viernes, 4 de marzo de 2022

Es todo danza y abrazos

Es mío. 
En este momento, es mío.
Todo mío. 
Este momento es mío. 
No le quiero poseer pero, 
en este momento,
le poseo, le poesía, le paseo la piel con mi piel. 
Con mis dedos, trazo sinuosas rutas en la memoria.
Me posee, me poesía y me pasea. 
Me aplasta sin oprimirme. 
Me permite sentir el peso de su cuerpo y la fragilidad de su existencia. 
Me entrega su respirar y su pecho. 
Le rodeo y me rodea. 
Casi como si fuéramos un mismo cuerpo, nos enredamos.
De pies, de brazos, de dedos, de cuello. 
Y, en este abrazo,
quisiera protegerle del mundo entero. 
Entonces, le protejo. 
Acaricio suavemente su pelo 
y más de vez que de en cuando, 
le susurro un beso. 
En silencio le cuento cuentos y sueños. 
Ni míos ni suyos, 
sino de ese mundo que podría ser maravilloso, como este momento. 
Sin miedos, le protejo. 
Y no lo sabe, pero también me está protegiendo. 
Y no lo sabe, pero me abre la puerta
y su mundo es tan suave y tierno...
Entro despacito, no quisiera romper con algo tan bello. 
Mis pasos son calmos, casi que no tocan el suelo. 
Le cuido de mí y me cuida de sí. 
Somos como el monte que nos abriga. Me refiero a que
si bien tiene espinas capaces de enterrarse en la piel
haciéndola arder durante días,
son las mismas hojas que envuelven a las espinas,
las que poseen en sus nervaduras 
el remedio para las mismas. 
Y son sus frutos, y son sus flores tan dulces,
y sus aromas tan frescos. 
Y como el monte, tenemos espinas... Y flores, y besos. 
Tengo espinas, y también tiene espinas. 
Pero, sobre todo,
tenemos abrazos y caricias
y este momento. 
Y no lo sabe pero me inspira
a escribirle, 
a escribirme y a escribirnos. 
Por eso ya no le poseo, se lo entrego al mundo:
Nuestro momento-poesía. 

El hogar de La Garza Blanca (y otros pájaros)

 En un rincón (siempre en algún rincón)
nieva nieve que no hiela. 
Podrían ser retazos de una flor o de un fruto de algodón que viene viajando desde muy lejos. 
O bien, podrían ser miguitas de las nubes que, en este precioso momento, vuelan casi tan rápido como corre el río dorado. En algunos otros rincones de ve rojo o blanco (el río). 
Mientras que el monte comienza
casi imperceptiblemente 
a amarillarse,
las copas de los sauces bostezan amarillo del sol, de tanto tanto sol. 
Al igual que una Mora juvenil que, aferrada a una piedra deslizante, 
es embebida (podría asegurar, en todas las estaciones), por el río. 
"¿Serán blancas o moradas sus moras?", 
le pregunto al futuro. 
Y como al futuro le gustan las adivinanzas, 
en sus pistas,
me pregunta si de verdad quiero saberlo. 




martes, 4 de enero de 2022

La curiosidad que habita

 ¿Podría reordenar aquella carta que rompí entera?.
Unir letras, espacios, puntos
 hasta llegar a su forma original.

O tal vez, 
¿Podría viajar kilómetros solo para no olvidarme?.
Reunir manos, miradas, labios
hasta llegar al hogar que pudimos crear. 

¿Sería capaz de saltar, correr y girar todos los días?. 

¿Podría liberarme de las cadenas que yo misma me puse, con una visualización?.
Las manos danzan en el viento
a medida que se mueven
las cadenas se transforman en hilos
que 
simplemente
van cayendo. 

Algun día, 
¿Podré nadar sin vértigo?. 


O frenar
antes de convertirme en una caníbal de mi misma. 







sábado, 2 de octubre de 2021

Volátil

 Un mar de hojas secas,
un nidito de amor. 
 Un señuelo de lo que puede ser
un regalo,
animarse.
Un delirio, abandonarse. 
 
Detrás, siempre detrás de sí misma.
¿Qué pasaría si se situara a su lado? De su mano. 
 Mirar de lejos para poder enseñar sobre el tiempo y el caminar,
comprender la querencia de ser y reciclarse.
Engorroso transformarse con la mente de guía. 
Un mar de confusiones y ya no más de
simples
hojas
secas. 
 
La trivialidad del destino que nos anima a descubrir lo oculto, lo divino. 
Todo lo presente abarcando retazos, secretos, mundillos. 
 Regaliz y un té, 
te desconozco,
desconocido conocido. Coincido en el
volver. 

 Reunir la fuerza suficiente para no arrastrar los pies, aunque el sol brille demasiado,
aunque queme lo mundano,
le dé fuerza,
le dé forma y le dé poder. 
 
Perseguir el rastro de las letras como un náufrago a su retrato aguado,
sin olvidarse de que, en algún lugar hay tierra. Debería. 
 Que el plástico se convierta en un recuerdo de la falta de lucidez y de la carencia de amor hacia lo eterno. 
 Los gusanos que hoy me comen la piel están esperando, pacientemente, que yo llegue a su clímax y así deleitarse con su propia implosión,
la que generará mas vida vacía,
casi como una estrella sin observador. 

Que el ciclo siga dando vueltas,
mientras tanto yo,
le daré hojas y tinta. 

lunes, 13 de septiembre de 2021

Tender entrance

 Qué diminuta se me vuelve la vida cuando
me desaparezco en la palma de mi mano,
olvidándome de todas las otras partes de mi cuerpo. 
 Qué corta se me vuelve la vida cuando quiero empuñar el tiempo,
mientras éste se me escurre ágilmente casi sin poder reconocerlo.

¿Dónde estoy yo?
¿Dónde está mi danza?
Y, ¿Dónde está el escarabajo hecho de tinta?


 
Mientras tanto, 
el Mundo de las Ideas se disipa ante una brisa con aroma a Espinillo. 
¿Cómo podría pensarme capaz
de encapsular esta emanación de la naturaleza
solo por hacerla incluso más eterna?


Los vientos de Agosto hacen girar en reverso La Rueda de la Fortuna,
Quisiera poder tomar a la polilla
y liberarla dulcemente a la noche. 
retornándome a la niebla del ayer.  Cuánto frío. 
Y en un vistazo, podría dibujar el mapa de mi ruta recorrida
con la misma claridad que el patrón de las alas de la polilla que descansa en mi manto. 

Una multitud de plantas en agua,
de pianos y de semillas 
velan la puerta roja de mi chocita. 

Y un monte nativo.
Qué tierna entrada. 

 

sábado, 24 de julio de 2021

 Mais agora, neste isntante,
 onde a luz é responsável de fazer entender que 
não se leva mais do que eleva,
parece que a vida é um pouco menos sombria:

uma travessura de amor,

um triângulo de abacaxi,

um turbante colorido,

sete minutos para o entardecer,

o agua limpa

e o coração calmo.

 De vez en cuando me pongo a cantar
y de un salto me animo a sondear 

 Un mar de palabras que solo dan sed,
en la madrugada mi canto será un grito de fe. 

 En mi alfombra mágica me iré, sin destino ni rey,
Flor de Maracuyá, dónde estás que no te puedo ver (tu fruto probaré)

¡Ay de mí!, de mi latir. 
    Que alboroto en el corazón. 

¿Qué sería de mí sin la lluvia? 
Un vacío, un desierto. 
Un ánima petrificada. 
Un cuerpo del que nacen las sequías. 
.
.
.

 Ayer fue la segunda lluvia en lo que va del retorno de las aguas.
Ensimismada en mi savia me sorprende más que nunca
cómo el sujeto y el entorno se mimetizan
no por influencia
sino por resonancia. 
.
.
.

Un escrito, 
solo era necesario un escrito de los verdaderos para poderme tranquilizar la vida.
La vida como ciclos se descostilla ante la desesperación que trae la incertidumbre.
Pero la incertidumbre creativa... como me hizo penar.,
creí haber muerto por siempre y que así seria mi fatídico final: seguir viva sin poder crear.
Me ha salvado la franqueza. 



ensimismada

jueves, 22 de julio de 2021

 Borré nuestras fotos unos días antes de que te fueras.
Así mismo, los emails. 
Quizá me despedí de ante mano. 
Nunca nos despedimos. 

 Busqué retazos de tu vida 
en una vida que yo no conocía. 
Reconocí todos los lugares. 
Entendí que, esos lugares eran tuyos. 

 No me queda nada más que un sabor
entre insulso y amargo. 
"Lo que vivimos, se fue con vos", 
decreté prematuramente.

 No puedo asegurar haberte conocido.
Ideo que, tal vez, supe de tus aspiraciones,
alguna experiencia lejana, algún dolor presente...
Aunque conocí tus lugares.

 Aún sigo escribiendo, eso te lo agradezco. 
Aún sigo fumando, eso quisiera devolverlo.
A veces veo pedazos de tu carne, aunque no puedo asegurar su bienestar. 
Vi a tu, supongo, último amor... me corrió la mirada. Eso lo entiendo.

Lloré casi sin lágrimas. 
La desaparición humana parcial me genera tanta extrañeza. 
Me pregunto si se pueden olvidar a las personas. 
Ideo la ocasión en que reaparezcas sorpresivamente en el futuro, como si te escondieras en algún recoveco de mi mente, aguardando...

 Quizá también, podría callarte como un secreto.
Tus palabras aún me duelen. 
Intento rememorar si, en alguna charla, concebiste este giro de la vida como una posibilidad. 
Por certeza yo no lo hice.

 Ignoro completamente qué podrías haber pensado en tus últimas bocanadas de aire. 
Creo que te gustaría esta palabra: bocanada. 
Me pregunto si te arrepentiste de haberte alejado de lo que sentías tan esencial. 
Me pregunto en qué podría pensar yo en ese momento. 

 Antes de que te fueras, sentí tu intromisión en todos los planos. 
Una madrugada, te desterré de mis sueños.
No sé si quisiste decirme algo pero ya no era necesario. 
No recuerdo la última vez que hablamos pero sí la que te vi. No fue placentero. 

 Encontré una frase vieja que nació en uno de tus lugares:
Lograr ser
con el viento
y las nubes que aleja.

 
Buena retirada. 

domingo, 11 de julio de 2021

 ¿Podrías darme tu mano? 

Quisiera leerla, 
línea por línea, marca por marca. 
Quisiera ver 
los rastros que te ha dejado el monte y
las huellas de tu vida en tus huellas.

Quisiera que mi mano sea cuenco de tu mano,
para acercarme despacito y abrigar cada rincón desolado con caricias. 

 Se lo que dí
me detuve
a amarte

 Que la luna siga abriéndose camino por mis ventanas, 
cultivando visiones y protegiendo mis sueños. 
 Que mis expectativas no se conviertan en mercenarias de mi corazón, 
bajo las órdenes de mis carencias. 
 Que no se apague mi fuego y que siempre haya un plato de comida caliente y casera esperando por mi guata. 
Que los colores no se extingan y que nunca vuelva a creer que lo harán si solo bajan su saturación tras un par de días nublados.
 El llanto, que sea cuando sea que se sienta, 
que no me permita aplacarlo con la fortaleza como quimera. 

 Que la ternura es el vehículo, y no hay nada mas humano que la fortaleza de seguir, 
más que la fragilidad de ser. 

.

.

.


Comprendí que podría darme cátedra a mí misma de la adaptación del hogar. Mi madre habrá llegado a tantos lugares que parecían no serlo... sin embargo, logró con maestría enseñarme a crearlo, adornando esquinas viejas y quebrantadas con pañuelos de seda que contaban historias en sus dibujos. 
Lograr que cada espacio que se habita sea nuestro hogar, sana el alma. 

.

.

.


¿Qué tanto poder puede tener la carencia
 como para nublar la visión
ante la magia que existe en el movimiento?.

Nido

 Un pequeño cisne se abre paso y vuelo desde la copa de un quebracho juvenil. 
Todavía queda monte...
 Se respira un viento cálido que hace de este día, de los más inusuales. 
 La vida, como una colección de rincones calmos y, aunque otoñe, siempre verde. 
 El agua clara siendo hogar y su caudal, 
canción de cuna para la adultez. 
 El sol del lado contrario, un secreto: algunos humanos se andan eclipsando. 
Todavía queda monte y tantos, tantos pájaros. 
 La soledad como compañera 
y los miedos, siempre latentes, como alertas. Pero ante todo, la entrega al monte y la confianza en su protección. 
El silencio que habilita la escucha del sonido natural. 
La tranquilidad de estar... en este punto de la tierra que, hace años, me libera.  

viernes, 9 de julio de 2021

 

— Solo quiero estar en un minuto silencioso, en la imponencia que me presenta la ruta.
 Ese minuto, ¿a cambio de qué?.
 (Pienso qué es lo más valioso que podría ofrecer)
— A cambio de mi vida. — manifestó después de haber pensado en lo más valioso que podría ofrecer. 

Los imparables recuerdos invadieron mi meditación.
Me hundí en mi intimidad buscando una imagen nueva:
una ruta que no conociera.
  La inventé.
El día sucedió como en cámara rápida, rastreando qué momento quería vivenciar.
  Elegí amanecer.
A mis costados, planicie.
A mi norte, cordón montañoso.
En todos mis puntos, soledad y silencio.
Acudí entonces a mis recuerdos: La sensación.
 Ese vértigo primario: aventura, despedida, confianza, sentir que es el momento justo, la incertidumbre, apertura, fe. Tanta fe. Sentir como la adrenalina avanza sobre todo tu cuerpo sin moverte más que para respirar la inmensidad… debe de ser un don.
Estoy en un minuto silencioso.
Me digo: “voy a atesorar esta imagen siempre”.
Me digo: “no puedo vivir de añoranzas”. 

Entonces la lágrima más lenta y pesada del mundo comienza a caer desde mi lagrimal derecho. Lo que se dice, realmente densa. Recorro con ella mi cara. Próxima a mi boca, la junto con mi dedo índice derecho. La tengo… la veo. Es tan densa que su cuerpo parece hecho de óleo. Brilla. Carga mucho. La veo... y me la como. La saboreo pero no siento su sal. No es una lágrima cualquiera, es un elíxir de minuto silencioso.
Es, enteramente, mía.

martes, 22 de junio de 2021

 Elevar el vuelo.
Ser una extraña al paso del tiempo. 
¿Cuántos desnudos ya no habrá en el río?
¿Es esto, acaso, una despedida?

Irse dentro, hacia lo profundo, tan lejos que nadie te reconozca.
¿Cambiaría la dolencia de lo cierto por la felicidad que la ignorancia proveía en ese momento?

sábado, 5 de junio de 2021

Oniria al Demonio Azul II

 

¿Qué acaba de suceder?
 Un juego absurdo entre la menguante memoria y el desalmado e imparable olvido.
La sensación de pérdida que, entre sueños siempre me agota, dibuja bosquejos de tu forma que terminan por dejarme deambulando en un laberinto conocido: Lo real o mi visión de lo real.
 Confieso espiarte de vez en cuando, como un fantasma decidido a no abandonar su placer terrenal. El ya no conocerte, es el ultimátum.

 Ser jóvenes e ignorantes bajo el velo del viaje,
de sentir todo tan a flor de piel hasta que los pétalos se caigan y sean abono,
las eternas calles cargadas de historia, un mapa imposible de dibujar,
el vagar esperando encontrarte a la vuelta del callejón más turbio, en un sucucho de rock nacional donde el hogar se sintió más cercano…
las subidas, las bajadas, el amor y el miedo,
el halcón satisfecho y listo para bendecirnos bajo la luna llena
y mi consciencia apartando el deseo,
cuánto deseo…
tu voz se disipa en cada onírica imagen, aunque tus manos… tus manos permanecen imborrables.


 Este personaje, este arquetipo se ha convertido en mi demonio preferido, mi musa anónima, la adicción de mi inconsciente. Y aunque el día se convierta en condolencias, la penumbra de tu abrazo continúa siendo el deleite más descarado que tengo.

sábado, 22 de mayo de 2021

Balanza lunar

 La luna siempre me encontrará, 

aunque yo me crea 

que juego muy bien a las escondidas.

Aunque crea conocer su trayectoria, desarmará las direcciones 

para escurrirse a mi ventana. 

A mí nueva ventana...

y yo estaré ahí, obnubilada ante tanta lucidez,

y tanta pequeñez...

Me desvaneceré en mi cama sin intenciones de dormirme, y vagamente, intentaré describir una de las pocas sensaciones recurrentes: 


Ninguna sombra me asusta, 

si no que, por el contrario, las invito a pasar...

La mirada lunática se me transforma, y en su foco, desenfoco la oscuridad que va aumentando. 

Entonces, puedo percibir como van copando el escenario

y hasta llego a creer que se podrían comer la luna entera (las sombras), 

y en un momento, cuando parece que esto último podría suceder, 

la luz lo invade todo, como un relámpago... tan rápido que la oscuridad desaparece, 

y puedo ver el monte nuevamente, 

y escuchar el canto de ese pájaro que continúa siendo un misterio, 

y puedo verme viendo la luna, buscando los cráteres conocidos. 


Entonces, la sensación vuelve a comenzar, 

y así... 

Hasta que me despierte el día.

domingo, 25 de abril de 2021

 Un motor que no se apaga y una luz movida por el viento.
 La ciudad mojada, un otoño tardío. Una luna tardía... pero incipiente. 
 Sueños tan activos como los deseos. 
 
 Me propongo un desafío: ver tu mirada en todas las miradas, para que el dulce amor que te entrego, se expanda. 

 
 

martes, 9 de marzo de 2021

Hogar

 Me traigo matecitos a mi cama como un mimo, como un regalo. Como un despertar tranquilo en la intimidad de mí refugio. 

Mí refugio: la cama, la casa, el patio. No recuerdo haber adorado de tal manera un espacio. Afuera de todo lo demás, adentro de dentro mío. 

Y afuera, todo lo demás. La hostilidad humana y el tiempo veloz que se me escapa.

Lo pequeño del pueblo que me ahoga, confunde y encierra y lo grande del monte que me libera. Las personalidades que soy, que son... Y el sol, aún no sale.

Qué quiero, qué muestro, qué doy y qué estoy dispuesta a recibir. El silencio está cerca, después de tanto alboroto. Qué placer. 

Otoñar, menguar, el fuego y el hogar. ¿A dónde estaré yendo?. 





lunes, 25 de enero de 2021


Entre las ramas de un olivo, dejé mi sorpresa. Por eso ansío la temporada de cosecha... 

 Solía pensar que el crecimiento, que el camino hacia la adultez, tenía que ver con cuentas a pagar, trabajos que adviertan cierto estilo de vida (con el privilegio de condiciones que nos permitan elegir), con la formación de una pareja "estable" sin preguntar tanto que significa eso, con procrear, con mantener la salud física, con divertirse de vez en cuando pero justo lo que se debería... y sí, un poco tiene que ver con todo esto y aún más, pero no esencialmente. Hay tanto más, y tanto más profundo, que no nos haría mal a las generaciones que estuvimos entrando y entrarán en esta etapa, un poco más de información. Para así adentrarnos con un poco más de claridad... o eso me hubiera gustado que se me dijera, o es lo que me gustaría compartir. 

 Me he convertido en mi propia salvadora. Ningún dios, ningún ángel vino a salvarme cuando rogué por asistencia. Al final del asunto, dentro de los pozos más inhóspitos, sumergida en las aguas más turbias y densas, en los desiertos donde los rayos del sol encienden la tierra, estaba yo y nadie más que yo, y éste es el viaje más difícil que sigo atravesando. Creo que la parte más dura, la más incomprensible, sucede cuando nuestra vida se ve tan afectada y moldeada por las decisiones de otras personas. Que no se malentienda, en general, no suelo delegar mis decisiones a los demás... aunque sí escucho visiones ajenas. Me refiero a esas decisiones que personalmente han elegido terceros, que directamente nos afectan, sobre todo en la niñez o en momentos de confusión, estando tan sensibles al entorno. No quiero referirme desde un lugar de resentimiento y juzgamiento, aunque así pueda sonar. Sino más bien, desde un lugar de espectadora de mi propia vida, en relación con la vida de los demás. 
 La duda, ha conformado y delimitado más caminos de los que me gustaría haber tomado, y es parte de mi crecimiento, dejar de dudar. Pero qué difícil es dejar de dudar, cuando ciertas decisiones en el presente, tiene tantas posibilidades de generar universos en el futuro inmediato y lejano... y cuántas de esas posibilidades, por más que lo intentemos, no se nos ocurren o no son conscientes. Y aún más difícil cuando sabemos que es el dolor, quién guiará todos esos imaginados caminos.  
 En este momento, una grieta se ha abierto. Puedo imaginar realidades paralelas, puedo tratar de ver la red que forma el todo (aunque no sé si realmente me acerco), y sin embargo, este lugar tan cómodo que es la duda convertida en hogar, comienza por paralizar mis piernas. Entonces comprendo, la necesidad del tiempo dilatado, no para sobrepensar y dar vueltas, sino para tratar de decidir con cierta consciencia. 
 La ansiedad, como contraparte, me juega siempre una mala pasada. ¿Cómo se abandonan los viejos hábitos que en algún momento nos han permitido sobrevivir?. ¿Se puede confiar en la impulsividad de una acción contraria a la conocida?. En el camino de la adultez, ¿existen las treguas de la vida?. 

 Algunos temas de los que me hubiera gustado ser advertida son los siguientes:
- La certeza de que las certezas se posicionarán sobre la torre cayendo. 
- El movimiento es lo único constante. Aplica para los hogares, los gustos, pero sobre todo, para las personas. Y al ser ésta la constante, es imposible tratar de limitar el movimiento, además de ser un acto egoísta y carente. Aplica, sobre todo, a nosotrxs mismxs. 
- La sorpresa es el vehículo de la pasión.
- La pasión puede ser la perdición si se la idealiza. 
- Cuando se cree que no se puede, casi seguro se pueda más, pero el poder más queda en vos. 
- Está permitido abandonar el juego cuando éste duele. Y es menester, saber las reglas del juego antes de jugar.
- Nunca sabremos por entero, las victorias y las guerras de las demás personas. La única pista, son sus ojos y nuestra vibración, lo más despersonalizada posible. 
- Los cuidados no son cuidados si son mentiras. 
- La verdad es una percepción subjetiva, y aunque tengamos la múltiples verdades, será imposible acceder a esta, si no escuchamos con el corazón. 
- Más que suponer, como me dijo una amiga, no deberíamos accionar mediante la suposición de lo que deberíamos hacer. 
- Nuestro espíritu querrá expresarse en muchas oportunidades, casi en la mayoría de las veces, aunque el patova del ego esté en la puerta. Esto puede traer, en lo que conozco, dos eventos: rechazo, por el peso que nos da nuestra propia mirada ajena, y el alivio que encarna el disfrute de dejarse ser y ver. 
- Las verdades a veces duelen, pero siempre alivian. 
- Por cada velo que se cae, rebrota una semilla que parecía inexistente. 
- No hay ángeles, pero hay tesoros que son personas, y llegan sin la búsqueda de los mismos.
- La muerte es repentina. La vida también.  
- Cuando el deseo sucede desde el centro de poder, no llevarlo a cabo, puede enfermarnos muy seriamente. 
- El corazón puede doler, pero no durará por siempre, aunque parezca imposible de creer. Que no dure, no significa que desaparezca. 
- El ser humanx necesita aire clarito, agua pura y amplitud en la visión. 
- La zona de confort es la zona de incomodidad. El acostumbramiento es la mayor ilusión. 
- La danza expresa libertades encerradas. 
- Los miedos pueden ser puertas o ventanas o túneles o laberintos. 
- El decreto mental existe. 
- Las máscaras existen. 

Si yo hubiera sabido todo esto, ¿realmente hubiera crecido?. ¿O es este el camino que nos dijeron que íbamos a transitar?.

martes, 19 de enero de 2021

Burrito pal mate

    Tomá
me dice, mientras me entrega un paquetito con yuyos dentro, 
    burrito pal mate.  
 Recibo la bolsa, agradezco, y mientras huelo... pienso: "Y sí, burrito pal mate. Porque todo el mundo sabe que el burrito va pal mate". Pienso, en cuántas cosas sabemos que van de una manera o de otra, (aunque el burrito vaya mucho más que para el mate).
 A mí no me gusta el mate con yuyos. Osea, no me disgusta, lo acepto y disfruto muy de vez en cuando, y solo unos pares de mates, y depende la mano. Pero en realidad, no lo prefiero. Me gusta el mate amargo, de una yerba en particular, y sí estoy en otro universo, me gusta con un poco de café, y un poco de azúcar, porque me hace acordar a la primera vez que tomé un mate cafeinado, con mi abuela.
 "Como cambian los gustos", me digo, mientras recuerdo las épocas oscuras en que tomaba mate con yerba cbc de hierbas serranas, y la asqueada que me pegué. Quizá por eso ahora no me gusta tanto el mate con yuyos, aunque una cosa es muy distinta a la otra. Y entre los cambios de gustos, pienso en todos los gustos que cambié y en los que no, como el helado, que me gusta de chocolates bien intensos y dulce de leche granizado, y nada más. Trato de rememorarme que otras cosas en mí se mantienen igual con el correr de los años, y se me dificulta demasiado la tarea, entonces prosigo hacia los pequeños cambios que han acontecido:
 
 - Las telas me gustan viejas, ya  que son las más suaves y perdurables, con los mejores estampados, y los cortes más originales. 
- La casa me gusta limpia, lo más que se pueda. Con plantas de interior y yuyos colgando. 
- Los sueños me gustan cuando hay presencia de animales que, por suerte, son la mayoría. 
- La mañana me gusta en silencio y deshabitada, o sino, durmiendo. 
- La tarde me gusta. 
- El aire me gusta fresco y frío, en cualquier estación del año. 
- La tierra me gusta monteada, libre y mojada. seca y espinuda, alta e inalcanzable, con secretos y dibujos.
- La música me gusta nueva y sorprendente, y también con historia y reliquias. 
- Los poemas me gustan desconocidos, y los cuentos, fantásticos. 
- Las historias me gustan contadas en primera persona, y en lo posible, cara a cara. 
- La comida me gusta casera, siempre. Y con el ingrediente secreto de mi abuela, que es parte de todes aunque algunes no lo sepan. Casera y degustada por vez primera.
- Los abrazos me gustan íntimos. 
- Los animales libres. 
- Las personas me gustan transparentes y cuidadosas, y por sobretodo, conocedoras de sí mismas.
- Las noches me gustan despierta, con estrellas, y a veces, con tormenta. 
- Los besos me gustan lentos. 
- La mente me gusta descubridora y puesta en jaque. 
- El cuerpo me gusta bailando y haciendo el amor, en ese orden. 
- La piel me gusta suave, fresca por el río, y cálida por el sol. 
- El mate me gusta cebarlo con la pava. 
- El fuego me gusta lejos del monte nativo. 
- La ruta me gusta desierta por momentos, solo para admirarla. 
- Las montañas altas, para que me pongan en sintonía y medida real. 
- Las charlas me gustan sinceras.
- Las manos me gustan haciendo ideas. 
- Las canciones me gustan sentidas. 
- La vida me gusta sentida.
- Los sentidos me gustan a flor de piel. 
- Los sentimientos me gustan a flor de miel. 
- Los espacios me gustan amplios. 
- Los viajes me gustan a paso lento. 
- Las películas me gustan en la cama. 
- Las verduras me gustan de la huerta. 
- Los pensamientos me gustan volando y rizomáticos. 

y el burrito, me gusta floreciendo en el monte. 

sábado, 9 de enero de 2021

Secretos mal guardados I

 ¿Quién se ha creído dueño de mi vida para moldearme de tal manera que, al mirarme al espejo, no veo un reflejo? Desesperadamente busco en todas las formas, simbologías y significados que engloban la palabra espejo, una parte de mí. Aunque sea un retazo de mí... y nada veo. Tal vez mi existencia se ha perdido en algún recoveco de la psique de algún extraño. Tal vez estas manos no sean mías. Tampoco será mío todo lo que creo saber mío, saborear mío. ¿Quién se ha atrevido?
 Mi libertad fue vendida al peor postor. 

 Empiezo a dudar de mi mente. Como si estuviera atrapada en un búnker en lo profundo de la húmeda tierra, en este encierro, mi mente (además de mí misma) se torna mi desconocido carcelero, mi alimento y mi tiempo, el propio búnker, y la húmeda tierra también... una compañera única. Y allá afuera, del afuera que debo suponer, una vida aún más desconocida que mi carcelero, sucede, y de todos los vivientes, ninguno se percata de mi sentir. 

 Hace un rato fui a cosechar yuyos para hacer más sueños, y en el medio del monte nativo, entre tanta vida... me deslicé por el suelo llovido, y no sentí nada. 

  

viernes, 8 de enero de 2021

Kronos

Todo lo que vi, todo lo que soñé.
Los personajes idílicos que alguna vez, en el umbral, interpreté.
Las cientos de imágenes que mi cerebro ha interiorizado.
Todo para este momento,
este preciso, 
precioso momento,
en el que soy, en parte, quien quería ser. 

La otra parte, es la densa autoexigencia que me corrompe el necesario descanso.  Lo banaliza, categoriza, le pone precio a mi cabeza. Me retrae a siglos pasados, donde el corsé era lo que me quitaba el aire, pero nunca la desobediencia, pues la videncia hacía estragos. (Dentro del corsé, también podían esconderse objetos preciados, o herramientas necesarias para la supervivencia. No se reconoce mucha diferencia a hoy día).

Las músicas se mezclan, los orígenes también.
La emoción continúa haciéndose latidos.
Advertencia: La certeza puede doler.

Tengo que volver a viajar. 
La tierra me queda chica, el tiempo me queda chico. Les humanoides también. 
Sin embargo, me esfuerzo. 

El elixir de vida me detiene en el tiempo... puedo ver un futuro que deseo: más elixir, más vida. Más nobleza en las sensaciones y en los sabores. No me interesan vacías cuantías. Puedo con el período de abstinencia, pero debe ser equilibrado, en algún momento, con su exceso como contracara... con la dosis justa. Ya no puedo mendigar el conocimiento previo, no puedo abandonarme por entera hacia la incertidumbre, que no tendrá que ver con el asombro y sorpresa, sino que es parte de la conformación personal la que hace necesaria la previa atención interior, el análisis de las posibilidades. 
Sin prisa, aguardo, como lo hace la Reina de la noche, y de la selva.
Aguardo simplemente,
al preciso, 
al precioso momento, en el que soy quien quiero ser. 


Qué peligro la romantización de la vida. 
No quiero olvidarme, por eso cuelga un viejo vestido en la pared de mi habitación. ¿Podré ser capaz de elegir mis recuerdos?. No por escapatoria a los hechos de la vida, sino por supervivencia. 
¿Por qué en mi hogar siempre co-existe tanta gente?.
¿Quién me espía del otro lado de mi ventana?.
Ojalá las plantas sobrevivan a mí. 

¿Cómo se hace para desapegarse de la historia,
sin correr riesgo de volver a escribirla,
con sangre en la tinta?.
¿Es posible, borrarse a sí misma, y no hacerse cargo del dolor ajeno? Cuando es el dolor ajeno el que más duele...
¿Podré ser capaz de no hablar de mí?.

        


jueves, 7 de enero de 2021

(La/El/Un/Una) últim@ mañana

Veo 

el movimiento de los músculos de tu cara,

veo tus poros,

tu sombra,

tu prohibida piel que se desarma sin etiqueta,

tu respiración en calma 

y los espasmos de tus dedos.


Sin embargo,

tu piel no brilla,

tus ojos no sueñan

y la voz de tu alma, se esconde.


 



lunes, 4 de enero de 2021

3-1-21

Quisiera que, 
al contacto de mi mano,
mi piel se estirara.
Pero no como un acto desesperado de difuminar la experiencia y atarme a la jovialidad,
sino que, 
literalmente mi piel y mis huesos se estiraran:
entonces mi cuello sería tan largo y tan serpenteante,
que una bocanada de aire duraría toda una vida. 

.

.

.

"El tiempo, pasado a través del prisma del individuo, un flujo temporal que se estira, se expande, se retrae y no se puede aprehender externamente". (Vincent, para xulux.fr).  

 - Se me acaba la poesía, ¿Sabés?

- El cupo es limitado a veces.

- Trata vos, a ver si te sale. Vivir por la poesía. 
   Dejarse llevar por las causas naturales, aquellas en las que nada se puede controlar. 

- Me acechan imágenes, pero en este momento... no podría amarme más.                                                                                            

lunes, 21 de septiembre de 2020

Oniria al Demonio Azul

 Despierto inundada de esa sensación tan particularmente incómoda y familiar: 
la nostalgia de tu cuerpo, 
el anhelo del reencuentro, 
la utopía realizada en mis sueños. 

 Detrás de mis ojos se esconden:
un océano furioso,
un recuerdo borroso,
y en mi pecho, un incontrolable incendio.

 Me desespero ante tanta brutalidad de mis sentimientos:
el deseo desdichado, a la penitencia del inconsciente.
Mi humanidad me asquea, 
mi piloto automático, me aterra.

¿Dónde habíanse filtrado estas aguas,
que han producido en el cuerpo,
una considerable pérdida en las reservas? 
¿Cuál es el desvergonzado plan del ángel que mezcla las aguas?

¡Qué bronca y qué pereza!
Hay personas que se te clavan en la mirada, 
otras en el alma,
y otras en las letras.

Se intoxican mis venas
ante la penumbra de tu abrazo
y el fulgor de mi acercamiento.


 

sábado, 5 de septiembre de 2020

Lluvia Primera

 Han pasado seis meses.

Seis meses de verano, otoño e invierno. 

Seis meses de silencio. 

...

Regalarse tiempo y espacio, 
cómo la más primitiva muestra de amor incondicional.
Cómo el más esencial secreto, de esos que se guardan, no en una cajita de cristal, 
sino en la carne, 
en los pies,
en las entrañas y en los recuerdos. 

Regalarse intimidad y silencio, para poder vivir,
atravesar,
crecer,
crear y jugar, 
en la hostil humanidad que nos habita desde el llanto primero, que nos da el respirar. 

Regalarse calma y cuidado, porque sin caricias no hay verdad, y sin verdad no hay real sentimiento. 

Regalarse dulces aguas saladas que recorran todo el cuerpo, que se escurran entre la tierra reseca, haciendo rebrotar semillas abandonadas por el miedo. 

Regalarse el alimento más nutritivo 
que ha de ser la lluvia primera, 
después de los meses de sequía... 
La tan ansiada lluvia primera, 
pero sin neurosis, 
sino naciente de la paciencia, 
del gestar paciencia...

Regalarse vida entre tanta muerte. 
Regalarse amor entre tanto miedo. 
Regalarse tiempo entre tan frenética existencia. 

Regalarse, a una misma, un pedacito de nuestra propia alma.

domingo, 28 de junio de 2020

36:00 / 39:29

Blanco y Negro

De las barricadas al ánima,
de las engorrosas búsquedas internas por un gramo de inspiración,
implora vida.
Alumbra, a medias, un platillo de incómodas luces hospitalarias.
Los sesos tiemblan, la mirada se desvela como perdida en un lenguaje tan extraño...
implora vida.
Resuena en el aire invernal, las cuerdas de cientos de guitarras en una sola. De cientos de personas, en una sola.
Implora vida.
Sombras circulares se espejan en la madera curtida y brillante. ¿Dé que árbol, se ha hecho esta casa?
Se lo imagina, a tientas, entre las informaciones codificadas por saberes mundanos.
Implora vida.
¿Será ésta, la soledad madrugadora, la única verdad? La magnificente verdad...
¿Cuál es la incesante necedad de ser reconocida, vista, realmente vista, aunque sea solo por un pequeño escape de la realidad?
Música del sin tiempo, ¿Por cuántos rincones se te ha buscado?
¿Dónde se esconde, cobarde, tu descendencia? Aquella capaz de reescribir la historia pisoteada por los aún más cobardes...
Implora vida.

La carne danza sola, si se le permite. De sí, se origina un destello de luz entre la densa oscuridad, cómo un cúmulo de lejanas estrellas, suaves, cálidas, vivas en sí mismas.
No existe cultura, aún, que pinte colores, que delimite técnica, a esa independiente danza.

Fríos humanos han buscado insaciable mente al ánima.
¿Cómo es su forma?
¿Dónde se aloja?
¿Cómo se ve?
Ella danza
e implora nada más que vida.

La danza de la tierra,
del mundo,
es el ánima viva.

"Manténgase secreta", susurra un cobarde.
"Que solo los benévolos puedan encontrarla", adhiere otro...
Hablan desde el miedo, con razón, con recelo...

El ánima carece de miedo.
Confía en la vida.

lunes, 15 de junio de 2020

Regeneración de un ave dormida

¿Cómo son tus alas ahora? 
¿Quizá aún aguardan, latentes, bajo tu piel?
¿O acaso son frescas, esplendorosas y cuidadas? 
¿Han brotado, una por una, las plumas que, en conjunto, te permitirán el grandioso vuelo?.

Yo me las he arrancado...
como lo hacen las aves grandes.

En lo alto de la montaña,
me aislé en la cueva más inóspita y oscura que encontré.
Lloré por adelantado mi muerte desolada, pues sabía que vendría.
No hubo ángeles, ni demonios, ni juicio. Tampoco redención, siquiera esperanza.

Una noche, el cielo que hasta entonces había sido calmo y silencioso, comenzó a condensarse.
Gigantes nubarrones contenían en su interior, la furia de las estrellas.
Vibraba entonces la tierra al recibir la electricidad, y retumbaba en la piedra de la cueva como si la tormenta hubiera nacido ahí mismo. Tal vez así lo era...

Cayó la primer gota de agua y entonces lo supe: La Muerte se estaba anunciando.
No hubo trompetas, ni carruajes, no llegó cual reina.
Cerré los ojos, entregada al encuentro, respiré, y los abrí.

El terror me paralizó y el universo desapareció.
Lo único que podía percibir era lo gélido de la cueva, y el vacío infinito de sus ojos.
La Muerte no era un esqueleto, ni tenía hoz, ni túnica. Tampoco era una sombra amorfa, sino todo lo contrario.
Frente a mis ojos, estaba yo misma. Con la carne viva pero con la mirada muerta. No tenía boca, ni orejas. Tampoco sueños ni sentimientos.
Solo la condenante certeza de saberme muerta, en ella y eventualmente, ante ella.
Pues el tiempo es una construcción extraña... porque al verla, pude reconocerme en el pasado, pude entender que sería el futuro y que, con claridad, estaba siendo esa reunión, el presente.
¿Qué es entonces la vida, sino más que un conjunto de ciclos, del que buscamos ordenarlo linealmente? Por más absurdo que suene ese orden...
¿Cuántas veces había muerto antes de este fatal encuentro?
La Muerte se encargó de mostrarme cada una de ellas.

El terror se transformó en la nada misma, pues al verme como La Muerte, al reconocerme como tal, no existía nada más en este mundo que pudiera ser tan horripilante y conocido como esa imagen. Y tampoco podía escaparme...

Nos miramos, ella y yo, durante algún tiempo.
Una parte desesperada, aferrada a la vida.
La otra parte inmutable, desconcertantemente tranquila.
No era esto una guerra, sino el desafío del espejo.

El silencio se transformó en el lenguaje. En mi interior fuí recibiendo las consignas. Primero, golpearía contra las piedras mi pico, hasta que se caiga por completo. Luego, arrancaría mis uñas y mis plumas. Y al finalizar todo el proceso, se develaria mi supervivencia.
No pataleé ni lloré. Siquiera pregunté por qué debía de cumplir con esas tareas tan salvajes.

Comencé por mi pico. A cada golpe, retumbaba en mi mente cada palabra asesina que había vociferado. A cada golpe, un grito de mi corazón herido por las palabras de mis hermanxs. Me golpeé contra la milenaria piedra hasta que hube por completo perdido mi pico.
En el tiempo que tardó en regenerarse, pude meditar sobre la comunicación entre todos los seres que habitan los océanos, los cielos y la tierra.

Con mi pico nuevo, continúe por arrancarme las uñas. La curvatura y fragilidad que habían adquirido me habían vuelto inútil. Todas las presas que había conseguido, me habían alimentado, pero ahora no tenía nada.
En el tiempo que tardaron en salirme las uñas, pude meditar sobre las ilusorias conquistas y el apego parasitário que se retroalimenta.

Lo próximo sería arrancarme las plumas, y hasta entonces, no había puesto oposición al proceso. No quería limpiarme de mis plumas. Me habían llevado por tan magníficos lugares, me habían dado calma en los aires...
Entonces La Muerte, que me había acompañado con su invariable comportamiento, desapareció.
Y ahí quedé yo, mitad muerta, mitad viva.
Mis plumas, viejas y pesadas, aún seguían dándome abrigo. Y tenía mis recuerdos, mis más bonitos recuerdos de libertad. Ya no me importaba morir, mucho menos vivir, pues ya había vivido... mis memorias lo demostraban. Desde lo alto, aún podía seguir viendo el hermoso valle que era mi hogar.
Aferrada a mis alas, cada vez más débil, comencé a delirar. Me estaba dejando morir, y entonces me percaté de que estaba sola, absolutamente sola. Ni siquiera La Muerte se había quedado, yo misma me había abandonado...
Con mis últimos alientos, estiré mis brazos y observé mis enormes plumas. Aún no había muerto, y ya me había desligado de mis palabras y mis garras, no podía morir así, cobarde, ante el engaño de los residuos de libertad. Entonces arranque mis plumas, hasta que mi piel quedó llena de agujeros.
Creí  que moriría de frío, que nunca volvería a volar, ni a sentir la frescura del agua, ni el calor del sol.
En sueños, rememoraba mi vuelo, mis danzas con el viento.

Un día, al despertar, noté las incipientes plumas nuevas. Esparcí sobre mi piel palabras de aliento. Reí suave, con la gratitud de recibir el nuevo día. Entonces, en el fondo de mi mente, se coló una sensación conocida.

La Muerte decía: "Bienvenida".



A las aves grandes, el proceso completo les lleva unos cinco meses. Yo voy por el décimo. Aún no he vuelto a volar.
Aún...

lunes, 8 de junio de 2020

Quiero escabullirme al silencio de la tierra.
Donde no hay hambre, engaños ni guerras.
Donde no hay canibalismo del espíritu ni corre inocente sangre por ordenanzas siniestras.
Donde ningún ser vale por encima de otro, donde el conjunto equilibra la existencia.
Donde el bien y el mal no lo decreta nadie.
Donde la ética y la moral nunca hayan surgido,
que de lo que llaman salvajismo, aprenda que es naturaleza.
Donde los que no tienen depredadores, no se abusan, porque vivir en lo alto implica alimentarse de carroña. O ser grande, rápido y fuerte, implica soledad, caminatas largas y cazar con exito solo una vez por semana, con suerte.
Donde sobrevivir y perpetuar la especie, sea por mandato divino pero sobre todo terrenal, porque cada una de las semillas tienen una misión especial.
Donde, desde los más pequeños hasta los gigantes, desde los casi imperceptibles hasta los conocidos, tienen un objetivo en común, y solo uno: ser.
Y ser no conlleva establecer la supremacía del propio ser. Sino simplemente ser, aunque unos se coman a otros, aunque unos parasiten a otros, que al final se respira el mismo aire y se bebe el mismo río, que eventualmente se unirá al océano.
Que el orden (y la cadena) no es más que un ciclo, que un círculo, que una espiral.
Ningún animal se nutre de los de su misma especie, y si en algún caso lo hacen, es por la causa mayor. Todos los espíritus reconocen su chispa en el fuego universal...

La humanidad me duele, por eso quisiera transformarme en el crujir de las ramas o en una semilla esparcida por la brisa. Pero no me ha tocado, y percibo mi chispa, la siento en lo profundo de mi corazón.
No puedo, consciente o inconscientemente, separarme de la especie. (Al menos no por un largo rato).
Entonces observo. Me confundo, me enojo, me pierdo.
Entonces observo, y creo creer, que la naturaleza del ser humana es el asombro.
La capacidad mental, la razón, es como sostener el cuchillo del lado del filo. Quizás aquello que las grandes mentes han establecido como la evolución ante las otras especies, solo sea nuestra propia fosa. ¿Quién no se ha acribillado a si mismo con sus pensamientos?. Quizás solo sea nuestra propia condena y por ende, nuestro más fatal desafío, por el que como animales no animales hemos de luchar por sobrevivir...
La oportunidad de observar, y solo observar, nos ha comenzado a asfixiar por dentro.
El observar y entender, nos ha dado ideas. Y las ideas, acciones.
¿De dónde nace la idea de que, realmente, podemos conquistar?
Dudo de que una hormiga no tenga consciencia de si misma y del todo que la rodea, es más creo que lo comprende aún mejor que yo misma... Pero la hormiga, supongo, no debe estar queriendo transformarse en humana o en piedra.
Detrás del ser está el ansiado saber que solo aparece cuando no existe el deseo de saber, porque es el deseo el que nubla el corazón.
Mi corazón late, mi útero late. La tierra también.

Asombrarse no es de ilusos. Las experiencias más maravillosas que he vivido han sido gracias a la naturaleza. Amo infinitamente comprender mi tamaño y mi tiempo ante la observación de toda manifestación de la tierra.
La experiencia más cercana a ésta ha sido ver a los ojos a otrx ser humanx.
El asombro es como el silencio de la tierra, siempre estará sonando algo, un aleteo, un viento, una vibración... el único silencio entonces, es el de la mente, que encuentra su verdadero espacio. Y del asombro, nacerá la creación en sí misma. Que la humanidad deje su huella tranquila: Es el arte quien perpetuará, no la especie, sino la vida.
El asombro no significa para mí griterío, ni sustos. Sino ese repentino aire que infla el pecho y que se expande ante lo observado, haciéndose uno.
El asombro es esa chispa del fuego universal, que nos libera de la incandescencia de las llamas conjuntas, a través del aire, hacia la negrura de la noche. Es salirse de las sombras que, apabullantes, nos rodean pero no nos encierran.
Es vital reconectar con la tierra. Observar ya no para sobrevivir, siquiera para vivir (y mucho menos dominar) sino para ser con el ciclo evolutivo natural.

viernes, 5 de junio de 2020

Nací en luna llena

Bajo mi luna, el mundo se divide en siete trenzas.
Cae el pelo,
las lágrimas
y las penas de una, y solo una, de todas las experiencias humanas sobre esta tierra.
Fluyen los ríos, y fluye la sangre mientras que las semillas se entierran aguardando su lugar, sus nutrientes y su recompensa.

Ay... ¿qué serán de estos tiempos tan absurdos?
¿Qué serán de todos los sueños?
¿Tú ya has abandonado los tuyos?

Yo les he puesto en pausa, se los regalo al futuro, como sea que tenga que venir...
Porque eventualmente, ha de venir.
Y mientras tanto, sangro.
Limpio.
Y respiro
este sol de otoño, esta luna casi llena.

°°°

Tres días después,
ahora eclipsando,
sueño con las espinas clavadas.
La piel se muestra limpia, cicatrizada
pero aún sé los puntos exactos dónde se clavaron, una memoria extraña.
Y sé cuánto dolió, cuánto sangró.
Aún sigo sangrando, gracias a la Diosa.

Tres días de sangre.
Una loba bella rodea mi casa,
un gato negro duerme en mi techo.
Mis sábanas son rojas, no temo traspasarlas. Al contrario, me enrosco en ellas.
Dejando de buscar un abrazo protector en medio del frío,
me abrazo,
me beso,
me hago el amor.

Le susurro a mi dedo índice un conjuro.
Recorro mi cuerpa entera con mi dedo, y en aquellos puntos dónde las espinas se han clavado por siempre
freno,
acaricio,
dibujando una espiral me protejo
y continúo.

Al eclipse me suelto con confianza,
con alegría.
Mis guerras son solo mías y mi paz también.
Cuán poco sabemos de las guerras ajenas. ¡Cuán poco!
Ojalá me recuerde esa premisa constantemente...
Por mí y por todxs.

Gracias.

domingo, 10 de mayo de 2020

Yo quiero a mi lado una persona que quiera salir de viaje de vez en cuando,
más de vez que de en cuando...
que disfrute de amaneceres lentos, largos, en silencio
de atardeceres vibrantes y mágicos, de esos que a cada segundo van cambiando.

Una persona que le regale poesías al instante, al viento, al beso
de esas que no hace falta escribirlas
por qué así son
únicas, sinceras, vivas.

Que por telepatía
se ponga una pava
con solo percibir el momento del día.
Que al aprontarle un mate
amargo y con espumita
No se me ría cuando le que cuente que mi abuela decía
que cuando la yerba así se ponía, es porque iba a llover...
que no me lo discuta, ni busque fuentes, que entienda la dulzura
del boca en boca.

Que no se asuste cuando chasquee los dedos,
cuando le pida permiso al fuego
y cuando le susurre rezos a un yuyo.
Cuando le cante humos a la casita o desaparezca al segundo día de mi lunita.
Que haga sus propios rituales y sus magias cotidianas. Que tenga secretitos de cocina y no me los diga, para que sigan siendo suyos y de los suyos...
que desvelemos a la luna llena con nuestras charlas, recuerdos y deseos.

Que cuando me ponga a bailar, baile conmigo
si así lo quiere...
O que baile consigo, y nos podamos sonreír con los ojos
y reír a carcajadas
de inventar un nuevo mundo solo con nuestras danzas.

Que cuando se meta en lo profundo de su ser
se abrace
se mime
y se ame.
Y cuando no pueda
que llore y patalee si hace falta,
que se vacíe por completo, que no sienta nada
para volver a sentir la esencia, la calma del alma, el sabor a casa.
Que sepa que aquí le espero con el corazón latiendo y los brazos abiertos.

Una persona que me cuente cuentos que su propia mente creó
y que no me hable de libros
y mucho menos de Don Juan
a menos que me haga un paralelismo con una vivencia, una emoción, un sueño o una visión.

Que me pueda hablar, cara a cara
corazón a corazón
ego a ego
alma a alma.
Que no se nos entremezclen...
pero que pueda hablarme.
Que me hable con amor, así le puedo entender...
y cuando no, que se banque mi ego dolido, mi niña interna pinchada, o la erupción volcánica de mis palabras. Que me conozca tanto, que sepa que no soy solo eso.
Que soy también el abrazo,
las caricias.
Que soy el perdón y el error, que estamos aprendiendo, que nadie nos enseñó a amar...
Que nadie nos enseñó a amarnos, y aún así, acá estamos
desbordandonos de todo
y qué abundancia más sagrada...
de silencios y respiraciones,
de escalofríos calientes
de imantaciones inexplicables
de besos conocidos, reencontrados
de lenguajes propios, inaudibles e inentendibles para quien se atreva a espiar
de cuerpos siendo cuerpos, cuerpas, canales
a un plano desconocido, a un universo infinito, inexplorado.
de amor haciéndose amor.

Yo quiero a mi lado una persona que quiera caminar conmigo, que no me lleve por delante, ni me tire para atrás.
Que si es necesario frenar, frenemos.
Que si es preciso abrir caminos, abrirlos.
Que si tenemos miedo, tengamos aún más amor.

Una persona que quiera, pero no del poseer, sino de afilar la voluntad, y de entender que el camino, como dicen por ahí, solo se hace al andar.

martes, 18 de febrero de 2020

Los misterios del fuego



¿Será este camino, el principal karma?
¿Levantar la antorcha para iluminar el fuego de sus cuerpos anímicos?

Cualquier reto es, de inmediato, resistir.
Es eliminar Las Tres Montañas: hábitos mecánicos, preconceptos y prejuicios.
Nada menos...

A cada edad corresponde una revolución, pues en el fondo, cuando uno trabaja por convertirse en un templo, la lucha sexual juega un gran papel.

Aquel que nos mira,
descubre que la libertad se integra, se fusiona con la guerra.
El sentimiento rancio y torpe reacciona violentamente, apropiándose de sus principios.

Debemos empezar por, sencillamente, estudiarnos en el pensar.
Muy hondo, muy profundo...
Debemos llegar a sentir, de verdad.
Adquirir un poquito de deleite al ponernos en contacto con el aire.
A crear, a dar nobleza sobre la faz de la tierra.
(Vale la magia)

Mimarte... desenvuelta, despierta
es desembotellar una fracción del alma humana.

Y si nos abrimos, estamos vivos.

miércoles, 12 de febrero de 2020

Ciempiés

Ya no tengo mis pies de ciudad. Los dejé en alguna plataforma de la estación de ómnibus de Retiro, entre la 21 y la 52, si no flasheo. De esto ya han pasado, sorpresivamente, dos años, dos meses y siete días. Aunque me parecen más, como toda una vida.
Los dejé en buen estado, caminados por mucho terreno de la gran city. Mucho cemento y en toda mí gran posibilidad, mucho pasto. Pues mucho también busqué esos espacios.
En parte, han caminado bastante por inercia y por mandato, pero se bicicletearon bastante más por amor y libertad.
Los nuevos pies que en ese momento tuve el placer de estrenar, se viajaron hasta las sierras que desde los 11 años sentí como hogar, aunque no lo hubiera recordado por destino o casualidad hasta los 17 años. Entonces, con mis 21 recién cumplidos fue el mejor regalo que me pude dar. Duraderos y curtidos, se caminaron éstas sierras y muchas más.
Montes frondosos con apariencia de secos, más latentes de tanta vida. Tierras rojas de arcillas madres e hijas.
Absorbieron las memorias de cementerios indígenas. Nieves inesperadas entre rosales a la vera de un enorme lago oceánico. Ciudades colonizadoras de territorios sagrados y ancestrales. Bosques de eucaliptos. Rutas de maíz y ríos verdes cristalinos. Malecones fríos, grises y con un sol inverso. Villas calentitas con aroma a comida casera con el alma de mí abuela. Selvas calurosas, densas y bendecidas con árboles de coca silvestres. Barros, muchísimos barros.
Se han lavado en ríos alucinantes y en mares hasta entonces desconocidos.
Y han hecho el mismo camino, de vuelta hacia la ciudad. Han intentado caminar por esos lares pero de alguna u otra manera, los recuerdos del movimiento continuo hacían demasiada presencia. No eran los mismos pies citadinos, no podía pedirles que se acostumbraran a otra naturaleza. Y aunque doy fé que así lo hice, no pude contenerlos y aquí estamos nuevamente en las mismas sierras.
Ahora mis pies, mis pies... Tienen marcas. Se lastiman solo cuando me debo poner zapatos, literalmente. Tienen otra piel que asegura que si una espina intrusa tiene ganas de hacerse parte de mí cuero, no podrá entrar lo suficiente.
Tengo garras y pelos, solo para hacer de mí camino más sincero.
Andan desnudos la mayoría del tiempo, (salvo cuando mí luna baja, para que mí útero no sé enfríe) sintiendo el suelo. La humedad, el pasto o el yuyo, el camino de las hormigas, las piedras calientes, el agua cristalina, las danzas y sus epifanías. La tierra fresquita después de lo llovido. Las vibraciones...

No sé que hubiera pasado de mí sino hubiera dejado mis viejos pies en la terminal y tampoco es importante. Mis pies de ahora me pueden llevar a dónde sea que lo sienta, mientras lo sienta. Gracias.

Locamente me imagino una terminal de pieses. 
De ciempiéses. 
De sí, de que empieces
De siempreses.
De siembreses.
Ja! 

miércoles, 29 de enero de 2020

Tai Pichin

"Es impagable", pensé esta mañana mientras desayunaba.
Despertarme con la tormenta vibrando la tierra  y volverme a dormir mientras escuchaba cómo caía cada vez más agua.
Entre la vigilia y el sueño, le pedí a los cielos que se lloviera la vida, que a la pacha le viene bien.
Qué en el monte de enfrente hubo un incendio, que le haga un mimo.
Que le dé tiempo a la tierra para absorber, que ayer las higueras estaban pachuchas.
Que se quede, que acá el agua es siempre bienvenida. Que pase, se ponga cómoda. El mate estará más que contento con su llegada.
Hubiera podido quedarme todo el día en ese estado de consciencia intermedio, pero agradecí haberme levantado en el segundo en que salí y respiré monte llovido. Aire puro. Aguas claras.
Mate, lluvia y monte. Viento, silencio, un relinche.
Al sureste, trueno. Al noroeste, clareo.
Tengo la imagen grabada de cómo acá, el cielo gira... Las lluvias pasan, pero a veces no entran.
Y luego dudo si es sureste y noroeste... Porque acá, para mí, las direcciones siempre se dieron vuelta. Todo lo que no era, es. Todo lo que era, ya no lo es tanto. Pasa también que acá la tierra es muy fértil. Las gentes se sienten libres, se vayan o queden, estén un día o toda su vida. Acá se siente que se puede, y si no se puede, se suelta y suceden inmediatamente giros direccionales.
Acá siempre vuelvo. A veces más, a veces menos. Como las lluvias.

jueves, 16 de enero de 2020

Run Run

Vieja alma paga los platos rotos,
letargo inhóspito, enmudecido.
Los soles carcomen mentalidades enroscadas.
Las lunas se adueñan de sueños vacíos.
Robótica carne en movimiento, sonrisas de contrariedad.
Los ojos nunca (nunca) mienten. Se escapan, se velan, pero no engañan. (no pueden).
Esfuerzo en pos del merecimiento,
esperanzas en súplicas al
entardecer oceánico, cansado, mezclado y confundido. Calmo, rendido, suave, presente.
Ideales burdos, bruscos, brutos, brunos.
Parasitosis nostálgica.
Sororidad inexistente, detestada. Falsa.
Desconocimiento de causa, de efecto.
Incertidumbre. (La de la vela en el entierro).
Miedos jueces, iracundos y fecundos.
Fáciles de escuchar. Pues gritan, aconsejan, analizan, adormecen, adornan, debaten, deciden, convencen, proyectan, exteriorizan, murmuran, se infiltran.
Parasitosis nerviosa.
Las horas, esclavizan.
Los compromisos, mantienen y valoran las palabras pero también encierran impulsos.
Las imágenes, asquean.
Las energías, se mezclan.
Las letras, saquean... Minutos.
El cansancio se empodera, se apodera, y la fortaleza (la fuerza de la sutileza) preponderante, prohíbe penas.
Las machaca, las machuca, las chamusca. Las exprime hasta la última gota de flujo blanquecino cayendo sobre las flores del amor, de la relajación, del aroma corazón, del cogollo naciente en la frente.
La Sábila, merma, alivia. La piel enrojecida le suspira, le susurra: "bruja divina". Se entrega entonces (la piel) al cuidado primero, único, verdadero.
El corazón nomás sigue latiendo.
La mente, agotada, se libera.
El espíritu le muestra que ya no es necesario hacer. Pues se es. A la ligera, en quinta o en primera se avanza. Se abalanza la careta, "por el bien común"... el ego se bufa, se burla, se prende. Entra en erupción por dos larguísimos segundos. Se pincha como un globo. ¿Y la careta? ¿Qué es la careta? ¿O es la careta esa, la cara de la tolerancia, de la paciencia?. Del amor. ¿Y los límites? ¿Lo incondicional, existe?.
El ventilador bosteza. Se aburre pero entiende. Es un tipo considerado.
La consideración flaquea.
Aquí todos saben, pero nadie habla. En lo común, en lo social, en el día a día, ninguno se anima. Todos simulan paz. Y está todo mal, está podrido, con resaca. Las palabras ebrias sacan de quicio a las limitaciones del tiempo, del espacio, de los medios. De los segundos previos al abrazo, enroscado, de gusano, de adn, de más allá de todo.
Lo "real"... molesta. Pero se acepta. Se mira cara a cara, o mejor... Ojo a ojo. Y después de mirar, se ve. Y después de ver...

En mi letargo, una taza de café es un oasis. No estoy sola. Junto a ellas buscamos una cafetería. Entre árboles, se esconden unas escaleras ...