domingo, 11 de julio de 2021

Nido

 Un pequeño cisne se abre paso y vuelo desde la copa de un quebracho juvenil. 
Todavía queda monte...
 Se respira un viento cálido que hace de este día, de los más inusuales. 
 La vida, como una colección de rincones calmos y, aunque otoñe, siempre verde. 
 El agua clara siendo hogar y su caudal, 
canción de cuna para la adultez. 
 El sol del lado contrario, un secreto: algunos humanos se andan eclipsando. 
Todavía queda monte y tantos, tantos pájaros. 
 La soledad como compañera 
y los miedos, siempre latentes, como alertas. Pero ante todo, la entrega al monte y la confianza en su protección. 
El silencio que habilita la escucha del sonido natural. 
La tranquilidad de estar... en este punto de la tierra que, hace años, me libera.  

viernes, 9 de julio de 2021

 

— Solo quiero estar en un minuto silencioso, en la imponencia que me presenta la ruta.
 Ese minuto, ¿a cambio de qué?.
 (Pienso qué es lo más valioso que podría ofrecer)
— A cambio de mi vida. — manifestó después de haber pensado en lo más valioso que podría ofrecer. 

Los imparables recuerdos invadieron mi meditación.
Me hundí en mi intimidad buscando una imagen nueva:
una ruta que no conociera.
  La inventé.
El día sucedió como en cámara rápida, rastreando qué momento quería vivenciar.
  Elegí amanecer.
A mis costados, planicie.
A mi norte, cordón montañoso.
En todos mis puntos, soledad y silencio.
Acudí entonces a mis recuerdos: La sensación.
 Ese vértigo primario: aventura, despedida, confianza, sentir que es el momento justo, la incertidumbre, apertura, fe. Tanta fe. Sentir como la adrenalina avanza sobre todo tu cuerpo sin moverte más que para respirar la inmensidad… debe de ser un don.
Estoy en un minuto silencioso.
Me digo: “voy a atesorar esta imagen siempre”.
Me digo: “no puedo vivir de añoranzas”. 

Entonces la lágrima más lenta y pesada del mundo comienza a caer desde mi lagrimal derecho. Lo que se dice, realmente densa. Recorro con ella mi cara. Próxima a mi boca, la junto con mi dedo índice derecho. La tengo… la veo. Es tan densa que su cuerpo parece hecho de óleo. Brilla. Carga mucho. La veo... y me la como. La saboreo pero no siento su sal. No es una lágrima cualquiera, es un elíxir de minuto silencioso.
Es, enteramente, mía.

martes, 22 de junio de 2021

 Elevar el vuelo.
Ser una extraña al paso del tiempo. 
¿Cuántos desnudos ya no habrá en el río?
¿Es esto, acaso, una despedida?

Irse dentro, hacia lo profundo, tan lejos que nadie te reconozca.
¿Cambiaría la dolencia de lo cierto por la felicidad que la ignorancia proveía en ese momento?

sábado, 5 de junio de 2021

Oniria al Demonio Azul II

 

¿Qué acaba de suceder?
 Un juego absurdo entre la menguante memoria y el desalmado e imparable olvido.
La sensación de pérdida que, entre sueños siempre me agota, dibuja bosquejos de tu forma que terminan por dejarme deambulando en un laberinto conocido: Lo real o mi visión de lo real.
 Confieso espiarte de vez en cuando, como un fantasma decidido a no abandonar su placer terrenal. El ya no conocerte, es el ultimátum.

 Ser jóvenes e ignorantes bajo el velo del viaje,
de sentir todo tan a flor de piel hasta que los pétalos se caigan y sean abono,
las eternas calles cargadas de historia, un mapa imposible de dibujar,
el vagar esperando encontrarte a la vuelta del callejón más turbio, en un sucucho de rock nacional donde el hogar se sintió más cercano…
las subidas, las bajadas, el amor y el miedo,
el halcón satisfecho y listo para bendecirnos bajo la luna llena
y mi consciencia apartando el deseo,
cuánto deseo…
tu voz se disipa en cada onírica imagen, aunque tus manos… tus manos permanecen imborrables.


 Este personaje, este arquetipo se ha convertido en mi demonio preferido, mi musa anónima, la adicción de mi inconsciente. Y aunque el día se convierta en condolencias, la penumbra de tu abrazo continúa siendo el deleite más descarado que tengo.

sábado, 22 de mayo de 2021

Balanza lunar

 La luna siempre me encontrará, 

aunque yo me crea 

que juego muy bien a las escondidas.

Aunque crea conocer su trayectoria, desarmará las direcciones 

para escurrirse a mi ventana. 

A mí nueva ventana...

y yo estaré ahí, obnubilada ante tanta lucidez,

y tanta pequeñez...

Me desvaneceré en mi cama sin intenciones de dormirme, y vagamente, intentaré describir una de las pocas sensaciones recurrentes: 


Ninguna sombra me asusta, 

si no que, por el contrario, las invito a pasar...

La mirada lunática se me transforma, y en su foco, desenfoco la oscuridad que va aumentando. 

Entonces, puedo percibir como van copando el escenario

y hasta llego a creer que se podrían comer la luna entera (las sombras), 

y en un momento, cuando parece que esto último podría suceder, 

la luz lo invade todo, como un relámpago... tan rápido que la oscuridad desaparece, 

y puedo ver el monte nuevamente, 

y escuchar el canto de ese pájaro que continúa siendo un misterio, 

y puedo verme viendo la luna, buscando los cráteres conocidos. 


Entonces, la sensación vuelve a comenzar, 

y así... 

Hasta que me despierte el día.

domingo, 25 de abril de 2021

 Un motor que no se apaga y una luz movida por el viento.
 La ciudad mojada, un otoño tardío. Una luna tardía... pero incipiente. 
 Sueños tan activos como los deseos. 
 
 Me propongo un desafío: ver tu mirada en todas las miradas, para que el dulce amor que te entrego, se expanda. 

 
 

martes, 9 de marzo de 2021

Hogar

 Me traigo matecitos a mi cama como un mimo, como un regalo. Como un despertar tranquilo en la intimidad de mí refugio. 

Mí refugio: la cama, la casa, el patio. No recuerdo haber adorado de tal manera un espacio. Afuera de todo lo demás, adentro de dentro mío. 

Y afuera, todo lo demás. La hostilidad humana y el tiempo veloz que se me escapa.

Lo pequeño del pueblo que me ahoga, confunde y encierra y lo grande del monte que me libera. Las personalidades que soy, que son... Y el sol, aún no sale.

Qué quiero, qué muestro, qué doy y qué estoy dispuesta a recibir. El silencio está cerca, después de tanto alboroto. Qué placer. 

Otoñar, menguar, el fuego y el hogar. ¿A dónde estaré yendo?. 





lunes, 25 de enero de 2021


Entre las ramas de un olivo, dejé mi sorpresa. Por eso ansío la temporada de cosecha... 

 Solía pensar que el crecimiento, que el camino hacia la adultez, tenía que ver con cuentas a pagar, trabajos que adviertan cierto estilo de vida (con el privilegio de condiciones que nos permitan elegir), con la formación de una pareja "estable" sin preguntar tanto que significa eso, con procrear, con mantener la salud física, con divertirse de vez en cuando pero justo lo que se debería... y sí, un poco tiene que ver con todo esto y aún más, pero no esencialmente. Hay tanto más, y tanto más profundo, que no nos haría mal a las generaciones que estuvimos entrando y entrarán en esta etapa, un poco más de información. Para así adentrarnos con un poco más de claridad... o eso me hubiera gustado que se me dijera, o es lo que me gustaría compartir. 

 Me he convertido en mi propia salvadora. Ningún dios, ningún ángel vino a salvarme cuando rogué por asistencia. Al final del asunto, dentro de los pozos más inhóspitos, sumergida en las aguas más turbias y densas, en los desiertos donde los rayos del sol encienden la tierra, estaba yo y nadie más que yo, y éste es el viaje más difícil que sigo atravesando. Creo que la parte más dura, la más incomprensible, sucede cuando nuestra vida se ve tan afectada y moldeada por las decisiones de otras personas. Que no se malentienda, en general, no suelo delegar mis decisiones a los demás... aunque sí escucho visiones ajenas. Me refiero a esas decisiones que personalmente han elegido terceros, que directamente nos afectan, sobre todo en la niñez o en momentos de confusión, estando tan sensibles al entorno. No quiero referirme desde un lugar de resentimiento y juzgamiento, aunque así pueda sonar. Sino más bien, desde un lugar de espectadora de mi propia vida, en relación con la vida de los demás. 
 La duda, ha conformado y delimitado más caminos de los que me gustaría haber tomado, y es parte de mi crecimiento, dejar de dudar. Pero qué difícil es dejar de dudar, cuando ciertas decisiones en el presente, tiene tantas posibilidades de generar universos en el futuro inmediato y lejano... y cuántas de esas posibilidades, por más que lo intentemos, no se nos ocurren o no son conscientes. Y aún más difícil cuando sabemos que es el dolor, quién guiará todos esos imaginados caminos.  
 En este momento, una grieta se ha abierto. Puedo imaginar realidades paralelas, puedo tratar de ver la red que forma el todo (aunque no sé si realmente me acerco), y sin embargo, este lugar tan cómodo que es la duda convertida en hogar, comienza por paralizar mis piernas. Entonces comprendo, la necesidad del tiempo dilatado, no para sobrepensar y dar vueltas, sino para tratar de decidir con cierta consciencia. 
 La ansiedad, como contraparte, me juega siempre una mala pasada. ¿Cómo se abandonan los viejos hábitos que en algún momento nos han permitido sobrevivir?. ¿Se puede confiar en la impulsividad de una acción contraria a la conocida?. En el camino de la adultez, ¿existen las treguas de la vida?. 

 Algunos temas de los que me hubiera gustado ser advertida son los siguientes:
- La certeza de que las certezas se posicionarán sobre la torre cayendo. 
- El movimiento es lo único constante. Aplica para los hogares, los gustos, pero sobre todo, para las personas. Y al ser ésta la constante, es imposible tratar de limitar el movimiento, además de ser un acto egoísta y carente. Aplica, sobre todo, a nosotrxs mismxs. 
- La sorpresa es el vehículo de la pasión.
- La pasión puede ser la perdición si se la idealiza. 
- Cuando se cree que no se puede, casi seguro se pueda más, pero el poder más queda en vos. 
- Está permitido abandonar el juego cuando éste duele. Y es menester, saber las reglas del juego antes de jugar.
- Nunca sabremos por entero, las victorias y las guerras de las demás personas. La única pista, son sus ojos y nuestra vibración, lo más despersonalizada posible. 
- Los cuidados no son cuidados si son mentiras. 
- La verdad es una percepción subjetiva, y aunque tengamos la múltiples verdades, será imposible acceder a esta, si no escuchamos con el corazón. 
- Más que suponer, como me dijo una amiga, no deberíamos accionar mediante la suposición de lo que deberíamos hacer. 
- Nuestro espíritu querrá expresarse en muchas oportunidades, casi en la mayoría de las veces, aunque el patova del ego esté en la puerta. Esto puede traer, en lo que conozco, dos eventos: rechazo, por el peso que nos da nuestra propia mirada ajena, y el alivio que encarna el disfrute de dejarse ser y ver. 
- Las verdades a veces duelen, pero siempre alivian. 
- Por cada velo que se cae, rebrota una semilla que parecía inexistente. 
- No hay ángeles, pero hay tesoros que son personas, y llegan sin la búsqueda de los mismos.
- La muerte es repentina. La vida también.  
- Cuando el deseo sucede desde el centro de poder, no llevarlo a cabo, puede enfermarnos muy seriamente. 
- El corazón puede doler, pero no durará por siempre, aunque parezca imposible de creer. Que no dure, no significa que desaparezca. 
- El ser humanx necesita aire clarito, agua pura y amplitud en la visión. 
- La zona de confort es la zona de incomodidad. El acostumbramiento es la mayor ilusión. 
- La danza expresa libertades encerradas. 
- Los miedos pueden ser puertas o ventanas o túneles o laberintos. 
- El decreto mental existe. 
- Las máscaras existen. 

Si yo hubiera sabido todo esto, ¿realmente hubiera crecido?. ¿O es este el camino que nos dijeron que íbamos a transitar?.

martes, 19 de enero de 2021

Burrito pal mate

    Tomá
me dice, mientras me entrega un paquetito con yuyos dentro, 
    burrito pal mate.  
 Recibo la bolsa, agradezco, y mientras huelo... pienso: "Y sí, burrito pal mate. Porque todo el mundo sabe que el burrito va pal mate". Pienso, en cuántas cosas sabemos que van de una manera o de otra, (aunque el burrito vaya mucho más que para el mate).
 A mí no me gusta el mate con yuyos. Osea, no me disgusta, lo acepto y disfruto muy de vez en cuando, y solo unos pares de mates, y depende la mano. Pero en realidad, no lo prefiero. Me gusta el mate amargo, de una yerba en particular, y sí estoy en otro universo, me gusta con un poco de café, y un poco de azúcar, porque me hace acordar a la primera vez que tomé un mate cafeinado, con mi abuela.
 "Como cambian los gustos", me digo, mientras recuerdo las épocas oscuras en que tomaba mate con yerba cbc de hierbas serranas, y la asqueada que me pegué. Quizá por eso ahora no me gusta tanto el mate con yuyos, aunque una cosa es muy distinta a la otra. Y entre los cambios de gustos, pienso en todos los gustos que cambié y en los que no, como el helado, que me gusta de chocolates bien intensos y dulce de leche granizado, y nada más. Trato de rememorarme que otras cosas en mí se mantienen igual con el correr de los años, y se me dificulta demasiado la tarea, entonces prosigo hacia los pequeños cambios que han acontecido:
 
 - Las telas me gustan viejas, ya  que son las más suaves y perdurables, con los mejores estampados, y los cortes más originales. 
- La casa me gusta limpia, lo más que se pueda. Con plantas de interior y yuyos colgando. 
- Los sueños me gustan cuando hay presencia de animales que, por suerte, son la mayoría. 
- La mañana me gusta en silencio y deshabitada, o sino, durmiendo. 
- La tarde me gusta. 
- El aire me gusta fresco y frío, en cualquier estación del año. 
- La tierra me gusta monteada, libre y mojada. seca y espinuda, alta e inalcanzable, con secretos y dibujos.
- La música me gusta nueva y sorprendente, y también con historia y reliquias. 
- Los poemas me gustan desconocidos, y los cuentos, fantásticos. 
- Las historias me gustan contadas en primera persona, y en lo posible, cara a cara. 
- La comida me gusta casera, siempre. Y con el ingrediente secreto de mi abuela, que es parte de todes aunque algunes no lo sepan. Casera y degustada por vez primera.
- Los abrazos me gustan íntimos. 
- Los animales libres. 
- Las personas me gustan transparentes y cuidadosas, y por sobretodo, conocedoras de sí mismas.
- Las noches me gustan despierta, con estrellas, y a veces, con tormenta. 
- Los besos me gustan lentos. 
- La mente me gusta descubridora y puesta en jaque. 
- El cuerpo me gusta bailando y haciendo el amor, en ese orden. 
- La piel me gusta suave, fresca por el río, y cálida por el sol. 
- El mate me gusta cebarlo con la pava. 
- El fuego me gusta lejos del monte nativo. 
- La ruta me gusta desierta por momentos, solo para admirarla. 
- Las montañas altas, para que me pongan en sintonía y medida real. 
- Las charlas me gustan sinceras.
- Las manos me gustan haciendo ideas. 
- Las canciones me gustan sentidas. 
- La vida me gusta sentida.
- Los sentidos me gustan a flor de piel. 
- Los sentimientos me gustan a flor de miel. 
- Los espacios me gustan amplios. 
- Los viajes me gustan a paso lento. 
- Las películas me gustan en la cama. 
- Las verduras me gustan de la huerta. 
- Los pensamientos me gustan volando y rizomáticos. 

y el burrito, me gusta floreciendo en el monte. 

sábado, 9 de enero de 2021

Secretos mal guardados I

 ¿Quién se ha creído dueño de mi vida para moldearme de tal manera que, al mirarme al espejo, no veo un reflejo? Desesperadamente busco en todas las formas, simbologías y significados que engloban la palabra espejo, una parte de mí. Aunque sea un retazo de mí... y nada veo. Tal vez mi existencia se ha perdido en algún recoveco de la psique de algún extraño. Tal vez estas manos no sean mías. Tampoco será mío todo lo que creo saber mío, saborear mío. ¿Quién se ha atrevido?
 Mi libertad fue vendida al peor postor. 

 Empiezo a dudar de mi mente. Como si estuviera atrapada en un búnker en lo profundo de la húmeda tierra, en este encierro, mi mente (además de mí misma) se torna mi desconocido carcelero, mi alimento y mi tiempo, el propio búnker, y la húmeda tierra también... una compañera única. Y allá afuera, del afuera que debo suponer, una vida aún más desconocida que mi carcelero, sucede, y de todos los vivientes, ninguno se percata de mi sentir. 

 Hace un rato fui a cosechar yuyos para hacer más sueños, y en el medio del monte nativo, entre tanta vida... me deslicé por el suelo llovido, y no sentí nada. 

  

viernes, 8 de enero de 2021

Kronos

Todo lo que vi, todo lo que soñé.
Los personajes idílicos que alguna vez, en el umbral, interpreté.
Las cientos de imágenes que mi cerebro ha interiorizado.
Todo para este momento,
este preciso, 
precioso momento,
en el que soy, en parte, quien quería ser. 

La otra parte, es la densa autoexigencia que me corrompe el necesario descanso.  Lo banaliza, categoriza, le pone precio a mi cabeza. Me retrae a siglos pasados, donde el corsé era lo que me quitaba el aire, pero nunca la desobediencia, pues la videncia hacía estragos. (Dentro del corsé, también podían esconderse objetos preciados, o herramientas necesarias para la supervivencia. No se reconoce mucha diferencia a hoy día).

Las músicas se mezclan, los orígenes también.
La emoción continúa haciéndose latidos.
Advertencia: La certeza puede doler.

Tengo que volver a viajar. 
La tierra me queda chica, el tiempo me queda chico. Les humanoides también. 
Sin embargo, me esfuerzo. 

El elixir de vida me detiene en el tiempo... puedo ver un futuro que deseo: más elixir, más vida. Más nobleza en las sensaciones y en los sabores. No me interesan vacías cuantías. Puedo con el período de abstinencia, pero debe ser equilibrado, en algún momento, con su exceso como contracara... con la dosis justa. Ya no puedo mendigar el conocimiento previo, no puedo abandonarme por entera hacia la incertidumbre, que no tendrá que ver con el asombro y sorpresa, sino que es parte de la conformación personal la que hace necesaria la previa atención interior, el análisis de las posibilidades. 
Sin prisa, aguardo, como lo hace la Reina de la noche, y de la selva.
Aguardo simplemente,
al preciso, 
al precioso momento, en el que soy quien quiero ser. 


Qué peligro la romantización de la vida. 
No quiero olvidarme, por eso cuelga un viejo vestido en la pared de mi habitación. ¿Podré ser capaz de elegir mis recuerdos?. No por escapatoria a los hechos de la vida, sino por supervivencia. 
¿Por qué en mi hogar siempre co-existe tanta gente?.
¿Quién me espía del otro lado de mi ventana?.
Ojalá las plantas sobrevivan a mí. 

¿Cómo se hace para desapegarse de la historia,
sin correr riesgo de volver a escribirla,
con sangre en la tinta?.
¿Es posible, borrarse a sí misma, y no hacerse cargo del dolor ajeno? Cuando es el dolor ajeno el que más duele...
¿Podré ser capaz de no hablar de mí?.

        


jueves, 7 de enero de 2021

(La/El/Un/Una) últim@ mañana

Veo 

el movimiento de los músculos de tu cara,

veo tus poros,

tu sombra,

tu prohibida piel que se desarma sin etiqueta,

tu respiración en calma 

y los espasmos de tus dedos.


Sin embargo,

tu piel no brilla,

tus ojos no sueñan

y la voz de tu alma, se esconde.


 



lunes, 4 de enero de 2021

3-1-21

Quisiera que, 
al contacto de mi mano,
mi piel se estirara.
Pero no como un acto desesperado de difuminar la experiencia y atarme a la jovialidad,
sino que, 
literalmente mi piel y mis huesos se estiraran:
entonces mi cuello sería tan largo y tan serpenteante,
que una bocanada de aire duraría toda una vida. 

.

.

.

"El tiempo, pasado a través del prisma del individuo, un flujo temporal que se estira, se expande, se retrae y no se puede aprehender externamente". (Vincent, para xulux.fr).  

 - Se me acaba la poesía, ¿Sabés?

- El cupo es limitado a veces.

- Trata vos, a ver si te sale. Vivir por la poesía. 
   Dejarse llevar por las causas naturales, aquellas en las que nada se puede controlar. 

- Me acechan imágenes, pero en este momento... no podría amarme más.                                                                                            

lunes, 21 de septiembre de 2020

Oniria al Demonio Azul

 Despierto inundada de esa sensación tan particularmente incómoda y familiar: 
la nostalgia de tu cuerpo, 
el anhelo del reencuentro, 
la utopía realizada en mis sueños. 

 Detrás de mis ojos se esconden:
un océano furioso,
un recuerdo borroso,
y en mi pecho, un incontrolable incendio.

 Me desespero ante tanta brutalidad de mis sentimientos:
el deseo desdichado, a la penitencia del inconsciente.
Mi humanidad me asquea, 
mi piloto automático, me aterra.

¿Dónde habíanse filtrado estas aguas,
que han producido en el cuerpo,
una considerable pérdida en las reservas? 
¿Cuál es el desvergonzado plan del ángel que mezcla las aguas?

¡Qué bronca y qué pereza!
Hay personas que se te clavan en la mirada, 
otras en el alma,
y otras en las letras.

Se intoxican mis venas
ante la penumbra de tu abrazo
y el fulgor de mi acercamiento.


 

sábado, 5 de septiembre de 2020

Lluvia Primera

 Han pasado seis meses.

Seis meses de verano, otoño e invierno. 

Seis meses de silencio. 

...

Regalarse tiempo y espacio, 
cómo la más primitiva muestra de amor incondicional.
Cómo el más esencial secreto, de esos que se guardan, no en una cajita de cristal, 
sino en la carne, 
en los pies,
en las entrañas y en los recuerdos. 

Regalarse intimidad y silencio, para poder vivir,
atravesar,
crecer,
crear y jugar, 
en la hostil humanidad que nos habita desde el llanto primero, que nos da el respirar. 

Regalarse calma y cuidado, porque sin caricias no hay verdad, y sin verdad no hay real sentimiento. 

Regalarse dulces aguas saladas que recorran todo el cuerpo, que se escurran entre la tierra reseca, haciendo rebrotar semillas abandonadas por el miedo. 

Regalarse el alimento más nutritivo 
que ha de ser la lluvia primera, 
después de los meses de sequía... 
La tan ansiada lluvia primera, 
pero sin neurosis, 
sino naciente de la paciencia, 
del gestar paciencia...

Regalarse vida entre tanta muerte. 
Regalarse amor entre tanto miedo. 
Regalarse tiempo entre tan frenética existencia. 

Regalarse, a una misma, un pedacito de nuestra propia alma.

domingo, 28 de junio de 2020

36:00 / 39:29

Blanco y Negro

De las barricadas al ánima,
de las engorrosas búsquedas internas por un gramo de inspiración,
implora vida.
Alumbra, a medias, un platillo de incómodas luces hospitalarias.
Los sesos tiemblan, la mirada se desvela como perdida en un lenguaje tan extraño...
implora vida.
Resuena en el aire invernal, las cuerdas de cientos de guitarras en una sola. De cientos de personas, en una sola.
Implora vida.
Sombras circulares se espejan en la madera curtida y brillante. ¿Dé que árbol, se ha hecho esta casa?
Se lo imagina, a tientas, entre las informaciones codificadas por saberes mundanos.
Implora vida.
¿Será ésta, la soledad madrugadora, la única verdad? La magnificente verdad...
¿Cuál es la incesante necedad de ser reconocida, vista, realmente vista, aunque sea solo por un pequeño escape de la realidad?
Música del sin tiempo, ¿Por cuántos rincones se te ha buscado?
¿Dónde se esconde, cobarde, tu descendencia? Aquella capaz de reescribir la historia pisoteada por los aún más cobardes...
Implora vida.

La carne danza sola, si se le permite. De sí, se origina un destello de luz entre la densa oscuridad, cómo un cúmulo de lejanas estrellas, suaves, cálidas, vivas en sí mismas.
No existe cultura, aún, que pinte colores, que delimite técnica, a esa independiente danza.

Fríos humanos han buscado insaciable mente al ánima.
¿Cómo es su forma?
¿Dónde se aloja?
¿Cómo se ve?
Ella danza
e implora nada más que vida.

La danza de la tierra,
del mundo,
es el ánima viva.

"Manténgase secreta", susurra un cobarde.
"Que solo los benévolos puedan encontrarla", adhiere otro...
Hablan desde el miedo, con razón, con recelo...

El ánima carece de miedo.
Confía en la vida.

lunes, 15 de junio de 2020

Regeneración de un ave dormida

¿Cómo son tus alas ahora? 
¿Quizá aún aguardan, latentes, bajo tu piel?
¿O acaso son frescas, esplendorosas y cuidadas? 
¿Han brotado, una por una, las plumas que, en conjunto, te permitirán el grandioso vuelo?.

Yo me las he arrancado...
como lo hacen las aves grandes.

En lo alto de la montaña,
me aislé en la cueva más inóspita y oscura que encontré.
Lloré por adelantado mi muerte desolada, pues sabía que vendría.
No hubo ángeles, ni demonios, ni juicio. Tampoco redención, siquiera esperanza.

Una noche, el cielo que hasta entonces había sido calmo y silencioso, comenzó a condensarse.
Gigantes nubarrones contenían en su interior, la furia de las estrellas.
Vibraba entonces la tierra al recibir la electricidad, y retumbaba en la piedra de la cueva como si la tormenta hubiera nacido ahí mismo. Tal vez así lo era...

Cayó la primer gota de agua y entonces lo supe: La Muerte se estaba anunciando.
No hubo trompetas, ni carruajes, no llegó cual reina.
Cerré los ojos, entregada al encuentro, respiré, y los abrí.

El terror me paralizó y el universo desapareció.
Lo único que podía percibir era lo gélido de la cueva, y el vacío infinito de sus ojos.
La Muerte no era un esqueleto, ni tenía hoz, ni túnica. Tampoco era una sombra amorfa, sino todo lo contrario.
Frente a mis ojos, estaba yo misma. Con la carne viva pero con la mirada muerta. No tenía boca, ni orejas. Tampoco sueños ni sentimientos.
Solo la condenante certeza de saberme muerta, en ella y eventualmente, ante ella.
Pues el tiempo es una construcción extraña... porque al verla, pude reconocerme en el pasado, pude entender que sería el futuro y que, con claridad, estaba siendo esa reunión, el presente.
¿Qué es entonces la vida, sino más que un conjunto de ciclos, del que buscamos ordenarlo linealmente? Por más absurdo que suene ese orden...
¿Cuántas veces había muerto antes de este fatal encuentro?
La Muerte se encargó de mostrarme cada una de ellas.

El terror se transformó en la nada misma, pues al verme como La Muerte, al reconocerme como tal, no existía nada más en este mundo que pudiera ser tan horripilante y conocido como esa imagen. Y tampoco podía escaparme...

Nos miramos, ella y yo, durante algún tiempo.
Una parte desesperada, aferrada a la vida.
La otra parte inmutable, desconcertantemente tranquila.
No era esto una guerra, sino el desafío del espejo.

El silencio se transformó en el lenguaje. En mi interior fuí recibiendo las consignas. Primero, golpearía contra las piedras mi pico, hasta que se caiga por completo. Luego, arrancaría mis uñas y mis plumas. Y al finalizar todo el proceso, se develaria mi supervivencia.
No pataleé ni lloré. Siquiera pregunté por qué debía de cumplir con esas tareas tan salvajes.

Comencé por mi pico. A cada golpe, retumbaba en mi mente cada palabra asesina que había vociferado. A cada golpe, un grito de mi corazón herido por las palabras de mis hermanxs. Me golpeé contra la milenaria piedra hasta que hube por completo perdido mi pico.
En el tiempo que tardó en regenerarse, pude meditar sobre la comunicación entre todos los seres que habitan los océanos, los cielos y la tierra.

Con mi pico nuevo, continúe por arrancarme las uñas. La curvatura y fragilidad que habían adquirido me habían vuelto inútil. Todas las presas que había conseguido, me habían alimentado, pero ahora no tenía nada.
En el tiempo que tardaron en salirme las uñas, pude meditar sobre las ilusorias conquistas y el apego parasitário que se retroalimenta.

Lo próximo sería arrancarme las plumas, y hasta entonces, no había puesto oposición al proceso. No quería limpiarme de mis plumas. Me habían llevado por tan magníficos lugares, me habían dado calma en los aires...
Entonces La Muerte, que me había acompañado con su invariable comportamiento, desapareció.
Y ahí quedé yo, mitad muerta, mitad viva.
Mis plumas, viejas y pesadas, aún seguían dándome abrigo. Y tenía mis recuerdos, mis más bonitos recuerdos de libertad. Ya no me importaba morir, mucho menos vivir, pues ya había vivido... mis memorias lo demostraban. Desde lo alto, aún podía seguir viendo el hermoso valle que era mi hogar.
Aferrada a mis alas, cada vez más débil, comencé a delirar. Me estaba dejando morir, y entonces me percaté de que estaba sola, absolutamente sola. Ni siquiera La Muerte se había quedado, yo misma me había abandonado...
Con mis últimos alientos, estiré mis brazos y observé mis enormes plumas. Aún no había muerto, y ya me había desligado de mis palabras y mis garras, no podía morir así, cobarde, ante el engaño de los residuos de libertad. Entonces arranque mis plumas, hasta que mi piel quedó llena de agujeros.
Creí  que moriría de frío, que nunca volvería a volar, ni a sentir la frescura del agua, ni el calor del sol.
En sueños, rememoraba mi vuelo, mis danzas con el viento.

Un día, al despertar, noté las incipientes plumas nuevas. Esparcí sobre mi piel palabras de aliento. Reí suave, con la gratitud de recibir el nuevo día. Entonces, en el fondo de mi mente, se coló una sensación conocida.

La Muerte decía: "Bienvenida".



A las aves grandes, el proceso completo les lleva unos cinco meses. Yo voy por el décimo. Aún no he vuelto a volar.
Aún...

lunes, 8 de junio de 2020

Quiero escabullirme al silencio de la tierra.
Donde no hay hambre, engaños ni guerras.
Donde no hay canibalismo del espíritu ni corre inocente sangre por ordenanzas siniestras.
Donde ningún ser vale por encima de otro, donde el conjunto equilibra la existencia.
Donde el bien y el mal no lo decreta nadie.
Donde la ética y la moral nunca hayan surgido,
que de lo que llaman salvajismo, aprenda que es naturaleza.
Donde los que no tienen depredadores, no se abusan, porque vivir en lo alto implica alimentarse de carroña. O ser grande, rápido y fuerte, implica soledad, caminatas largas y cazar con exito solo una vez por semana, con suerte.
Donde sobrevivir y perpetuar la especie, sea por mandato divino pero sobre todo terrenal, porque cada una de las semillas tienen una misión especial.
Donde, desde los más pequeños hasta los gigantes, desde los casi imperceptibles hasta los conocidos, tienen un objetivo en común, y solo uno: ser.
Y ser no conlleva establecer la supremacía del propio ser. Sino simplemente ser, aunque unos se coman a otros, aunque unos parasiten a otros, que al final se respira el mismo aire y se bebe el mismo río, que eventualmente se unirá al océano.
Que el orden (y la cadena) no es más que un ciclo, que un círculo, que una espiral.
Ningún animal se nutre de los de su misma especie, y si en algún caso lo hacen, es por la causa mayor. Todos los espíritus reconocen su chispa en el fuego universal...

La humanidad me duele, por eso quisiera transformarme en el crujir de las ramas o en una semilla esparcida por la brisa. Pero no me ha tocado, y percibo mi chispa, la siento en lo profundo de mi corazón.
No puedo, consciente o inconscientemente, separarme de la especie. (Al menos no por un largo rato).
Entonces observo. Me confundo, me enojo, me pierdo.
Entonces observo, y creo creer, que la naturaleza del ser humana es el asombro.
La capacidad mental, la razón, es como sostener el cuchillo del lado del filo. Quizás aquello que las grandes mentes han establecido como la evolución ante las otras especies, solo sea nuestra propia fosa. ¿Quién no se ha acribillado a si mismo con sus pensamientos?. Quizás solo sea nuestra propia condena y por ende, nuestro más fatal desafío, por el que como animales no animales hemos de luchar por sobrevivir...
La oportunidad de observar, y solo observar, nos ha comenzado a asfixiar por dentro.
El observar y entender, nos ha dado ideas. Y las ideas, acciones.
¿De dónde nace la idea de que, realmente, podemos conquistar?
Dudo de que una hormiga no tenga consciencia de si misma y del todo que la rodea, es más creo que lo comprende aún mejor que yo misma... Pero la hormiga, supongo, no debe estar queriendo transformarse en humana o en piedra.
Detrás del ser está el ansiado saber que solo aparece cuando no existe el deseo de saber, porque es el deseo el que nubla el corazón.
Mi corazón late, mi útero late. La tierra también.

Asombrarse no es de ilusos. Las experiencias más maravillosas que he vivido han sido gracias a la naturaleza. Amo infinitamente comprender mi tamaño y mi tiempo ante la observación de toda manifestación de la tierra.
La experiencia más cercana a ésta ha sido ver a los ojos a otrx ser humanx.
El asombro es como el silencio de la tierra, siempre estará sonando algo, un aleteo, un viento, una vibración... el único silencio entonces, es el de la mente, que encuentra su verdadero espacio. Y del asombro, nacerá la creación en sí misma. Que la humanidad deje su huella tranquila: Es el arte quien perpetuará, no la especie, sino la vida.
El asombro no significa para mí griterío, ni sustos. Sino ese repentino aire que infla el pecho y que se expande ante lo observado, haciéndose uno.
El asombro es esa chispa del fuego universal, que nos libera de la incandescencia de las llamas conjuntas, a través del aire, hacia la negrura de la noche. Es salirse de las sombras que, apabullantes, nos rodean pero no nos encierran.
Es vital reconectar con la tierra. Observar ya no para sobrevivir, siquiera para vivir (y mucho menos dominar) sino para ser con el ciclo evolutivo natural.

viernes, 5 de junio de 2020

Nací en luna llena

Bajo mi luna, el mundo se divide en siete trenzas.
Cae el pelo,
las lágrimas
y las penas de una, y solo una, de todas las experiencias humanas sobre esta tierra.
Fluyen los ríos, y fluye la sangre mientras que las semillas se entierran aguardando su lugar, sus nutrientes y su recompensa.

Ay... ¿qué serán de estos tiempos tan absurdos?
¿Qué serán de todos los sueños?
¿Tú ya has abandonado los tuyos?

Yo les he puesto en pausa, se los regalo al futuro, como sea que tenga que venir...
Porque eventualmente, ha de venir.
Y mientras tanto, sangro.
Limpio.
Y respiro
este sol de otoño, esta luna casi llena.

°°°

Tres días después,
ahora eclipsando,
sueño con las espinas clavadas.
La piel se muestra limpia, cicatrizada
pero aún sé los puntos exactos dónde se clavaron, una memoria extraña.
Y sé cuánto dolió, cuánto sangró.
Aún sigo sangrando, gracias a la Diosa.

Tres días de sangre.
Una loba bella rodea mi casa,
un gato negro duerme en mi techo.
Mis sábanas son rojas, no temo traspasarlas. Al contrario, me enrosco en ellas.
Dejando de buscar un abrazo protector en medio del frío,
me abrazo,
me beso,
me hago el amor.

Le susurro a mi dedo índice un conjuro.
Recorro mi cuerpa entera con mi dedo, y en aquellos puntos dónde las espinas se han clavado por siempre
freno,
acaricio,
dibujando una espiral me protejo
y continúo.

Al eclipse me suelto con confianza,
con alegría.
Mis guerras son solo mías y mi paz también.
Cuán poco sabemos de las guerras ajenas. ¡Cuán poco!
Ojalá me recuerde esa premisa constantemente...
Por mí y por todxs.

Gracias.

domingo, 10 de mayo de 2020

Yo quiero a mi lado una persona que quiera salir de viaje de vez en cuando,
más de vez que de en cuando...
que disfrute de amaneceres lentos, largos, en silencio
de atardeceres vibrantes y mágicos, de esos que a cada segundo van cambiando.

Una persona que le regale poesías al instante, al viento, al beso
de esas que no hace falta escribirlas
por qué así son
únicas, sinceras, vivas.

Que por telepatía
se ponga una pava
con solo percibir el momento del día.
Que al aprontarle un mate
amargo y con espumita
No se me ría cuando le que cuente que mi abuela decía
que cuando la yerba así se ponía, es porque iba a llover...
que no me lo discuta, ni busque fuentes, que entienda la dulzura
del boca en boca.

Que no se asuste cuando chasquee los dedos,
cuando le pida permiso al fuego
y cuando le susurre rezos a un yuyo.
Cuando le cante humos a la casita o desaparezca al segundo día de mi lunita.
Que haga sus propios rituales y sus magias cotidianas. Que tenga secretitos de cocina y no me los diga, para que sigan siendo suyos y de los suyos...
que desvelemos a la luna llena con nuestras charlas, recuerdos y deseos.

Que cuando me ponga a bailar, baile conmigo
si así lo quiere...
O que baile consigo, y nos podamos sonreír con los ojos
y reír a carcajadas
de inventar un nuevo mundo solo con nuestras danzas.

Que cuando se meta en lo profundo de su ser
se abrace
se mime
y se ame.
Y cuando no pueda
que llore y patalee si hace falta,
que se vacíe por completo, que no sienta nada
para volver a sentir la esencia, la calma del alma, el sabor a casa.
Que sepa que aquí le espero con el corazón latiendo y los brazos abiertos.

Una persona que me cuente cuentos que su propia mente creó
y que no me hable de libros
y mucho menos de Don Juan
a menos que me haga un paralelismo con una vivencia, una emoción, un sueño o una visión.

Que me pueda hablar, cara a cara
corazón a corazón
ego a ego
alma a alma.
Que no se nos entremezclen...
pero que pueda hablarme.
Que me hable con amor, así le puedo entender...
y cuando no, que se banque mi ego dolido, mi niña interna pinchada, o la erupción volcánica de mis palabras. Que me conozca tanto, que sepa que no soy solo eso.
Que soy también el abrazo,
las caricias.
Que soy el perdón y el error, que estamos aprendiendo, que nadie nos enseñó a amar...
Que nadie nos enseñó a amarnos, y aún así, acá estamos
desbordandonos de todo
y qué abundancia más sagrada...
de silencios y respiraciones,
de escalofríos calientes
de imantaciones inexplicables
de besos conocidos, reencontrados
de lenguajes propios, inaudibles e inentendibles para quien se atreva a espiar
de cuerpos siendo cuerpos, cuerpas, canales
a un plano desconocido, a un universo infinito, inexplorado.
de amor haciéndose amor.

Yo quiero a mi lado una persona que quiera caminar conmigo, que no me lleve por delante, ni me tire para atrás.
Que si es necesario frenar, frenemos.
Que si es preciso abrir caminos, abrirlos.
Que si tenemos miedo, tengamos aún más amor.

Una persona que quiera, pero no del poseer, sino de afilar la voluntad, y de entender que el camino, como dicen por ahí, solo se hace al andar.

martes, 18 de febrero de 2020

Los misterios del fuego



¿Será este camino, el principal karma?
¿Levantar la antorcha para iluminar el fuego de sus cuerpos anímicos?

Cualquier reto es, de inmediato, resistir.
Es eliminar Las Tres Montañas: hábitos mecánicos, preconceptos y prejuicios.
Nada menos...

A cada edad corresponde una revolución, pues en el fondo, cuando uno trabaja por convertirse en un templo, la lucha sexual juega un gran papel.

Aquel que nos mira,
descubre que la libertad se integra, se fusiona con la guerra.
El sentimiento rancio y torpe reacciona violentamente, apropiándose de sus principios.

Debemos empezar por, sencillamente, estudiarnos en el pensar.
Muy hondo, muy profundo...
Debemos llegar a sentir, de verdad.
Adquirir un poquito de deleite al ponernos en contacto con el aire.
A crear, a dar nobleza sobre la faz de la tierra.
(Vale la magia)

Mimarte... desenvuelta, despierta
es desembotellar una fracción del alma humana.

Y si nos abrimos, estamos vivos.

miércoles, 12 de febrero de 2020

Ciempiés

Ya no tengo mis pies de ciudad. Los dejé en alguna plataforma de la estación de ómnibus de Retiro, entre la 21 y la 52, si no flasheo. De esto ya han pasado, sorpresivamente, dos años, dos meses y siete días. Aunque me parecen más, como toda una vida.
Los dejé en buen estado, caminados por mucho terreno de la gran city. Mucho cemento y en toda mí gran posibilidad, mucho pasto. Pues mucho también busqué esos espacios.
En parte, han caminado bastante por inercia y por mandato, pero se bicicletearon bastante más por amor y libertad.
Los nuevos pies que en ese momento tuve el placer de estrenar, se viajaron hasta las sierras que desde los 11 años sentí como hogar, aunque no lo hubiera recordado por destino o casualidad hasta los 17 años. Entonces, con mis 21 recién cumplidos fue el mejor regalo que me pude dar. Duraderos y curtidos, se caminaron éstas sierras y muchas más.
Montes frondosos con apariencia de secos, más latentes de tanta vida. Tierras rojas de arcillas madres e hijas.
Absorbieron las memorias de cementerios indígenas. Nieves inesperadas entre rosales a la vera de un enorme lago oceánico. Ciudades colonizadoras de territorios sagrados y ancestrales. Bosques de eucaliptos. Rutas de maíz y ríos verdes cristalinos. Malecones fríos, grises y con un sol inverso. Villas calentitas con aroma a comida casera con el alma de mí abuela. Selvas calurosas, densas y bendecidas con árboles de coca silvestres. Barros, muchísimos barros.
Se han lavado en ríos alucinantes y en mares hasta entonces desconocidos.
Y han hecho el mismo camino, de vuelta hacia la ciudad. Han intentado caminar por esos lares pero de alguna u otra manera, los recuerdos del movimiento continuo hacían demasiada presencia. No eran los mismos pies citadinos, no podía pedirles que se acostumbraran a otra naturaleza. Y aunque doy fé que así lo hice, no pude contenerlos y aquí estamos nuevamente en las mismas sierras.
Ahora mis pies, mis pies... Tienen marcas. Se lastiman solo cuando me debo poner zapatos, literalmente. Tienen otra piel que asegura que si una espina intrusa tiene ganas de hacerse parte de mí cuero, no podrá entrar lo suficiente.
Tengo garras y pelos, solo para hacer de mí camino más sincero.
Andan desnudos la mayoría del tiempo, (salvo cuando mí luna baja, para que mí útero no sé enfríe) sintiendo el suelo. La humedad, el pasto o el yuyo, el camino de las hormigas, las piedras calientes, el agua cristalina, las danzas y sus epifanías. La tierra fresquita después de lo llovido. Las vibraciones...

No sé que hubiera pasado de mí sino hubiera dejado mis viejos pies en la terminal y tampoco es importante. Mis pies de ahora me pueden llevar a dónde sea que lo sienta, mientras lo sienta. Gracias.

Locamente me imagino una terminal de pieses. 
De ciempiéses. 
De sí, de que empieces
De siempreses.
De siembreses.
Ja! 

miércoles, 29 de enero de 2020

Tai Pichin

"Es impagable", pensé esta mañana mientras desayunaba.
Despertarme con la tormenta vibrando la tierra  y volverme a dormir mientras escuchaba cómo caía cada vez más agua.
Entre la vigilia y el sueño, le pedí a los cielos que se lloviera la vida, que a la pacha le viene bien.
Qué en el monte de enfrente hubo un incendio, que le haga un mimo.
Que le dé tiempo a la tierra para absorber, que ayer las higueras estaban pachuchas.
Que se quede, que acá el agua es siempre bienvenida. Que pase, se ponga cómoda. El mate estará más que contento con su llegada.
Hubiera podido quedarme todo el día en ese estado de consciencia intermedio, pero agradecí haberme levantado en el segundo en que salí y respiré monte llovido. Aire puro. Aguas claras.
Mate, lluvia y monte. Viento, silencio, un relinche.
Al sureste, trueno. Al noroeste, clareo.
Tengo la imagen grabada de cómo acá, el cielo gira... Las lluvias pasan, pero a veces no entran.
Y luego dudo si es sureste y noroeste... Porque acá, para mí, las direcciones siempre se dieron vuelta. Todo lo que no era, es. Todo lo que era, ya no lo es tanto. Pasa también que acá la tierra es muy fértil. Las gentes se sienten libres, se vayan o queden, estén un día o toda su vida. Acá se siente que se puede, y si no se puede, se suelta y suceden inmediatamente giros direccionales.
Acá siempre vuelvo. A veces más, a veces menos. Como las lluvias.

jueves, 16 de enero de 2020

Run Run

Vieja alma paga los platos rotos,
letargo inhóspito, enmudecido.
Los soles carcomen mentalidades enroscadas.
Las lunas se adueñan de sueños vacíos.
Robótica carne en movimiento, sonrisas de contrariedad.
Los ojos nunca (nunca) mienten. Se escapan, se velan, pero no engañan. (no pueden).
Esfuerzo en pos del merecimiento,
esperanzas en súplicas al
entardecer oceánico, cansado, mezclado y confundido. Calmo, rendido, suave, presente.
Ideales burdos, bruscos, brutos, brunos.
Parasitosis nostálgica.
Sororidad inexistente, detestada. Falsa.
Desconocimiento de causa, de efecto.
Incertidumbre. (La de la vela en el entierro).
Miedos jueces, iracundos y fecundos.
Fáciles de escuchar. Pues gritan, aconsejan, analizan, adormecen, adornan, debaten, deciden, convencen, proyectan, exteriorizan, murmuran, se infiltran.
Parasitosis nerviosa.
Las horas, esclavizan.
Los compromisos, mantienen y valoran las palabras pero también encierran impulsos.
Las imágenes, asquean.
Las energías, se mezclan.
Las letras, saquean... Minutos.
El cansancio se empodera, se apodera, y la fortaleza (la fuerza de la sutileza) preponderante, prohíbe penas.
Las machaca, las machuca, las chamusca. Las exprime hasta la última gota de flujo blanquecino cayendo sobre las flores del amor, de la relajación, del aroma corazón, del cogollo naciente en la frente.
La Sábila, merma, alivia. La piel enrojecida le suspira, le susurra: "bruja divina". Se entrega entonces (la piel) al cuidado primero, único, verdadero.
El corazón nomás sigue latiendo.
La mente, agotada, se libera.
El espíritu le muestra que ya no es necesario hacer. Pues se es. A la ligera, en quinta o en primera se avanza. Se abalanza la careta, "por el bien común"... el ego se bufa, se burla, se prende. Entra en erupción por dos larguísimos segundos. Se pincha como un globo. ¿Y la careta? ¿Qué es la careta? ¿O es la careta esa, la cara de la tolerancia, de la paciencia?. Del amor. ¿Y los límites? ¿Lo incondicional, existe?.
El ventilador bosteza. Se aburre pero entiende. Es un tipo considerado.
La consideración flaquea.
Aquí todos saben, pero nadie habla. En lo común, en lo social, en el día a día, ninguno se anima. Todos simulan paz. Y está todo mal, está podrido, con resaca. Las palabras ebrias sacan de quicio a las limitaciones del tiempo, del espacio, de los medios. De los segundos previos al abrazo, enroscado, de gusano, de adn, de más allá de todo.
Lo "real"... molesta. Pero se acepta. Se mira cara a cara, o mejor... Ojo a ojo. Y después de mirar, se ve. Y después de ver...

jueves, 26 de diciembre de 2019

Ser extractivista

He concluido que no existen reparaciones para los impactos ambientales. Solo nos queda apostar a un cambio radical de paradigma social. Esto implica la más grande revolución nunca antes vivida. La re-evolución del ser extractivista.
Habiendo nacido en tierras abonadas con penas de exiliados, condenados y tiranos, el surgimiento de una voz por generaciones sectorizada a los estratos más acallados y la fatigada inocencia de la tolerancia, comienzan por inundar el universo fuera de un vaso hace años ya colmado.
Gotas gordas de sangre se filtran desde el húmedo y pantanal suelo hasta el reverdecido monte, expandiéndose a través de los pasos felinos, interrumpidos, obstinados de quién se entrega a un camino donde el futuro, presente y pasado son lo mismo... a menos que surja en cada conciencia una incómoda pregunta: "¿Esto es un sueño?".



lunes, 9 de diciembre de 2019

7


Ahora soy
la melodía proveniente de un sitar
entremezclándose con inentendibles letras de un alfabeto extraño.
Se fue de mi cuerpo la abducción de la masa corporal,
soy todo lo que tengo en este mundo de caminantes...
ciempiés humanos acelerados,
extravagantes y disonantes insectos.
Respeto hacia los mayores androides
que han sido construidos con el mero fin de dejarnos aquí buscando,
nada mas que buscando la misericordia de algún dios inexistente.
¿Qué nos ha pasado que de pronto, tan de repente, nos alejamos del líquido principal que es nuestro propio alimento? ¿Qué hemos estado haciendo?
Después de tantas guerras, hemos vuelto hacia el inicio de la era
y ahora
solo queda dejarse llevar por lo que algunos llaman sensorialidad.
Quizás, después de tantos agigantados pasos errados,
nos regalemos un deseo:
sentir imparcialidad.

Desgaste emocional,
tantos dichos no dichos,
tantas verdades ocultas a la mayoría.
Solo es una espina en la espina dorsal del planeta.
Dame un poco de agua, un respiro de la existencia.
¿Dónde están las letras? ¿¿¿Dónde???

Se mira por dentro para encontrar un poco de paz,
se mira por fuera para hallar verdad.
Reconocer los encuentros,
ver a través de los miedos.
Perdonar es divino ante toda humanidad, perdonar es divino.
Kilómetros aislados, cuando en realidad
estaba todo acá, en mis manos.

Vuelvo a mi humanidad,
a mis palabras con pensamiento,
y entre tanto, tanto, tanto desvelo,
paz.
Para sobrevivir.
Fue durante el atravesar un período interminable de nerviosismo y ansiedad, un sismo en soledad, donde la experiencia humana se encontró con las letras. Se torna entendible, entonces, su necesaria creación.
Vivimos en un mundo de locos porque todas las personas lo están. La locura, nuestra leprosa presencia eterna, se encuentra apartada y desdichada en algún rincón inhóspito de nuestra realidad. O así la quieren encontrar, o así la quieren disipar. Con sutiles, casi imperceptibles engaños, todos los días nos quieren convencer que la locura es sólo de unos pocos miserables humanos de los que hay que apartarse o experimentar, cuando en verdad, habita en todo aquel que respira su propio aire contaminado.

Sentí en mi pecho un golpe tan seco como mis labios suelen estar, resquebrajado, ahogado por la carencia de agua, y en un acto paradójico comencé a llorar . Olvidé respirar y me fui quedando ciega ante todo lo supuestamente tangible a mi alrededor. Lo primero que hice fue escribir algún contenido que vagamente recuerdo. El episodio prosiguió en los siguientes accionares: me teletransporté al piso superior. Sumergí mis manos bajo el perseverante correr del agua de grifo hasta rendirme al sostén de mis rodillas, mojé mis labios, cara, cuello, hombros y coronilla. Armé un tabaco. Me teletransporté al piso inferior mientras recitaba, primero colores y luego animales. Salí a la galería, intenté sentir el aire y no pude. Prendí el tabaco y lo apagué. Sentí la necesidad de tierra, me acosté en el pasto frescamente cortado mientras miraba la creciente luna. Acaricié mi panza y sentí como la tierra me sostenía, me dije mentalmente que la tierra siempre me sostendría, me imaginé siendo absorbida por ella. Me levanté aún más inquieta ante la confirmación de que nada de todo esto servía para atraer calma al alma. Me senté, cerré los ojos y me recordé respirar. Inhalo profundo, retengo 1 segundo, exhalo profundo. Y así, hasta 5, hasta sentir los latidos del corazón. Usualmente comienzo a notarlo en el segundo número 3. Abrí los ojos, y con mi voz me dije: "No sos tu ansiedad". Y poco a poco, la calma al alma fue surgiendo. 

Las secuelas continúan haciéndose cuerpo y mente hasta esta y las siguientes palabras. Por eso son creadas, para sobrevivir. Soy totalmente consciente de cuál disparo fue el causante de la locura: la vacilación sobre qué fue real. "¿Esto es un sueño?"... ¿Lo que mi corazón sintió fue real? ¿Mis experiencias, mis viajes, mis compartires? ¿Las personas? ¿Esa columna es real? Está ahí, la puedo tocar, ¿pero es real?. Ninguna de estas preguntas hallaron respuestas.

En base a mis vivencias, puedo creer (así como también dudar) que toda locura nace de la sensibilidad.
Todo desquiciado es un revolucionario, porque pone en jaque toda la estructura que lo sostiene. Todo aquel que no acepta su propia realidad, primero ideologicamente y luego a través de sus elecciones y movimientos, es un ser revolucionario. Aquel que acepta, aquel que se resigna, se convierte paulatinamente en un pequeño engranaje de esta máquina del tiempo lineal que es nuestra propia destrucción.
Solo el arte es real, y es el lenguaje de los locos. Son las horas madrugadoras, las líneas serpenteantes, las armas cargadas de óleos. Las palabras censuradas y las obras no valoradas.
La música es entonces, el canal más perfecto para toda creación. Todo loco artista tiene en su interior, corazonmente hablando, una melodía que hace de médium... tan única y personal como su obra finalizada. Y aquel ser musical, es quién nos llevará hacia el paraíso terrenal. El corazón habla de ritmos, las manos tienen memoria, los pies son los liberadores del movimiento. Por eso bailar es sumamente importante. Para sobrevivir.
Por eso el arte es tan importante: para sobrevivir a este mundo de locos.

martes, 26 de noviembre de 2019

414

Dame agua, tierra
dame aire, fuego
Dame silencio, ruta
dame calor, frío

Dame todo lo que no quieres darme, que solo quiero lo que no puedes dar, y entonces
solo así
nos podemos amar.

Incoherente reflexión
dame, dame, dame todo.
Quiero siempre más.

Quiero que me des todo lo que no me estés dispuesto a dar. Justo eso, y nada más.

Carente pesar,
vibra la lluvia,
y titilan (cómo estrellas) los grillos.

Empapame de sacrificios,
lameme la resequedad.

Bebe de mi sangre,
atragantate con mi piel.

Ríndete a mis cantos,
implora por más.
Sumérgete en los rincones de mi existir.

Ódiame mucho, tanto como es posible solo por amarme mucho más.

Respirame cerca, con aliento de deseo.
Llorame con fuerza de resignación.

Pídele a Lucifer nunca haberme conocido, y agradecele a Dios por haberte desterrado del Paraíso.

Cuéntame la historia real,
vuelve el tiempo hacia adelante.

Defiendete cuando aparezca en tus sueños,
despabilate bajo la lluvia.

¿Sientes la vibración de los rayos?
¿O le estoy pidiendo magia a un ser humano?

jueves, 14 de noviembre de 2019

• Camino para fundirme en el alba
y a la luna entregarme en calma
Suelo adentrarme sin complejos
en esa transición de astros viajeros.
Miro hacia arriba buscando rimas,
aparece un águila que derriba
todos los inventos de este ego viejo,
y con su volar me invita a volar de nuevo.

A volar, vamos a volar de nuevo
A volar, vamos a volar de nuevo

• Somos el resultado del equilibrio
que nos da el sentirnos vivos,
esos instantes de peligro
que nos anima a gritar: 'yo sigo'
caminando en esta tierra,
nunca dejaré de dejar mis huellas
en cada paso dejo mi vida,
y en cada letra (mueren) mis expectativas.

• En un mundo de caligrafías
solo quiero hacer mi letra chueca,
sólo intento que mi estadía,
sea un poco menos perfecta.
Como los senderos en el monte,
la posibilidades son infinitas
Lo único que te debilita
es creer que solo existe entrada y salida.

• Hacia adentro
quiero escabullirme cuando me pierdo,
y cara a cara ver al reflejo
que me devuelve el afuera incompleto.
Incesante
es la necesidad de volverme errante
al estereotipo de humano amante
que se entrega sin primero amarse.

• El aprendizaje no es lineal,
y para aprender mucho tuve que fallar
Y perder para poder ganar
Lo que te aseguro que es de verdad
Libertad! Para ser,
sea lo que sea que quieras ser,
pero te advierto que para ser
primero deberás dejar de hacer...

• lo que te dijeron que era correcto,
no existe bueno o malo solo supuestos
según la ilusion de los maestros
que admiramos y son solo espectros.
vete con lo puesto a viajar
dejando lo conocido atrás
La sabiduría te va a encontrar
en dónde nunca te atreviste a mirar te

• En esta rola de inspiración
me enrosco sin un gramo de razón,
el movimiento es mi pasión
y el arte encuentro mi corazón.
Voy a cantarte un secreto y si podés escucharlo podés comprenderlo:
la única y real razón
Es que la energía es creación,

• dónde focalices será tu decisión
Y to lo que se presente tu elección
como las águilas sobrevolando
todo en esa vida hacia arriba va girando
Vamos a volar, a volar de nuevo,
Si te fijas bien todo esto es un juego
Yo me voy a ir volando a la vez que elijo seguir caminando


A volar, vamos a volar de nuevo
A volar, vamos a volar de nuevo.
En los retazos de una lluvia fina
se revela una nívea ninfa
Y en los retardos de sus pasos
me encanta con sus mudos cantos.

El aire del suelo se levanta
y con él un aroma a santa
madre tierra pacha mama
Negra y blanca es la plegaria

De los humanos infectados
por el veneno de un sueño malo
Acumular sin saber hasta cuándo me llenaré...

de vacío.
Un par de mimos se escabulleron entre tanta piel
y en ese nuevo terreno poco sabían qué hacer

El respirar se convirtió en su guía espiritual
y el latido del corazón les regaló su voz:

Sube y baja, más rápido y más lento
baja y sube, más despacito te siento

Con sus caritas negras y blancas dibujaron el encuentro
Y luego de un par de intentos conocieron el color

El calor les advirtió: "no se pierdan en la ilusión,
en el contacto está Dios
y en los extremos el adiós".

Sube y baja, más rápido y más lento
baja y sube, más despacito te siento

Tan suceptibles al misterio
estos mimos se atrevieron
a perderse en sí mismos
y olvidarse del tiempo.

"Envolveme en tu mano
acariciame lento",
Le dijo uno a el otro
y en un abrazo se fundieron

Sube y baja, más rápido y más lento
baja y sube, más despacito te siento
Amanezco confundida
¿dormí o jamás desperté?
Tengo frío y eso me confunde aún más.
Doy vueltas e intento dormir, pero la blancura del día atraviesa por las velas del barco y, encegueciéndome, me da la pauta de que hoy no correré la suerte del buen dormir.
Recuerdo la luna llena y le traslado toda la responsabilidad.
Me molesto, cubro mis ojos, y sin tanta intención, revoleo una amatista.
Al escuchar el contacto con el suelo, espero que no se haya partido en pedacitos, aunque al inmediato deja de importarme, porque no puedo dormir... y eso, me quita el sueño.
En esta vorágine, busco un demonio pasado en una canción,
cómo si fuera adicta a todo lo que desvela.
Al escucharla, pienso: "es muy temprano para este rock melanco".
Intento focalizar en las aves, pero en este amanecer parecen estar lejanas. Tal vez ellas también estén confundidas.
No puedo dormir, ya lo he entendido, entonces me decido a levantarme porque quedarme pachorreando se torna incómodo.
Salgo de mi cueva.
Afuera aún no ha salido el sol a calentar las aguas y la tierra, entonces entiendo el frío. Y aunque el norte está despejado celeste motivado, el sur se densifica copando el escenario.
Pongo la pava y ya disfruto por adelantado. En el mientras tanto, divago entre las infinitas posibilidades de dónde tomarme unos mates: afuera, camuflada entre las plantas. Adentro en esa cueva tan mía, o en su entrada que puede jugar de equilibrio entre ambas, porque pues ante todo, opciones varias.
Termino por elegir la cueva, ya que el sol viene y va, y esa inconstancia me enerva. (Al toque pienso que esa inconstancia está sarpada, porque al igual que los días de sol y lluvia, en un momento podemos disfrutar de todas las posibilidades juntas).
Primer mate amargo y el vértigo comienza.
Tomar mate en comunión conmigo misma es como fumar María... Presencia.
Y estando en presencia, justamente, no podemos escapar de nosotrxs mismxs. Y qué rico es escaparse, perderse y olvidarse, y volver para encontrarse y así, así, así. Con mate o sin mate, todxs hacemos lo mismo.
"Las plantas me retornan a mi presencia"...
En mi cueva veo un paisaje típico de  Bolivia. En el teléfono veo el presente de Bolivia. Las imágenes me angustian. Entonces veo mis propias angustias, mis nostalgias y mis dolores. Les doy su espacio pero sin dejar que me carcoman la cabeza. Pero el pecho se oprime, y duele, y siento, siento, siento. Una banda.
"Es muy temprano para este rock melanco", me repito. Casi lloro, pero no quiero robarme mi propia energía. Sí, siento, siento, siento y ya.
Pongo otra pava, parece que la mañana está intensa... y con el agua renovada, esta vez me acerco a la ventana. Ahora sí se escuchan los pájaros.
Se cruza por mi mente la idea de que, tal vez, no hayamos evolucionado de los primates, sino de las aves. Porque somos bastante parecidas... las personas y las aves.
Es el único animal que hace tantos ruidos, y nosotrxs también.
Vuelan, y nosotrxs también.
Estas dos cuestiones me son suficientes para confirmar mi propia teoría evolutiva.
No sé los demáses, pero corazonmente hablando, creo que desciendo de los pájaros.
¿Dormí o jamás desperté?

jueves, 11 de julio de 2019

Siempre siendo joven
hasta para jugar.
Me tomé una exagerada dosis de realidad.
Volví a la descarada edad del sintiempo,
viajé.
Fuí, y me quedé.
Fuí, y me volví.
Ví el pasado
el futuro
y su espíritu espiral.
Me volví vieja
ermitaña
y cascarrabias.
Volví
Tomé otra dosis.
Me hice chiquitita
tanto que cabía perfectamente en el hueco entre mis dedos meñique y anular de mi mano izquierda.
Cuando me encontré, ahí en mi piel,
me arrastre hasta el centro de mi palma.
Me perdí entre las líneas y las leí.
Cerré la mano
y me comí
   otra dosis de mí.
Volví
me reí de la realidad
y volví a jugar.

miércoles, 26 de junio de 2019

Fardo, avena y maíz



La copa de un plátano en forma de canasta, me acuna en el revuelo que me genera haber vuelto.
Con mi cabeza apoyada en la húmeda ventana, cierro mis ojos y huelo Cusco. Despierto asustada, ¿Cómo es, cómo puede ser que huela Cusco? Una extraña mezcla entre aire sagrado y vos.
Voy a dedicarte toda la tinta necesaria para sacarte de mí.
Eterno caminar, querías amor.
La pacha nunca muere y siempre renace.
Y de pronto, el inconfundible perfume de mi bisabuela me invade y pienso... Cuántas rutas perdidas.

Mi insensatez maquinea los míos deseos,
arremolina la energía de mis chakras,
me sopla la oreja,
me enreda el pelo.
Noto entonces cómo me laten los dedos buscando la tuya piel.
Sus marcas y dibujos... 
Tu árbol.
Aparece un recuerdo que creía olvidado, dibujandote tu tierra y tus dedos.
Tus dedos magos y tu brujo árbol.

¿Cómo será ver tus ojos otra vez?
Imagino encuentros casuales: en el subte, en el centro, en el monte y en mi pecho. En una ruta haciendo dedo.
Cómo si el destino tuviera la obligación de rendirse a la insensatez de mis deseos y reencontrarnos sin que hiciéramos demasiado esfuerzo.
De pasada, destinados.

Vagamente te busco y no te hallo.
Demonio Azul, ¿Qué suelo te comió por entero?

El cielo más estrellado, jamás visitado.
Mi única cuenta pendiente es besar tus manos.

martes, 25 de junio de 2019

Atardecer de colores nuevos, dándome paz. 
Nostalgia de amor de antaño, dándome soledad. 

Y así, se le pasa el tiempo

Otra terminal vacía absoluta me cuenta escenas típicas, reencuentros y despedidas. Un amor en particular, triste y pasional, me conmueve hasta mis vidas pasadas, y realizo en cuán difícil es el amor a distancias.

Sumergida en las aves de la ilusión, en las aves que vuelan en contra al viento y tiempo natural, memorizo mi sorpresa ante la conformación de las ciudades.
Tanto suelo y tan pocas miradas sanas.
Van tan rápido.
Van tan lento...

Desenfocadas torcazas copulan irónicamente.
Me despido de mí misma en el ansioso azul oceánico de la noche.
Me beso, me abrazo, me bendigo el retorno.
Me descreo de mi antigua piel, me abrigo del frío invernal.
Me fumo y me lloro con tranquilidad, entonces, me agradezco.
Y de pronto, el oído izquierdo reconoce
el caminar de un lobo viejo.
Despacio pero confiado, me huele.
Se acerca y entrega su cabeza a mis incondicionales caricias.
"Todos somos amor", nos susurro.
En una pitada, el lobo viejo se va.
Yo le veo irse mientras recuerdo lo hermoso que fue verte partir.

En mi letargo, una taza de café es un oasis. No estoy sola. Junto a ellas buscamos una cafetería. Entre árboles, se esconden unas escaleras ...