búnker en lo profundo de la húmeda tierra, en este encierro, mi mente (además de mí misma) se torna mi desconocido carcelero, mi alimento y mi tiempo, el propio búnker, y la húmeda tierra también... una compañera única. Y allá afuera, del afuera que debo suponer, una vida aún más desconocida que mi carcelero, sucede, y de todos los vivientes, ninguno se percata de mi sentir. 

 Hace un rato fui a cosechar yuyos para hacer más sueños, y en el medio del monte nativo, entre tanta vida... me deslicé por el suelo llovido, y no sentí nada. 

  

viernes, 8 de enero de 2021

Kronos

Todo lo que vi, todo lo que soñé.
Los personajes idílicos que alguna vez, en el umbral, interpreté.
Las cientos de imágenes que mi cerebro ha interiorizado.
Todo para este momento,
este preciso, 
precioso momento,
en el que soy, en parte, quien quería ser. 

La otra parte, es la densa autoexigencia que me corrompe el necesario descanso.  Lo banaliza, categoriza, le pone precio a mi cabeza. Me retrae a siglos pasados, donde el corsé era lo que me quitaba el aire, pero nunca la desobediencia, pues la videncia hacía estragos. (Dentro del corsé, también podían esconderse objetos preciados, o herramientas necesarias para la supervivencia. No se reconoce mucha diferencia a hoy día).

Las músicas se mezclan, los orígenes también.
La emoción continúa haciéndose latidos.
Advertencia: La certeza puede doler.

Tengo que volver a viajar. 
La tierra me queda chica, el tiempo me queda chico. Les humanoides también. 
Sin embargo, me esfuerzo. 

El elixir de vida me detiene en el tiempo... puedo ver un futuro que deseo: más elixir, más vida. Más nobleza en las sensaciones y en los sabores. No me interesan vacías cuantías. Puedo con el período de abstinencia, pero debe ser equilibrado, en algún momento, con su exceso como contracara... con la dosis justa. Ya no puedo mendigar el conocimiento previo, no puedo abandonarme por entera hacia la incertidumbre, que no tendrá que ver con el asombro y sorpresa, sino que es parte de la conformación personal la que hace necesaria la previa atención interior, el análisis de las posibilidades. 
Sin prisa, aguardo, como lo hace la Reina de la noche, y de la selva.
Aguardo simplemente,
al preciso, 
al precioso momento, en el que soy quien quiero ser. 


Qué peligro la romantización de la vida. 
No quiero olvidarme, por eso cuelga un viejo vestido en la pared de mi habitación. ¿Podré ser capaz de elegir mis recuerdos?. No por escapatoria a los hechos de la vida, sino por supervivencia. 
¿Por qué en mi hogar siempre co-existe tanta gente?.
¿Quién me espía del otro lado de mi ventana?.
Ojalá las plantas sobrevivan a mí. 

¿Cómo se hace para desapegarse de la historia,
sin correr riesgo de volver a escribirla,
con sangre en la tinta?.
¿Es posible, borrarse a sí misma, y no hacerse cargo del dolor ajeno? Cuando es el dolor ajeno el que más duele...
¿Podré ser capaz de no hablar de mí?.

        


jueves, 7 de enero de 2021

(La/El/Un/Una) últim@ mañana

Veo 

el movimiento de los músculos de tu cara,

veo tus poros,

tu sombra,

tu prohibida piel que se desarma sin etiqueta,

tu respiración en calma 

y los espasmos de tus dedos.


Sin embargo,

tu piel no brilla,

tus ojos no sueñan

y la voz de tu alma, se esconde.


 



lunes, 4 de enero de 2021

3-1-21

Quisiera que, 
al contacto de mi mano,
mi piel se estirara.
Pero no como un acto desesperado de difuminar la experiencia y atarme a la jovialidad,
sino que, 
literalmente mi piel y mis huesos se estiraran:
entonces mi cuello sería tan largo y tan serpenteante,
que una bocanada de aire duraría toda una vida. 

.

.

.

"El tiempo, pasado a través del prisma del individuo, un flujo temporal que se estira, se expande, se retrae y no se puede aprehender externamente". (Vincent, para xulux.fr).  

 - Se me acaba la poesía, ¿Sabés?

- El cupo es limitado a veces.

- Trata vos, a ver si te sale. Vivir por la poesía. 
   Dejarse llevar por las causas naturales, aquellas en las que nada se puede controlar. 

- Me acechan imágenes, pero en este momento... no podría amarme más.                                                                                            

lunes, 21 de septiembre de 2020

Oniria al Demonio Azul

 Despierto inundada de esa sensación tan particularmente incómoda y familiar: 
la nostalgia de tu cuerpo, 
el anhelo del reencuentro, 
la utopía realizada en mis sueños. 

 Detrás de mis ojos se esconden:
un océano furioso,
un recuerdo borroso,
y en mi pecho, un incontrolable incendio.

 Me desespero ante tanta brutalidad de mis sentimientos:
el deseo desdichado, a la penitencia del inconsciente.
Mi humanidad me asquea, 
mi piloto automático, me aterra.

¿Dónde habíanse filtrado estas aguas,
que han producido en el cuerpo,
una considerable pérdida en las reservas? 
¿Cuál es el desvergonzado plan del ángel que mezcla las aguas?

¡Qué bronca y qué pereza!
Hay personas que se te clavan en la mirada, 
otras en el alma,
y otras en las letras.

Se intoxican mis venas
ante la penumbra de tu abrazo
y el fulgor de mi acercamiento.


 

sábado, 5 de septiembre de 2020

Lluvia Primera

 Han pasado seis meses.

Seis meses de verano, otoño e invierno. 

Seis meses de silencio. 

...

Regalarse tiempo y espacio, 
cómo la más primitiva muestra de amor incondicional.
Cómo el más esencial secreto, de esos que se guardan, no en una cajita de cristal, 
sino en la carne, 
en los pies,
en las entrañas y en los recuerdos. 

Regalarse intimidad y silencio, para poder vivir,
atravesar,
crecer,
crear y jugar, 
en la hostil humanidad que nos habita desde el llanto primero, que nos da el respirar. 

Regalarse calma y cuidado, porque sin caricias no hay verdad, y sin verdad no hay real sentimiento. 

Regalarse dulces aguas saladas que recorran todo el cuerpo, que se escurran entre la tierra reseca, haciendo rebrotar semillas abandonadas por el miedo. 

Regalarse el alimento más nutritivo 
que ha de ser la lluvia primera, 
después de los meses de sequía... 
La tan ansiada lluvia primera, 
pero sin neurosis, 
sino naciente de la paciencia, 
del gestar paciencia...

Regalarse vida entre tanta muerte. 
Regalarse amor entre tanto miedo. 
Regalarse tiempo entre tan frenética existencia. 

Regalarse, a una misma, un pedacito de nuestra propia alma.

En mi letargo, una taza de café es un oasis. No estoy sola. Junto a ellas buscamos una cafetería. Entre árboles, se esconden unas escaleras ...